«Enseñar a leer y escribir: Teoría y práctica»: prólogo
29.04.2026
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29.04.2026
Hoy miércoles 29 se realiza el lanzamiento del libro Enseñar a leer y escribir: Teoría y práctica, de Katherine Strasser y Pelusa Orellana, publicado por Ediciones UC. La obra reúne aportes de destacados investigadores en alfabetización inicial y ofrece una síntesis actualizada —desde la psicología, la lingüística, la pedagogía y las ciencias cognitivas— sobre la enseñanza de la lectura y la escritura, abordando componentes clave como la conciencia fonológica, la decodificación, la fluidez, la comprensión, el vocabulario y la producción escrita, con orientaciones teóricas y prácticas para docentes, investigadores y mediadores de lectura.
A continuación, el prólogo escrito por Alejandro Carrasco, decano de la facultad de Educación UC.
Este libro no solo es oportuno sino también especialmente propicio para uno de los desafíos educacionales contemporáneos más urgentes pero postergados que enfrentamos. Tanto las brechas sociales como los rezagos acumulados en lectura y escritura que acarreamos en estudiantes de temprana edad se han convertido en un fenómeno no solo desproblematizado sino relegado en muchas esferas académicas, profesionales y formativas en educación. En ese escenario, la contribución de este libro tiene un potencial mayúsculo de incidencia en la práctica educativa pues contiene muchos de los elementos hasta hoy ausentes para acompañar el trabajo docente de enseñanza de la lectura y escritura. Esos elementos refieren, sucintamente, en primer lugar, a la conexión entre teoría y práctica que ofrece y que viene a resolver la orientación excesivamente teórica que ha acompañado la formación inicial y continua de los docentes en esta área. En segundo lugar, es un libro que aborda con evidencia empírica de frontera, en sus diferentes capítulos, los componentes y subcomponentes esenciales del proceso de adquisición de habilidades de lectura y escritura, de modo que los docentes puedan aprender fundadamente nuevas estrategias, pero sabiendo identificar críticamente prácticas tanto mitológicas como ineficaces que circulan sobre la enseñanza de estas habilidades esenciales. Y en tercer lugar, ofrece una perspectiva situada y contextualizada con orientaciones pedagógicas que en su esencia contienen la premisa que niños y niñas se enfrentan a la educación formal de la lectura y escritura con experiencias tempranas en el seno de su hogar muy disímiles en aspectos que son precursores elementales de su adquisición, como son por ejemplo la exposición a un lenguaje enriquecido, la amplitud del vocabulario, la motivación por la narración escrita, o la familiaridad con los textos impresos. Hasta ahora, es común que en la formación inicial y continua o en las estrategias de instituciones educativas, tienda a prevalecer una perspectiva estandarizada, acotada en estrategias para recoger e identificar las experiencias que traen niños y niñas de sus experiencias vitales y que impactan en sus trayectorias de adquisición de habilidades lectoras y de escritura.
Por lo anterior, este libro tiene el potencial de contribuir a abordar una crisis algo inadvertida de nuestro tiempo. A modo de símil, en su influyente ensayo La crisis de la educación, Hanna Arendt identifica un problema similar en su fisonomía al que enfrentamos con la lectura y la escritura. Arendt sostenía que la educación, a mediados del siglo pasado, había desviado su propósito central de introducir al mundo a las nuevas generaciones, mediante la formación del carácter, la introducción a la cultura y al pensamiento acumulado. Esa tarea consistía en mostrar a los nuevos el mundo viejo, como única plataforma para su posterior transformación y revisión crítica. En su lugar, la educación habría sucumbido ante lo que denominó el predominio de pedagogías de la emancipación que renunciaron y se descomprometieron con la labor más esencial de la educación referida al diálogo guiado entre generaciones que sostiene el desarrollo de toda cultura y sociedad.
Pues bien, en una especie de paralelismo, hoy observamos nuevamente una distracción en el campo educacional. El propósito fundamental de introducir a las nuevas generaciones en el lenguaje complejo se ha vuelto secundario y hasta algún punto se ha introducido una especie de ilusión del autoprendizaje. Tal como ayer, esa renuncia supone que las habilidades de lectura y escritura suceden con cierta automaticidad durante la trayectoria escolar, sin la necesidad de una mediación pedagógica altamente especializada, que confiere a los docentes un rol vital en su enseñanza. En la práctica, la educación sería cedida a la autogestión del aprendizaje, a modelos estandarizados, a la adquisición de competencias espontáneas, en lugar de requerir una enseñanza estructurada, progresiva y fundada en un profundo conocimiento teórico y empírico. La crisis de la educación que identificó Arendt refería a la renuncia del mundo adulto, a su autoridad pedagógica, a servir de mediadores entre el mundo y las nuevas generaciones, quedando estas últimas arrojadas a un mundo viejo que estuvieron destinados a conocer no mediante la educación sino por sus propios medios. Pues bien, la de hoy, es una crisis donde las nuevas generaciones están siendo nuevamente abandonadas e impedidas de adquirir las destrezas y habilidades lingüísticas más fundamentales y determinantes para la comprensión compleja del mundo y las consiguientes posibilidades de su reinvención y transformación.
Es posible hipotetizar al menos tres razones de este nuevo descuido que se constata en nuestra región: el sociologismo educativo, el asedio epocal a la educación y la institucionalización paradojal de la profesión docente. En su conjunto, estos tres factores probablemente nos acerquen a una primera respuesta de comprensión a la naturalización, des-problematización y relativa inacción ante las brechas y rezagos de la lectura y escritura.
En primer lugar, el sociologismo educativo (esto es, la deformación de la sociología educacional) se refiere a la exacerbación y al fatalismo según el cual el origen social no solo explica sino también determina para siempre la trayectoria escolar. Esa visión cancela el papel de la educación en sus posibilidades de interrumpir la reproducción cultural. Por cierto, desde el Informe Coleman en el siglo pasado persiste la constatación empírica que las condiciones materiales y simbólicas de la crianza temprana explican con fuerza las brechas educativas, muy especialmente las referidas a la adquisición del proceso lector. Pero de ahí no se sigue necesariamente que ese escenario de desventaja sea inmutable. Este libro aporta fundamentos de avanzada y estrategias probadas para revertir el abatimiento del sociologismo educacional que normaliza las brechas lectoras de niños y niñas de diferentes grupos sociales.
En segundo lugar, el asedio epocal a la educación, consiste en la proliferación de problemas societales cuyo resguardo y solución quedan depositados casi únicamente en la educación, a saber, desde el cambio climático hasta la digitalización de la cultura. Su espectro es amplio: educación ciudadana, educación ambiental, educación afectiva, educación digital…educación financiera. Más en específico, en la formación de profesores/as y educadores/as, ese asedio se traduce en mallas curriculares sobrecargadas, disputadas, reguladas, exigidas por las amplias expectativas que la sociedad vierte sobre la labor docente. Por cierto, la educación en cada época está llamada a dialogar con su tiempo y lo que sus circunstancias imponen. Pero muy especialmente en las edades iniciales de la educación escolar, es probable que este asedio nos haya distraído de las misiones esenciales de la educación. Tanto en la formación inicial docente como en el primer sub-ciclo básico de la educación primaria, la educación sortea presiones curriculares que seguramente le han impedido tratar con profundidad y detalle el cultivo avanzado del dominio del lenguaje oral y escrito. Como si se revisitara un propósito extraviado, este libro vuelve a elevar la lectura y escritura como uno de los objetivos esenciales de la educación, recordándonos que solo su adquisición, manejo y dominio permite el uso creativo del conocimiento y el despliegue del pensamiento crítico, aspectos centrales para alcanzar la autonomía, libertad y desarrollo pleno.
Y en tercer lugar, la institucionalización paradojal de la profesión docente, refiere al desplazamiento incompleto de la docencia, desde un oficio vocacional a una profesión institucionalizada. La docencia tanto en su formación inicial como en su ejercicio, ha estado crecientemente expuesta a mayores marcos regulatorios, mejoras incrementales en sus condiciones, creación de lenguajes disciplinarios compartidos y ampliación de las expectativas sociales. Con todo, y aquí la paradoja, se observa una persistente desproporción entre la creciente complejidad de su ejercicio con los siempre acotados recursos institucionales y materiales destinados tanto a la formación inicial y continua como a las condiciones de su desempeño en el sistema escolar. Una profesión que hasta hace poco fue un oficio, no ha logrado aun cristalizar su proceso de institucionalización. Sin ello, sin el espesor intelectual ni las condiciones materiales que dotan de vigor a una profesión de impacto, difícilmente podrán revertirse los efectos implacables que la desigualdad socioeconómica impone al desarrollo lector de las nuevas generaciones.
Con el desafío en mente de abordar una de las crisis educacionales de nuestro tiempo, este libro tiene la virtud de reintroducirnos en las labores esenciales de la educación. También de perfilar la profesión docente en toda su complejidad. Pues remarca la fisonomía interdisciplinaria que posee la pedagogía especialmente aquella que el libro denomina la ciencia de la lectura. Y desde luego, es un libro que invita a las instituciones formadoras de docentes a examinar cuánto predomina en ellas, y en qué grado desafían, al sociologismo educativo, el asedio societal y la institucionalización incompleta de la profesión.