ARCHIVOS DE ITAMARATY REVISADOS POR CIPER:
El plan secreto de Pinochet y la dictadura de Brasil para desembarcar en la Antártica y contener a Argentina en los mares australes
09.09.2026
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ARCHIVOS DE ITAMARATY REVISADOS POR CIPER:
09.09.2026
Las dictaduras de Chile y Brasil abrieron en 1981 un canal reservado de cooperación para enfrentar la influencia que pretendía Argentina en la zona antártica. Santiago ofreció información confidencial a Brasil fuera de los mecanismos formales del Tratado Antártico. La colaboración pasó luego al terreno, con la visita de un agregado naval brasileño a bases chilenas en ese continente. La Guerra de las Malvinas, en 1982, generó incertidumbre, pero su desenlace aceleró el ingreso brasileño a la actividad antártica. De hecho, a fines de ese mismo año, Chile y Brasil colaboraron en torno a un proyecto científico que investigaba cómo debía ser el desembarco del “hombre tropical” en ese territorio.
Créditos imagen de portada: Ministerio de Relaciones Exteriores.
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Las dictaduras de Brasil y Chile iniciaron en 1981 un esfuerzo secreto para contrarrestar la influencia de Argentina en la Antártica y los mares australes, justamente en la antesala de la Guerra de las Malvinas. Así lo demuestran 912 páginas de cables “secretos” y “urgentísimos” elaborados por la diplomacia brasileña. Estos documentos fueron obtenidos en 2014 en los registros de Itamaraty, la sede central del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, y ahora CIPER pudo revisarlos de manera sistemática.
Dentro de estos archivos, los primeros registros sobre el conflicto geopolítico antártico entre las dictaduras de Argentina, Brasil y Chile están consignados en un cable microfilmado de 1980, elaborado por la embajada brasileña en Buenos Aires. En ese documento se discuten los alcances de un acuerdo pesquero para los mares australes entre Brasil y la Unión Soviética.
Pero recién en 1981 la propuesta del dictador Augusto Pinochet para acercar a Brasil a las operaciones antárticas cobró fuerza. La propuesta se realizó en el contexto del conflicto limítrofe en el canal Beagle que había llevado al borde de la guerra a Chile y Argentina en 1978. Esa crisis recién se resolvió en 1984, con la firma del Tratado de Paz y Amistad, fruto de la mediación del Estado Vaticano. Fue en ese escenario que el dictador chileno intentó contener la influencia que Argentina pretendía ejercer en los mares australes, despertando el interés de Brasil por activar su propio protagonismo en la zona.
En agosto de 1981, el director general de política exterior de Chile, Fernando Zegers, convocó a los representantes de Brasil en Santiago bajo reserva, para informarles que la dictadura chilena había propuesto a los países integrantes del Tratado Antártico otorgar mayores prerrogativas a las naciones firmantes que carecían de estatus de miembros de consulta, como Brasil.
Debido al rechazo de la diplomacia argentina a esta iniciativa, Zegers propuso a los diplomáticos brasileños que sus países abrieran un canal de comunicación confidencial para el intercambio de documentos e información reservada sobre el tema que estuviera por fuera de los mecanismos formales del Tratado Antártico (ver documento). La intención de Santiago consistía en alinear las posiciones de Chile y Brasil para contener las aspiraciones de Argentina en la zona.
Brasil, como muestran los documentos revisados por CIPER, aceptó mantener estos contactos bajo cuerda y recibir así información desde Santiago, pero instruyó a sus diplomáticos a evitar la apariencia de un «emprendimiento conjunto» con Chile. El objetivo de esta medida era no generar fricciones con Argentina, país con el que Brasil terminaba de resolver disputas hidroeléctricas en la Cuenca del Plata, además de sellar un acuerdo de cooperación nuclear.

Palacio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Créditos: Francisco Domingo / Pixabay / Canva).
Sin embargo, a fines de 1981, los cables brasileños destacan una conversación informal durante un almuerzo con el general Javier Lopetegui de la Fuerza Aérea de Chile, que marcó el inicio de otra etapa en la relación chileno-brasileña en el tema antártico. El diálogo abordó la organización de expediciones de la FACH al continente austral, que incluían labores de aerofotogrametría y magnetometría, cuyo objetivo era iniciar estudios preliminares sobre la existencia de posibles yacimientos de petróleo en esos territorios (ver documento).
Como lo deseaba Santiago, en enero de 1982, solo tres meses antes de que estallara la Guerra de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra, la cooperación entre Brasil y Chile pasó del mero traspaso de documentos reservados a la cooperación en terreno. Ese mes, Chile invitó al agregado naval de Brasil, el capitán de mar y guerra Ivaldo Carvalho dos Santos, a visitar la Antártica a bordo del buque de la Armada Piloto Pardo. La travesía consideró recorrer las instalaciones de las bases Teniente Marsh, Arturo Prat y Bernardo O’Higgins (ver documento).
Tras el viaje y los reportes de Carvalho dos Santos, la embajada brasileña en Santiago emitió un cable secreto a Itamaraty, en el que informó que las operaciones de reabastecimiento chilenas en la Antártica se realizaban solo durante los meses de verano. El documento añadió que Chile carecía de rompehielos y que, para realizar estas excursiones navales, contaba con barcos que poseían solo cascos reforzados, lo que limitaba su capacidad de navegación (ver documento).
Estos detalles de inteligencia fueron luego recogidos en la planificación del Programa Antártico Brasileño (PROANTAR) y considerados para la compra del buque brasileño Barão de Teffé, que fue destinado a navegar hacia la zona austral.
Sin embargo, el estallido de la Guerra de las Malvinas en abril de 1982 puso un paréntesis en estas operaciones. Los cables diplomáticos reflejan la preocupación que existía en la diplomacia brasileña respecto al impacto del conflicto en el sistema antártico. La prensa de ese país debatió, incluso, la posibilidad de que la guerra obstaculizara el reconocimiento de Brasil como miembro consultivo del Tratado Antártico.
La victoria de Inglaterra en el conflicto despejó estas dudas y aceleró el desembarco de Brasil en la Antártica, en colaboración con Chile.

Base Antártica del Ejército chileno en la actualidad (Créditos: Ejército de Chile).
Entre los días 30 de agosto y 4 de septiembre de 1982, el Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo organizó un seminario sobre la Antártica, al que asistió el director del Instituto Antártico Chileno, Pedro Romero Julio. En el evento, la profesora Jane Pereyron, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, presentó el proyecto «Comportamiento del Hombre Tropical en la Antártica», apoyado por la marina de Brasil, el que fue desarrollado con el apoyo de Chile en los meses siguientes.
La materialización de esta cooperación ocurrió a finales de 1982, con la última fase de la preparación para la Primera Expedición Brasileña a la Antártida. La Comisión Interministerial de Recursos para el Mar (CIRM) de Brasil coordinó el envío de los investigadores. El plan requería, eso sí, el traslado previo de la investigadora Jane Pereyron Mocellin a la base Teniente Marsh en noviembre de 1982, utilizando vuelos de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), para permanecer allí hasta la llegada del navío brasileño en diciembre con el resto del equipo.
Sin embargo, esa cooperación no estuvo exenta de complicaciones, debido a que el enlace de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), el coronel Fernando Rocca, informó que su institución no tenía interés en trabajar con la científica, debido a “antecedentes negativos” surgidos de un viaje anterior de ella a la base Teniente Marsh, los cuales no fueron especificados en los cables a los que accedió CIPER (ver documento). Sin embargo, el apoyo de la diplomacia brasileña obligó a la FACH a cambiar su postura.
El Programa Antártico Brasileño (PROANTAR) lanzó a Brasil al continente blanco mediante una serie de expediciones pioneras de verano, llamadas Operaciones Antárticas (OPERANTAR). Estas misiones permitieron el establecimiento de una base científica permanente en 1984 y otorgaron a Brasil el estatus de miembro consultivo del Tratado Antártico.