Día del ingeniero agrónomo: entre la memoria del surco y la ciencia del futuro
28.08.2026
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28.08.2026
Señor director:
Cada 28 de agosto nos volvemos a encontrar. Más allá del saludo cariñoso entre colegas, esta fecha nos invita a hacer una pausa, mirar el camino recorrido y preguntarnos, con honestidad y esperanza, hacia dónde va nuestra profesión y qué papel nos toca cumplir hoy en el campo chileno.
La Ingeniería Agronómica en Chile nació para resolver urgencias concretas: producir más y mejor, adaptar cultivos a geografías complejas, optimizar el agua y alimentar a una población en crecimiento. Las primeras generaciones de ingenieros agrónomos hicieron mucho más que aplicar técnica: recorrieron campos, experimentaron y acompañaron a los productores que transformaron nuestra agricultura. Gracias a ese trabajo se modernizó el riego, despegó la fruticultura y Chile se posicionó en el mundo. Ese legado hay que reconocerlo; la memoria del surco es parte central de nuestra identidad.
Sin embargo, el campo actual nos plantea desafíos inéditos. El cambio climático dejó de ser una advertencia para convertirse en la realidad de cada mañana. La escasez hídrica condiciona la producción, la degradación de los suelos exige mirada de largo plazo y las exigencias de sostenibilidad no dan margen. Hoy la pregunta ya no es solo cuánto cosechamos por hectárea, sino con qué cantidad de agua lo hacemos, qué impacto dejamos en el suelo y qué agricultura le heredaremos a las próximas generaciones.
En este escenario, la agronomía debe evolucionar sin perder su esencia. La inteligencia artificial, la biotecnología, la edición genética, la agricultura de precisión y la teledetección no son modas ni lujos de oficina: son herramientas indispensables para tomar mejores decisiones en el predio. Pero la tecnología no reemplaza al agrónomo, sino que amplía su capacidad de resolver problemas. Ninguna plataforma digital conoce por sí sola la historia de un suelo, el comportamiento de un valle o las decisiones que una familia campesina ha tomado durante generaciones. Para eso sigue siendo insustituible la presencia en el potrero.
Nuestra profesión cobra sentido cuando conecta la ciencia con la realidad de todos los productores: con la gran empresa exportadora, con el agricultor mediano que mueve la economía regional y, de manera muy especial, con la Agricultura Familiar Campesina, pilar del abastecimiento local. Nuestro rol no es imponer recetas desde un escritorio, sino integrar la innovación con la sabiduría de quien lleva una vida trabajando la tierra.
Producir alimentos no es solo un negocio; es una cuestión estratégica para la seguridad alimentaria y el desarrollo rural de Chile. Este 28 de agosto nos encuentra con tareas monumentales, pero con la certeza de que la Ingeniería Agronómica sigue siendo indispensable para el país.
A cada colega que aporta desde el campo, el laboratorio, el sector público, la empresa, los gremios o las aulas, vaya mi reconocimiento y un abrazo fraterno. Que no perdamos la memoria del surco, pero tampoco el coraje de abrazar la ciencia del futuro.
¡Salud por las y los ingenieros agrónomos de Chile!