Mirada a futuro sin exclusiones
21.04.2026
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21.04.2026
Señor Director:
He seguido con atención las propuestas impulsadas por la Fundación Futuro y otras organizaciones que proyectan ideas para Chile al 2050. Valoro el esfuerzo de pensar el país a largo plazo. Sin embargo, hay una ausencia que no puede seguir siendo ignorada: la exclusión de quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.
El biólogo y pensador chileno Humberto Maturana planteaba una pregunta incómoda pero fundamental: cuando hablamos de inclusión, es porque previamente hemos excluido a alguien. Esa reflexión nos obliga a mirar el problema desde otro lugar, no desde quienes quedan fuera, sino desde quienes deciden quiénes participan.
Entonces cabe preguntarse:
¿por qué, cuando se piensa el futuro del país, se excluye sistemáticamente a los más pobres, a las personas cuidadoras, a quienes viven con discapacidad, a las diversidades sexuales?
En estos espacios predominan las élites políticas, económicas y académicas. Se discute el futuro sin incorporar las experiencias de quienes hoy viven la precariedad. Se habla de desarrollo, pero sin quienes enfrentan pobreza severa, desempleo o sobrecarga de cuidados. No es solo una omisión: es una forma de reproducción de las mismas desigualdades que se dice querer superar.
Lo planteo también desde mi experiencia. Soy profesional con postgrado, padre y cuidador de una hija con un trastorno mental severo. A pesar de investigar, escribir y analizar políticas públicas desde esta realidad, nunca hemos sido convocados. El año pasado intenté presentar en Puerto de Ideas, en Valparaíso, una investigación sobre la escucha activa como herramienta para fortalecer la democracia. La respuesta fue simplemente no.
Ese “no” no es individual. Es estructural.
Se sigue instalando la idea de que pensar el país es tarea de unos pocos, mientras un pequeño grupo —ese 1%— toma decisiones que afectan al 99%, sin incorporar nuestras voces, experiencias ni propuestas.
Si queremos hablar seriamente de futuro, la pregunta no es solo qué país queremos construir, sino quiénes están participando en esa construcción. Sin inclusión real, sin escucha activa, sin reconocimiento de otras formas de conocimiento, estos espacios corren el riesgo de transformarse en ejercicios autorreferentes.
Si hoy hablamos de inclusión, es porque ya hemos dejado a muchos fuera.
¿Estamos dispuestos a hacernos cargo de esa decisión?