Las mujeres, la grieta en el proyecto de Kast y Milei
14.10.2026
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14.10.2026
La autora de esta columna advierte que la caída judicial de Fernando Cerimedo, el estratega digital de Milei, deja ver las fisuras del proyecto de la ultraderecha regional. A su juicio, la mayor de ellas está en el voto de las mujeres, que tanto en Argentina como en Chile marcan una distancia significativa con Milei y Kast. Sostiene que «es en el movimiento de mujeres como sujeto político que puede estar la llave para abrir la puerta de una nueva ola (o un tsunami) que arrase con la reacción conservadora».
Imagen de portada: Sebastián Beltrán / Agencia Uno
Se suele describir a la maquinaria de la ultraderecha global como una fuerza que no se puede detener, impulsada por algoritmos y resentimiento. No obstante, la caída hace dos meses de Fernando Cerimedo –el arquitecto detrás del ascenso digital de Javier Milei y una pieza esencial en la red de desinformación de Jair Bolsonaro– en términos judiciales y reputacionales pone al descubierto una debilidad sustancial.
Su presunta participación en el fallido intento de golpe de Estado en Brasil, sumada a su detención en Bolivia acusado de intento de femicidio y las demandas millonarias que enfrenta su agencia en Argentina, parecen haber dejado al “mago” sin galera. Lo que se confirma es un plan de desestabilización fraudulento que también se exportó al otro lado de la cordillera.
Mientras Argentina enfrenta el ajuste –más parecido a una terapia de shock que a un plan de estabilización de la economía– del gobierno de Javier Milei, la presidencia de José Antonio Kast sugiere que Chile no es simplemente un observador, sino más bien el siguiente laboratorio de este experimento reaccionario. Comprender el derrumbe de Cerimedo es fundamental para resistir la “kastificación” política en Chile.
La situación política en Argentina sirve como un anticipo de lo que probablemente implique el gobierno de Kast. De hecho, ya hay bastantes indicios. En principio, ambas figuras compartieron varios escenarios en eventos públicos de la ultraderecha como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en julio de 2024, en Camboriú, Brasil en la que expusieron sus visiones para “enfrentar al socialismo”, su principal “enemigo”. Y expresaron sus coincidencias en la visita de diciembre del año pasado del chileno a Buenos Aires. Y, claro, en la V edición del Foro Madrid, en Santiago.
Con la narrativa de “la libertad” (una palabra de la que se adueñó la derecha radical), Milei impuso una transferencia masiva de riqueza (a los más ricos, claro), el desmantelamiento de instituciones culturales y una postura agresiva desde lo discursivo y desde el desfinanciamiento contra los movimientos sociales. Hubo mucho del “Método Cerimedo” en acción: usar el caos digital, el bombardeo informativo, para desorientar, fragmentar, desarticular a la sociedad y lograr que cada sector quede a la defensiva de sus derechos.
El manual en Chile es similar. A pesar de que su fachada es más «institucionalista» que la de Milei, su plataforma continúa basada en los mismos principios: la criminalización de la protesta social, el retroceso en los derechos reproductivos (como la iniciativa, fracasada, de “Escucha tu corazón”) o el anuncio del cierre de la Fundación Promoción y Desarrollo de la Mujer (Prodemu), una institución histórica creada durante el gobierno de Patricio Aylwin y el regreso al “orden” del pasado. El discurso punitivista y securitizador repite la idea de, justamente, “recuperar” ese orden que se habría perdido y sus posturas y medidas concretas contra la comunidad LGTBIQ+ son sólo algunos ejemplos.
Estas similitudes no son casuales; reflejan una estrategia regional y mundial coordinada para revertir los avances de las últimas dos décadas.
Ante esta situación, los progresistas de la región no pueden simplemente recurrir sólo a la denuncia pasiva o al asombro paralizante. El ejemplo argentino tiene que servir para no esperar. Gran parte de la sociedad sigue creyendo que es posible la construcción de una alternativa que imagine un futuro. En esta tarea, no hay necesidad de buscar a ciegas: la barrera más fuerte contra el avance reaccionario ya existe y está compuesta mayoritariamente por mujeres.
Datos recientes revelan una fractura: un problema profundo con la adhesión del voto femenino. En Argentina, la imagen negativa de Milei alcanza un 62,5% entre las mujeres, una cifra que consolida una brecha de género inédita, con casi 12 puntos de diferencia en la imagen positiva respecto al público masculino.
Los datos del balotaje presidencial de 2025 analizados por DecideChile muestran una clara segmentación del sufragio. Al dividir al electorado en seis grupos demográficos por edad y género, Kast obtuvo más del 50% de las preferencias en cuatro de ellos. Jeannette Jara se impuso en los dos grupos restantes, y ambos corresponden exclusivamente al electorado femenino: las mujeres menores de 35 años y las mujeres mayores de 54 años.
La franja donde Kast obtuvo su mejor desempeño nacional fue entre las personas adultas de 35 a 54 años. Sin embargo, al desglosar este grupo, el respaldo entre los hombres alcanzó un aplastante 69,7%, mientras que entre las mujeres de la misma edad el apoyo se redujo casi ocho puntos, cayendo al 61,9%. Y el resultado más bajo conseguido por Kast en todo el padrón no provino de los votantes jóvenes, sino de las mujeres mayores de 54 años. En este grupo registró su peor desempeño global, consiguiendo apenas el 47,1% de los votos y perdiendo la mayoría. En la juventud -menores de 35- se registra la brecha de género más marcada: los hombres jóvenes le dieron la victoria a Kast (más del 50%), mientras que las mujeres jóvenes votaron mayoritariamente por Jeanette Jara, uno de los dos únicos grupos de todo el padrón donde la candidatura de Kast fue derrotada.
El éxito electoral del proyecto de Kast en Chile y la crueldad del modelo de Milei en Argentina ya no son distopías futuras, sino una realidad regional que requiere una reorganización urgente. Para contrarrestar la maquinaria digital que genera aislamiento y fragmentación, la respuesta puede (y debe) fortalecerse en el tejido social, en las redes territoriales, en espacios que no fueron arrasados sino que se mantienen latentes. En la Argentina del Ni Una Menos y el Chile de Las Tesis y El violador eres tú demuestran que el movimiento feminista responde con ocupación del espacio público, alianzas transversales y una sólida capacidad de marcar la agenda política.
Los varones del progresismo, supuestos aliados, tienden a volver a su zona de confort, amparados en el “clima de época”. Cometen un error. Es en el movimiento de mujeres como sujeto político que puede estar la llave para abrir la puerta de una nueva ola (o un tsunami) que arrase con la reacción conservadora.
Dice el periodista y ensayista argentino Pablo Stefanoni en su libro Un fantasma recorre el mundo: “Por el momento, las imágenes del desastre favorecen a las derechas radicales y generan formas de politización ‘incómodas’ para el progresismo. Pero el socialismo democrático, renovado a la luz de los desafíos sociotécnicos del presente e inserto al mismo tiempo en una tradición que vale la pena defender -sabiendo que ya no es posible volver a les bons vieux temps– tiene algo que decir. No sólo sobre la igualdad, sino también sobre la libertad; aunque hoy su voz casi no se oiga. Las nuevas canciones están por escribirse”. Se puede agregar que hay muchas cantautoras para componerlas e interpretarlas.