ENTREVISTA AL RAPEROLUEGO DEL LANZAMIENTO DE SU DISCO "DIO$ NO EXISTE"
Matiah Chinaski: “Me gustan más las risas que los aplausos”
27.09.2026
Hoy nuestra principal fuente de financiamiento son nuestros socios. ¡ÚNETE a la Comunidad +CIPER!
ENTREVISTA AL RAPEROLUEGO DEL LANZAMIENTO DE SU DISCO "DIO$ NO EXISTE"
27.09.2026
Con un nuevo disco bajo el brazo, “Dio$ no Existe”, el más prolífico y creativo rapero chileno, aborda su trabajo más político, aunque sin abandonar la gracia y el espíritu callejero. En plena gira por Europa y con mucha música nueva por venir en lo que queda de 2026, el hiphopero de Conchalí asegura que El Macha es un ejemplo, se refiere a su obsesión con la muerte, su admiración por Tom Waits, dice que sus referentes artísticos son chistosos con inteligencia y no le cree a los raperos gringos porque “solo vienen a llevarse la plata”.
Imagen de portada: gentileza Matiah Chinaski
Parece una rareza, pero es una realidad. Hasta hace algunos años, los padres de Matiah Chinaski nunca habían escuchado la música de su hijo. Aunque al menos, la inclinación artística produjo alegría en la madre. “Qué bueno que haga música y que no fume pasta”, le dijo. El rapero, uno de los más creativos y prolíficos de la escena musical chilena, no se cuestiona la decisión de su familia. Asegura que en su entorno jamás han hablado de asuntos personales y que no son muy comunicativos. Es más, él heredó esos comportamientos. También siente que es introspectivo. “Soy bien pa’ dentro. Por eso no me hago rollos con que nunca me han dicho nada”, sostiene. Y cita un ejemplo. En una ocasión, su padre estaba en el trabajo con un compañero fanático del rap. Mientras escuchaban música, le comentó que su hijo hacía hip hop y que se hacía llamar Matiah Chinaski. “¿Usted es el papá de él?”, le preguntó sorprendido el colega. Recién ahí, su progenitor comprendió que la música de su hijo iba en serio.
Con casi 20 años haciendo canciones, el currículum de Matiah Chinaski -su verdadero nombre es Matías Castillo- es sorprendente. Desde que apareció a mediados de la primera década del siglo junto a Mente Sabia Cru, un colectivo hiphopero de Conchalí, su voracidad creativa apunta más de 20 álbumes y colaboraciones varias con La Brígida Orquesta, Salvaje Nostalgia y Ventana Abierta, entre otros. Periodista de profesión, su pasión por la música hizo que siempre lo despidieran de todos sus trabajos. Fue reponedor de una multitienda, contaba pernos en una bodega, laboró como garzón en el casino de Coquimbo y ejerció como fotógrafo en la municipalidad de Conchalí. Los periodos laborales siempre fueron reducidos por sus problemas con la autoridad. Y volvía a hacer temas. “Cuando fui garzón en Coquimbo, por ejemplo, se ganaba buena plata, pero la gente que apuesta era pedante y altanera. Duré poco porque me agarré con un cliente”, recuerda.
Con letras imaginativas, que tienen calle, gracia y reflexión, y siempre desde la autonomía, Chinaski ha logrado generar fidelidad e interés en sus seguidores. La facilidad por las palabras, asegura, viene desde su niñez. Le gustaba leer y su madre le leía cuentos. En el colegio, mientras cursaba tercero medio en el Liceo de Aplicación, era el encargado de escribir cartas de amor que le pedían sus compañeros para enviárselas a las niñas del Liceo 1. “Me salía fácil y quedaban felices”, señala. Pero su mayor pasión era escuchar música. Podía estar horas pegado a la radio sin aburrirse. “Mi mamá escuchaba harto las radios donde pasaban música de la Nueva Ola. Y después recuerdo a artistas que me marcaron como José José, Camilo Sesto, Facundo Cabral, Alberto Cortez. Hasta escuché un tiempo a Arjona. Siempre me gustó la música antigua más que la moderna. Si me preguntai nombres de la escena urbana o del reggaetón, no conozco a ninguno. Después, cuando crecí me metí en el hip hop y escuchar al español Kase.O fue una revelación. Comprendí que se podía hacer rap en español y que quedara bacán. Ahí empecé a escribir y no paré más”, indica.
Cuando hace el recuento hacia atrás, Chinaski reconoce que para dedicarse a la música, y más viniendo de Conchalí, “hay que estar un poco loco, pero no la locura de un hueón chalado”. Dice que para todos los artistas que no son cuicos, siempre es difícil. Y que los recursos limitados deben suplirse con persistencia, sacrificio y consistencia porque, en muchas ocasiones, se pasa hambre, sufres pellejerías y debes trabajar en lo que venga para parar la olla. “Tengo 38 años y recién después de la pandemia empecé a estabilizarme económicamente. Y eso que más de la mitad de mi vida he hecho música. No tengo un Lamborghini ni me baño en champaña. Tengo para pagar las cuentas, para comprar mi hierbita, no paso hambre ni le pido plata a mi mamá. Con eso estoy bien. Lo que ambiciono es tiempo y no dinero”.
Desde 2014 y, salvo en 2020 y 2021 -los años de la pandemia-, Chinaski viaja a Europa en el periodo de verano otoño del hemisferio norte. Con Francia como centro de operaciones, ahora está en Zurich, donde se presenta este domingo, y tiene agendadas presentaciones en Berlín, Barcelona, Toulouse y París hasta fines de octubre. “Todavía la movida es medio underground porque, por lo general, donde toco siempre está lleno de chilenos”.
-¿Así partió El Macha con La Floripondio?
-Él es mi ejemplo de hacer tocatas. Llena con gente de Europa. Lo he visto en vivo y es otra volá. Acá, la gente disfruta con su música. Tiene seguidores. Hace un tiempo nos conocimos en Barcelona. Habíamos hecho una canción –“Con lo Puesto”-, pero no nos conocíamos porque mandamos todo por Internet. Me gusta mucho su música y cómo se mueve en la industria. Lo respeto mucho.
Este año está presentando su más reciente álbum, “Dio$ no Existe”, una obra que marca un giro en su abundante discografía. Si, por lo general, sus letras iban enfocadas a sus vivencias personales, ahora amplió su mirada a situaciones internacionales: aparecen Estados Unidos, Donald Trump, Israel, el sionismo y, por supuesto, José Kast. En el tema que abre el disco, “Positivo Feminismo”, exhibe su visión pesimista del mundo actual. “En el mundo ganan siempre los malos/una pistola no se le destruye con una piedra ni unos palos/ni con una canción ni con unos discursos perfumados”. O en “Empecemos por aquí” apunta a la confrontación. “Tú que votaste por un nazi/y no escuchaste ni un argumento/el sionismo acciona y dialoga con dinamita/no más conversa/hay que ser fascista con el fascista/yo no soy poeta/hago música con letras/rap a secas”. Y también cita con humor -el clásico sampleo de “están matando a un hueón” que popularizó Felipe Avello- en “Los Felicito” a otro indispensable de Conchalí: Zalo Reyes. “Mis referentes en la música son artistas chistosos, pero que no caen en la caricatura del payaso. Sino que dicen cosas con inteligencia como Nicanor Parra. Eso influye mucho en mi forma de trabajar. Por eso, a veces no me motiva cantar en lugares en que no me entienden. Me encanta cuando veo que la gente se ríe de lo que canto. Me gustan más las risas que los aplausos”, reflexiona y agrega que incluyó una frase de su coterráneo, el Gorrión de Conchalí, porque “me parece un viejo admirable. En Conchalí es ultra popular. De hecho, hasta la calle donde está su casa ahora lleva su nombre. Ese fue un muy bonito gesto. Lo que me gusta de Zalo Reyes es que era terrible de flaite, popular y talentosísimo. Es una excelente combinación”.
-¿Por qué decidiste hacer un álbum con mayores referencias políticas?
-Siempre he tratado de hablar de política desde la mirada de una persona común, un ciudadano normal al que le afectan las decisiones políticas. Pero las circunstancias del mundo han ido empeorando y eso me genera mucho más rencor y odio. Si con Piñera no entendía que votaran a un empresario, menos entendí porque la gente votó por una persona que es hijo de un nazi, fanático de Pinochet, que salió en una foto dándole un beso en la frente a Paul Schaffer y que quiere indultar a torturadores. Y más encima, los pobladores, vecinos míos, votaron por él. Todo eso me incomoda. Además, todo está explotando. Antes, al menos, se escondían. Mira lo que dice Trump sobre Venezuela o lo que hace el sionismo con los palestinos. Y nadie hace nada. La gente sigue pensando que hay que dialogar. Y no se logran avances. Si esta gente te puede pasar por encima, lo hará. Tienen todo: la plata y los milicos que son su ejército privado. Nosotros no tenemos ni los medios ni el entrenamiento para defendernos.
Su sorprendente capacidad laboral -con, al menos, tres discos editados por año más participaciones en otros trabajos- es algo que llama la atención en Chinaski. Aunque no se inmuta. Asegura que cantidad no tiene que ver con calidad. Tampoco ocupa la receta de Nick Cave, quien declara trabajar todos los días de 9 am a 6 pm, como si fuera un oficinista. El rapero funciona a la usanza de los viejos músicos de los 40, 50 y 60 que podían sacar más de una obra por año y sumar presentaciones en diversas partes del mundo. “No me siento ni el más pulento ni el mejor por hacer mucha música. Pienso que esos artistas que sacan un disco cada cuatro años son flojos. Tengo el hábito de hacer música todos los días. Si no estoy escribiendo, estoy tocando el clarinete, la batería. Ahora me compré un saxo y estoy aprendiendo a tocar. Hago pistas. Pero tampoco tengo hijos. Solo dos gatos. Eso me hace dedicarme exclusivamente a lo que me gusta”, afirma.
Para los meses que restan del año, viene mucha música nueva de Chinaski. El jueves pasado, DJ Perez, su socio creativo, publicó un disco titulado “Debí Haber Cambiado Mucho”, donde aparece en cuatro canciones. En noviembre aparecerá un nuevo álbum de La Brígida Orquesta. Un poco antes, aparecerá un EP de tres temas con un músico alemán y antes de la llegada de 2027 debería editarse una nueva obra en conjunto con la solista Con.fusión.
-Además de los sampleos del Chavo del Ocho, en tus letras siempre está presente la muerte. ¿Por qué la incluyes?
-Tengo una obsesión rara con la muerte. No le tengo miedo, pero me intriga saber qué pasa con ella. Desde que era niño pienso en saber qué viene después, qué es lo que uno deja en la tierra cuando se muere. Para mí, es como el fin de una carrera y el inicio de otra. No creo que termina la vida. Esta es una y después hay una evolución de cierto tipo. No sé qué es y por eso me obsesiona y me genera un impulso para seguir haciendo cosas. Capaz que después esté en una vida donde no exista la música.
Tras unos segundos de silencio, el rostro del rapero se ilumina al hablar de su héroe: Tom Waits. “Él es mi amigo, pero no lo sabe”, dice. Un día, buscando música para ocupar en simples, encontró un disco suyo. Y le cambió la forma de enfrentarse a la creación musical. Su voz aguardentosa, sus melodías desaliñadas y melancólicas y sus letras auténticas le imprimieron una identificación. Hasta hoy. “Es un monstruo tierno. No creo que en la música exista el mejor. Estos no son los Juegos Olímpicos. Solo se trata de gustos personales. Nunca me ha dejado de gustar y cada vez que lo escucho, rescato algo nuevo en sus canciones”.
Así como alaba al cantautor estadounidense, también critica a los hiphoperos de ese país. De hecho, en el tema “Las Termitas” es directo en su descreimiento. “Desde chico, todos esos que andan con cadenas de oro me parecen de una estupidez total. Tuve la suerte de aprender inglés y cachar las letras y desilusionarme de los raperos gringos. El rap es hermoso, pero los raperos gringos son muy capitalistas. He ido a ver sus conciertos y no están ni ahí. Vienen solo a llevarse la plata. Son pocos los que uno los ve y dice ‘este le puso bueno’”.
-¿Te gustaría ser productor de nuevos músicos?
-Si me gusta la volada de alguien, haremos música. Pero no tengo ganas de producir a otros cabros. Voy a trata de rapear hasta que no pueda cantar, esté muy viejo o enfermo. Creo que por ahí pasa mi futuro.