La crítica a la investigación en Chile: un problema para el futuro
11.05.2026
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11.05.2026
El autor de esta columna responde a los dichos del Presidente Kast, quien desestimó el valor de la investigación científica que no genera puestos de trabajo. Sostiene que «cuando el presidente de la República habla con tanto desdén de la investigación científica de nuestro país, señalando que el Estado entrega 100 o 500 millones para que después eso quede en un libro lindo que no genera empleo, es desconocer cómo funciona la ciencia y la investigación, pero también es desconocer lo precario que es el sistema de investigación en nuestro país».
Todos los años, en estos meses, quienes trabajamos en el ámbito académico nos vemos sometidos al estrés de postular nuestros proyectos de investigación al Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Los famosos Fondecyt son una manera en que el Estado de Chile distribuye plata a quienes queremos investigar. Es una exigencia del sistema para que los académicos podamos ascender en nuestra carrera, pero también es una necesidad para quienes nos dedicamos a la investigación por vocación.
La investigación científica genera conocimiento, un conocimiento que la propia ANID exige que no se quede en unos cuantos papers bien indexados que pocos leerán. Es una exigencia cada vez mayor que los investigadores establezcan una vinculación eficiente con el medio. Esa vinculación con el medio suena a algo lejano, gris, como si la universidad no tuviera que ver con el entorno social en el que vive. Lo cierto es que cada uno de nosotros vive inserto en el medio. Como trabajadores asalariados, trabajamos con estudiantes que vienen del sistema escolar; damos clases, escuchamos a nuestros estudiantes y conversamos constantemente sobre la sociedad y la política; nuestras investigaciones nos estimulan a dar mejores clases, pero además participamos en el debate público, dando charlas en colegios, escribiendo columnas y hablando en los medios de comunicación. No conozco a ningún colega que se siente en un trono, en una torre de marfil a investigar asuntos desvinculados del medio sociopolítico en el que vivimos.
Desde biólogos y físicos, educadores y geógrafos, así como psicólogos y antropólogos, todos quienes constituimos la comunidad académica, estamos constantemente pensando en el país y en nuestra sociedad. Buscamos mejorarla desde lo cotidiano, desde hacer mejores clases y conversando con nuestros estudiantes. Nuestros temas de investigación provienen del estímulo que la misma sociedad nos ha entregado. Buscamos abordar temas que hemos detectado en nuestra sociedad, cada vez más compleja y globalizada. Encontramos focos de análisis antes no vistos y, por ahí, comenzamos a indagar.
Todos los años nos sometemos al tedio de postular en un sistema precario y burocrático porque es nuestra vocación. En ningún caso un proyecto ganador obtiene 100 millones de pesos. Por lo tanto, cuando el presidente de la República habla con tanto desdén de la investigación científica de nuestro país, señalando que el Estado entrega 100 o 500 millones para que después eso quede en un libro lindo que no genera empleo, es desconocer cómo funciona la ciencia y la investigación, pero también es desconocer lo precario que es el sistema de investigación en nuestro país.
Para que Chile dé un salto en el desarrollo, se necesita más investigación y desarrollo, no menos. No existe ningún país en el mundo que se haya desarrollado sin una fuerte inversión en I+D; si el nuevo gobierno quiere mejorar nuestra economía, debe apostar por mejorar las condiciones de quienes hacen investigación.
La hubris, es decir, la altanería o arrogancia, que los antiguos juzgaban como un pecado fatal, es hoy una verdadera pandemia. Todos creen que, adoptando una posición de seguridad arrogante y hablándolo con fuerza, expresan conocimiento y sabiduría. Lo cierto es que mientras más uno sabe de algo, menos arrogante debería ser, porque solo constata que sabemos poco del mundo en su totalidad y complejidad. El presidente no tiene por qué saber de todo, pero debería asesorarse mejor; después de todo, para eso son los asesores. Debería contar con un buen asesor en ciencia e investigación que le explique la función social y económica de la ciencia. Hace casi un siglo, Chile tuvo un presidente que dijo que gobernar es educar. Bueno, hoy Pedro Aguirre Cerda se daría de bruces con la realidad de que quienes nos gobiernan cuestionan la plata que se les otorga a los centros educativos.
El pecado de hubris, que llevó a Ícaro a quemar sus alas y caer estrepitosamente, puede llevar a este gobierno a un error grave si cree que puede prescindir de la ciencia y el conocimiento para impulsar el desarrollo.