1986 no es un argumento: el debate de la energía nuclear en Chile
11.05.2026
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11.05.2026
El autor de esta columna aprovecha la reciente conmemoración del mayor accidente nuclear en la historia de la humanidad para reinstalar el debate sobre el uso de esta energía en Chile. Sostiene que «tenemos la oportunidad como país de tomar una decisión informada en la evidencia y el conocimiento acumulado en estos 40 años, y no con el fantasma de 1986 guiando nuestras decisiones. Eso requiere institucionalidad regulatoria independiente, voluntad política y la capacidad de escuchar. No desperdiciemos esta oportunidad».
Imagen de portada: Chernobyl / Canva
A 40 años del accidente nuclear ocurrido el 26 de abril de 1986, considerado el más grave de la historia tanto por su impacto global como por los cambios locales que aún seguimos descubriendo, Chernobyl continúa siendo utilizado como argumento político y ambientalista contra la energía nuclear, en un momento en que atravesamos una crisis global de precios y disponibilidad de combustibles. ¿Será posible hoy tener una discusión sobre el futuro nuclear sin que Chernobyl sea el primer argumento en contra?
En realidad, la discusión nuclear en Chile no es reciente. En 2007, la entonces presidenta Michelle Bachelet convocó a una comisión, dirigida por el Dr. Jorge Zanelli, para evaluar la viabilidad de un futuro nuclear de potencia en nuestro país. No obstante, en 2013, durante el mandato del presidente Sebastián Piñera, el Ministerio de Energía frenó esos avances. Luego, en 2015, Zanelli elaboró un segundo informe con nuevas propuestas, las cuales nunca se tradujeron en política pública.
Más recientemente, el 6 de agosto de 2025, la Comisión de Minería y Energía del Senado recibió a Carlos Saavedra, rector de la Universidad de Concepción y a Richard González, actual director ejecutivo de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), quienes expusieron sobre el potencial de los Small Modular Reactors o Reactores Modulares Pequeños (SMR) para resolver cuellos de botella en transmisión eléctrica, dada la geografía del país y la demanda concentrada en la gran minería.
El propio director de la CCHEN señaló que la discusión requiere autoridades regulatorias independientes. Además, este año se cumplen 62 años desde la creación de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, que opera el RECH-1, uno de los pocos reactores de investigación en América del Sur, dedicado a la producción de radioisótopos para diagnóstico y tratamiento del cáncer e investigación en emisión de neutrones. Chile no parte de cero: tiene experiencia en operación nuclear, ha suscrito los principales tratados internacionales en la materia y cuenta con institucionalidad regulatoria para aplicaciones médicas e industriales. Lo que sigue pendiente es de otra naturaleza: la decisión política y una institucionalidad independiente orientada a la generación de energía. Ese paso no lo ha dado ningún gobierno, de ningún lado del espectro.
Colombia y Perú nos llevan la delantera. El 22 de marzo de 2026, y a pesar de su inestabilidad política, Perú promulgó una ley que establece un marco para diversificar su matriz energética mediante energía nuclear, implementar los SMR y el eventual uso de uranio nacional. Colombia hizo algo similar en octubre de 2025, aprobando en la Cámara —por unanimidad— un proyecto que crea la Agencia Nacional de Seguridad Nuclear, que regula tecnologías nucleares con fines médicos, energéticos, científicos y agrícolas, actualmente siendo discutida en el Senado. Algo importante: ambos proyectos fueron tramitados por gobiernos de izquierda, históricamente contrarios a la energía nuclear. Y avanzaron no por abandonar sus principios, sino porque reconocieron que la necesidad de aumentar la confiabilidad de su red, y de que la descarbonización exige energía más firme que las renovables intermitentes, que por sí solas no garantizan.
¿Cómo estamos en Chile? En el programa de gobierno de José Antonio Kast de 2021 se propuso no rechazar ningún tipo de energía primaria, incluyendo la nuclear, considerada una opción limpia y segura. En el programa de 2025, no hay ninguna mención. Curiosamente, esto no es inédito en la derecha: ya ha ocurrido en Europa, tratando de alejarse —y arrepentirse a medio camino— de lo nuclear.
Los aprendizajes de estos 40 años desde Chernobyl han permitido desarrollar reactores como los SMR, con sistemas de control pasivos y seguridad que permiten transitar hacia la descarbonización de la matriz energética. Tenemos la oportunidad como país de tomar una decisión informada en la evidencia y el conocimiento acumulado en estos 40 años, y no con el fantasma de 1986 guiando nuestras decisiones. Eso requiere institucionalidad regulatoria independiente, voluntad política y la capacidad de escuchar. No desperdiciemos esta oportunidad.