Las universidades no construyen máquinas (y no deberían)
02.10.2026
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02.10.2026
La autora de esta columna sostiene que las universidades estatales no están diseñadas para fabricar ni escalar productos, y que esperar que lo hagan por sí solas es un error. Propone dejar atrás el modelo tradicional de las oficinas de transferencia y avanzar hacia esquemas de codesarrollo, en los que la industria participe desde las primeras etapas de la investigación. Concluye que «como universidades estatales, tenemos grandes y diversos desafíos en materia de reducción de brechas para la innovación, pero tenemos a nuestro favor la importancia que le damos a la colaboración y la generación de redes de trabajo, como la Red de Innovación CUECH, que sin duda nos permitirá avanzar en sortear estas dificultades compartidas».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
La innovación ya no es ajena a las universidades estatales, pero aun así siguen enfrentando brechas respecto de la industria en los procesos de innovación y transferencia tecnológica. Una de ellas es que seguimos esperando que las universidades hagan por sí mismas lo que en realidad le corresponde al ecosistema de innovación público-privado.
Cada institución ha demostrado una significativa capacidad para generar conocimiento científico de excelencia, desarrollar prototipos y validar conceptos tecnológicos. De hecho, Chile mantiene una posición competitiva internacional en producción científica, particularmente en ciencias naturales y físicas, tal como refleja el Nature Index, ranking elaborado por Nature Portfolio, división de la editorial científica internacional Springer Nature, que utiliza indicadores específicos para analizar los resultados de la investigación científica de alta calidad. Nuestro lugar en este ranking es especialmente destacable si se considera que Chile invierte solo cerca del 0,36% de su PIB en Investigación y Desarrollo (I+D), una cifra muy inferior al promedio de la OCDE (2,72%). Sin embargo, y como un verdadero “déjà vu”, nos encontramos una y otra vez frente al reto de lograr la transición de nuestra investigación a la aplicación industrial.
Por otro lado, es sabido que nuestras universidades públicas deben lidiar con una serie de carencias financieras y de gestión en áreas como el desarrollo de productos, donde encontramos que son organizaciones que no están diseñadas para la comercialización, ya que no poseen equipos especialistas en marketing y que la ampliación de la escala tecnológica es en muchos casos solo un manojo de buenas intenciones.
Esta afirmación proviene de los resultados obtenidos en la encuesta sobre Licenciamiento Socialmente Responsable, aplicada por la ONG INNOVARTE en las 18 universidades estatales de nuestro país. Los datos revelan que el sistema universitario estatal se encuentra en una etapa de transición, existiendo un alto nivel de implementación de principios específicos, como la contribución al bienestar social y la reserva de derechos académicos, prácticas ya presentes en gran parte de las instituciones. A su vez, advierte barreras como la falta de incentivos para los investigadores e investigadoras de modelos de cláusulas estandarizadas, lo que evidencia la necesidad urgente de herramientas que otorguen seguridad jurídica y técnica a las instituciones. Por lo mismo, son datos de suma relevancia para dar continuidad y fortalecer esta línea estratégica de trabajo como lo es fortalecer la innovación en las universidades estatales.
Entre otros documentos que dan cuenta de las brechas a las que se enfrentan las universidades públicas al desarrollar innovación, se encuentra el estudio pronto a publicarse “Percepciones y barreras en la colaboración universidad – entorno: Un estudio desde la perspectiva de investigadores en universidades chilenas”, elaborado por Katherine Santos, PhD (c ) de la Arizona State University, que da cuenta de los factores que influyen en la colaboración entre investigadores de universidades chilenas y organizaciones externas. Por otro lado, el libro “Innovar en Clave Pública: Principios y Prácticas para Gestionar la Innovación desde las Universidades Estatales”, busca consolidar un marco común para impulsar la innovación desde las instituciones de educación superior del Estado.
En este sentido, la antigua frase de que «las universidades no son las que construyen máquinas» no es una debilidad, sino que más bien refleja una división funcional esperable y aún más, fundamental dentro del ecosistema de innovación, ya que las universidades, por definición, son «fuentes de capacidades industriales», pero no son los motores de producción físicos directos.
Es más, una universidad pública no fue diseñada para fabricar, comercializar o escalar productos a gran escala. La industria y la empresa privada, en cambio, poseen las capacidades de ingeniería, de producción, de inversión, de escalamiento y de acceso a mercados. El rol de la universidad es generar conocimiento, formar capacidades, desarrollar tecnologías y reducir el riesgo asociado a las primeras etapas de innovación.
Pero ¿cómo podríamos avanzar en reducir estas brechas? Reforzando, por ejemplo, los mecanismos que permitan que el conocimiento científico de excelencia pase de forma más eficaz del laboratorio a la aplicación industrial. Podríamos comenzar dejando el modelo tradicional de trabajo de las “oficinas de transferencia de tecnología” — desde la institucionalización formal de las Oficinas de Transferencia y Licenciamiento (OTL) en el sistema universitario en 2011— y cambiar hacia un modelo dinámico de coinnovación con los equipos de las empresas.
Sabemos que la colaboración entre la universidad y la industria está limitada por diferencias en las culturas institucionales, los procedimientos administrativos, los incentivos y las expectativas. Sin embargo, desarrollar experiencias de colaboración y generar confianza entre la universidad y privados puede reducir significativamente estas barreras.
Creo que, para la generación y consolidación de alianzas robustas y duraderas, se requieren modelos de codesarrollo, en los que la industria participe activamente desde las primeras etapas de una investigación, ayudando a identificar las necesidades tecnológicas y de mercado, definiendo en conjunto problemas reales de la industria. Lo anterior debe ir acompañado de una sólida financiación para la prueba de concepto y la ampliación a escala de las soluciones, con el fin de llevar las tecnologías desde la validación en laboratorio hasta niveles de madurez tecnológica (TRL o Technology Readiness Level – IRL o Innovation Readiness Level) más altos e incluso a la demostración industrial y al modelo de negocios.
El mejor ejemplo en Chile de este modelo exacto es el Centro Nacional de Pilotaje, una corporación impulsada por CORFO y cofundada por cinco universidades chilenas junto a un socio industrial, en este caso la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Técnica Federico Santa María, la Universidad Arturo Prat y la asociación industrial Minnovex. Dentro del trabajo que realiza el CNP, las compañías mineras, como Codelco o BHP, definen problemas operativos reales y no resueltos, por ejemplo, la fatiga de materiales o el consumo de agua. Por su parte, los investigadores de las universidades diseñan soluciones tecnológicas con la industria sentada en la mesa desde el primer día. El CNP se especializa justamente en el «Valle de la Muerte» tecnológico: toma los desarrollos universitarios que funcionan a escala de laboratorio (TRL 4) y, mediante fondos públicos y co-inversión privada, financia y opera el escalamiento para probarlos en sitios industriales reales, túneles de prueba y faenas mineras hasta alcanzar niveles de validación comercial (TRL 7 u 8).
En la Universidad de Los Lagos hemos generado vinculación bidireccional de largo aliento con privados nacionales e internacionales a través de una figura de contrato I+D+i (Investigación + Desarrollo + innovación), y en una dinámica virtuosa donde el mundo académico resuelve los problemas del sector privado actuando como una voz experta, objetiva, especializada y basada en la investigación y el método científico.
En 2023 surge la Red de Innovación CUECH como parte de la estrategia de colaboración interinstitucional desde el Consorcio de Universidades del Estado, reconociendo a la innovación como un recurso esencial para enfrentar desafíos complejos y promover el desarrollo sostenible en los territorios de influencia de las universidades estatales. La experiencia obtenida por la Red, con sus tres años de trabajo, generando instancias de colaboración interinstitucional, permitirá fortalecer la discusión de estos temas, recabando la experiencia de todas las unidades de innovación pertenecientes a las universidades estatales, facilitando la búsqueda de soluciones en conjunto y caminos colaborativos en torno a cómo reducir esta brecha.
Una última idea que no puedo omitir se relaciona con la necesidad de contar con las capacidades habilitantes: es decir, profesionales expertos en transferencia tecnológica, que comprendan no solo la propiedad intelectual, sino también el desarrollo de productos, la normativa, los modelos de negocio y las necesidades de la industria. El pilar de esta transformación se basa en reforzar nuestras OTLs con el fin de reducir la brecha cognitiva, organizativa y relacional entre nuestras universidades y las empresas.
A esto se suman la preocupación que tenemos las universidades estatales por asegurar la sostenibilidad financiera de nuestras instituciones, tal como mencionaba Marisol Durán, rectora de la Universidad Tecnológica Metropolitana y presidenta del CUECH, en su columna titulada “Sostenibilidad financiera de Universidades estatales: mejores reglas para una gestión eficiente”, donde destaca que “el debate sobre la salud económica y patrimonial de nuestras instituciones es, finalmente, una conversación sobre qué tipo de país queremos construir y qué rol le asignamos en ese camino al conocimiento, a la ciencia, a la preparación de capital humano avanzado y la formación de ciudadanos comprometidos con el progreso y la democracia de nuestra sociedad”.
Como universidades estatales, tenemos grandes y diversos desafíos en materia de reducción de brechas para la innovación, pero tenemos a nuestro favor la importancia que le damos a la colaboración y la generación de redes de trabajo, como la Red de Innovación CUECH, que sin duda nos permitirá avanzar en sortear estas dificultades compartidas.