Granjas de bots y la extrema derecha
30.08.2026
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30.08.2026
El autor de esta columna sostiene que el caso de Fernando Cerimedo y su granja de bots en Bolivia no es un hecho aislado, sino una pieza clave para responder si el gobierno de José Antonio Kast es de extrema derecha. A partir de los vínculos con la Secom, la Ley de Reconstrucción, la reforma constitucional y los recortes a las Ciencias Sociales, concluye que la respuesta es sí. Concluye que “Kast siempre dijo que la verdadera derecha era la que defendía el legado de Pinochet; lo que ha cambiado es que han entendido el valor de internet y de la desinformación para llegar al poder”.
Imagen de portada: creada por IA
Esta última semana estuvo marcada mediáticamente por dos hechos: la detención de Fernando Cerimedo en Bolivia y el hallazgo de una granja de bots en su domicilio en Santa Cruz de la Sierra. El segundo fue la discusión sobre si el gobierno es de extrema derecha, a raíz de su proyecto de cambio constitucional. Acá argumentaré por qué ambas cosas están entrelazadas.
Fernando Cerimedo fue denunciado por su expareja, la abogada Nadia Beller, quien fue víctima de un intento de asesinato perpetrado por dos sicarios. Las declaraciones contra Cerimedo fueron realizadas desde el hospital donde Beller se recupera, en Santa Cruz de la Sierra.
Cerimedo es señalado como un operador en las sombras de estrategias de desinformación, difusión de bulos y generación de sobrerreacciones en redes sociales. Ha sido cercano al presidente Rodrigo Paz en Bolivia, aliado de Milei en Argentina, colaborador de los Bolsonaro en Brasil y vinculado a la campaña del Rechazo durante el plebiscito de 2021 en Chile.
Su vínculo con el presidente Kast sería a través del director de la Secretaría de Comunicaciones (SECOM), Felipe Costabal. No se conoce una relación directa entre la campaña de José Antonio Kast y las empresas de Cerimedo, pero existen cuestionamientos a Costabal por haber trabajado con él en Casa Común, organización por el Rechazo fundada por empresarios de derecha. Durante la campaña presidencial de 2025, la candidata Evelyn Matthei sostuvo que podría existir una conexión entre la candidatura de Kast y las empresas de Cerimedo, a raíz de la aparición recurrente de bots que difundieron desinformación en su contra.
La policía boliviana allanó el domicilio de Cerimedo y encontró US$40 mil en efectivo, por lo que también es investigado por enriquecimiento ilícito. Además, halló una granja de bots: numerosos celulares conectados a un computador y programados para ejecutar tareas específicas en redes sociales.
Estas estructuras permiten amplificar contenidos dañinos para los adversarios políticos. La estrategia es sencilla y perversa: desinformación y noticias falsas. Las extremas derechas de distintos países han recurrido intensamente a bulos, mentiras, medias verdades y bots para captar la atención y alterar las percepciones. Su financiamiento, además, suele ser opaco.
Existen redes que vinculan a think tanks, empresarios y magnates de Silicon Valley, cuestión investigada por la periodista argentina Soledad Vallejos y que revela la importancia de atender las conexiones internacionales de las extremas derechas. Ahora bien, la conexión de esta noticia con la discusión sobre si el gobierno encabezado por José Antonio Kast es de extrema derecha o no se determina por la estrategia común de este sector a nivel internacional.
Kast lleva décadas en la política nacional. Desde joven defendió al dictador Augusto Pinochet y el supuesto legado de la Dictadura. Sin embargo, llegó al poder luego de una campaña en la que evitó sus temas habituales. No fue necesariamente una señal de moderación, sino un cambio de estrategia: callar aquello que incomoda.
Durante años, Kast sostuvo que la derecha transicional era una “derechita cobarde”, incapaz de defender la Dictadura y los valores tradicionales. Entonces, José Antonio Kast siempre fue un extremista, alguien que no se quería acomodar a los nuevos tiempos, que no se allanó a moderar su discurso ni sus posturas.
Evidentemente, un gobierno no debe ser juzgado solo a la luz del pensamiento pasado y de las declaraciones antiguas del primer mandatario, pero sí hay indicios de ese extremismo en estos primeros meses. La llamada Ley de Reconstrucción es uno de ellos: en realidad, se trata de una ley miscelánea que abarca diversos temas, entre ellos una reforma tributaria encubierta. La estrategia es conocida; ya la practicaron Milei en Argentina y Trump en Estados Unidos: saturar la agenda legislativa y la opinión pública. Steve Bannon, ideólogo del trumpismo, la denominó “Inundar la Zona”.
Otro indicio es la reforma constitucional impulsada por el Gobierno, que otorgaría amplias facultades al Presidente para declarar un Estado de Excepción, incluso con la posibilidad de sortear a los demás poderes del Estado y detener ciudadanos sin orden judicial.
A esto se suma el ataque directo a las Ciencias Sociales y las Humanidades, reflejado en los recortes presupuestarios del Ministerio de Ciencias en programas de becas y Fondecyt. El propio Presidente ha manifestado en distintas ocasiones cierto desdén por estas disciplinas. No es novedad, ya que Sebastián Edwards, reconocido economista chileno en Estados Unidos, también expresó en una entrevista hace meses su desprecio por ellas.
Es una postura que parece extenderse en una época en que la prioridad es hacer dinero rápidamente y la especulación intelectual, el pensamiento crítico y las ideas son considerados inútiles. Sin embargo, se olvida que todos estos elementos, incluso el ocio, son esenciales para crear valor, tanto económico como social. Sin las humanidades, las sociedades no avanzan.
Como dice el filósofo estadounidense Jason Stanley en referencia a las estrategias de carácter extremista: “Cuando la educación, los conocimientos especializados o las distinciones lingüísticas se menosprecian, lo único que queda es el poder y la identidad tribal. Los ataques que lanza la derecha dejan bien clara su intención de controlar cuáles son las líneas de investigación aceptables”. Desprecio por las Humanidades, por la crítica y la valoración de lo que ellos definen como verdadera ciencia: eso forma parte del ethos de la extrema derecha.
Evidentemente, este sector político siempre ha estado acá; Kast siempre dijo que la verdadera derecha era la que defendía el legado de Pinochet; lo que ha cambiado es que han entendido el valor de internet y de la desinformación para llegar al poder. Según Steven Forti, historiador italiano experto en el ecosistema de las extremas derechas, la posverdad y las fake news forman parte de su arsenal. Señala: “La perfilación de datos psicométricos extraídos de las redes sociales para predecir con precisión las ideas y decisiones individuales, la personalización de la propaganda y la capacidad de los bots para imponer agendas y manipular el peso de la información que se difunde son parte de la estrategia digital de las extremas derechas”.
Entonces, ante la pregunta: ¿es de extrema derecha el gobierno actual? El caso Cerimedo, entre otros antecedentes, permite concluir que definitivamente sí.