ENTREVISTA: EL PRINCIPAL CREADOR MUSICAL DE 31 MINUTOS Y EL CUEQUERO HABLAN DE SU PRIMER DISCO FOLCLÓRICO LUEGO DE 20 AÑOS DE AMISTAD
Pablo Ilabaca y Lucho Castillo: “Chile es un país que se puso fome”
13.09.2026
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ENTREVISTA: EL PRINCIPAL CREADOR MUSICAL DE 31 MINUTOS Y EL CUEQUERO HABLAN DE SU PRIMER DISCO FOLCLÓRICO LUEGO DE 20 AÑOS DE AMISTAD
13.09.2026
Amigos desde hace 22 años, el ideólogo musical de 31 Minutos y el folclorista sureño publicaron su disco debut, Volumen 1 -bajo el nombre Castillo Ilabaca-. Una colección de canciones folclóricas cristalinas que transita por baladas campesinas, tonadas, trotes nortinos, rancheras y cuecas, inspiradas en la música de los 50. En esta entrevista, hablan sobre la escasa vida nocturna en Chile, describen el excelente momento del folclor local, la resistencia de los artistas ante el presente político cultural y abordan el respeto en el exterior por el arte nacional. “Si tienes rigor, se pueden lograr cosas”, dicen.
La primera vez que Pablo Ilabaca y Lucho Castillo coincidieron en un mismo lugar fue en junio de 2004. El actor Daniel Muñoz junto a la gestora cultural, Maruja Sánchez, organizaron un “gran cuecazo” en el teatro Municipal de Viña con varias bandas del género. El folclor, luego del impulso noventero de Los Tres y la resurrección de personajes históricos de la cueca brava como Nano Núñez, estaba floreciente. Ilabaca, por esos días en Chancho en Piedra y 31 Minutos, había llegado junto a Los Santiaguinos a empaparse del estilo. Castillo, líder y cantante de Los Tricolores, también presente en esa jornada, llamó de inmediato la atención del guitarrista. Era el único cuequero que era fanático de Iron Maiden, Metallica, Megadeth y Anthrax. Y el diálogo fluyó fácil. “Estaba recién cachando la cultura cuequera y Lucho me dejó impresionado porque era distinto a los demás cuequeros, tenía un conocimiento rockero. Yo era al revés. Me gustaba el rock y quería conocer la cueca”, dice Pablo Ilabaca. La jornada siguió hasta el amanecer en un bar en Valparaíso y el integrante de Chancho en Piedra se despidió con una invitación: lo convidó a su casa, en La Florida, donde vivía con sus padres y le pidió que llevara discos de su grupo porque le quería comprar algunos. “Nos juntamos en su casa e hicimos una cueca que se llamaba ‘El sapo de las micros’, mientras comíamos un plato de lentejas hecho por su mamá”, rememora Castillo.
Se hicieron amigos e incluso formaron una banda de cuecas llamada Los Castillo. Pero sus agendas profesionales arrasaron con el incipiente proyecto. Ilabaca tenía cada vez más compromisos laborales con 31 Minutos sin dejar de lado a Chancho en Piedra y Castillo seguía al timón de Los Tricolores y se sumaba a otras agrupaciones. “Aunque siempre quisimos hacer un disco”, recalca el folclorista. Casi dos décadas después se cerró el círculo. En 2023, la pareja se reunió en un estudio y grabó canciones de autoría de Castillo y con producción de Ilabaca con un denominador común: el folclor. Y también con la emoción a flor de piel. Ese mismo año falleció Luis, el hermano mayor del guitarrista, a los 58 años por una enfermedad degenerativa y Jaime, el padre del folclorista. De hecho, uno de los temas -un trotecito norteño- se titula “Jaime”, en honor a su progenitor.
Fue un proceso difícil y emotivo que recién pudieron terminar el año pasado. Pero sin apuro por publicar de inmediato. “Como dicen en el campo, nos subimos arriba del caballo y llegaremos al pueblo cuando corresponda. Cuando grabamos este disco, hubo un momento de partidas, fue triste. Pero hay que pararse no más, estar firmes”, enfatiza Castillo, mientras su compañero añade que “esperamos el momento preciso para publicar porque queríamos darle rodaje y jerarquía a estos temas. Además, Lucho vive en Yungay y siempre está trabajando y yo estaba con las giras de 31 Minutos y un disco que estábamos grabando con mi hermano Felipe. Teníamos harta pega”.
El dúo se llamó simplemente Castillo Ilabaca y su álbum se titula Volumen 1 y no es una obra muy convencional. No hay bajo, ni batería. Se ocupan cuerdas de nylon, tubas, pandero y una caja de galletas como percusión. “Queríamos que sonara como las canciones folclóricas de los 50. Recuperar a Silvia Infantas, el sonido de Los Caporales”, responden. Emotivo, de guitarras cristalinas y en que, por momentos, la voz de Castillo se emparenta a la de Angelo Pierattini, el trabajo se pasea por tonadas, cuecas, trotes nortinos, baladas campesinas y rancheras. Todo un envoltorio característico de la musicalidad popular chilena.
-Ustedes llevan más de 25 años haciendo música. ¿Cómo sacan ideas sonoras nuevas?
–Pablo Ilabaca: No hacemos esfuerzos porque nos gusta toda la música. Cuando era chico, tenía una chapa de funk. Pero cumplí 50 años y escucho mucha música. De todos los estilos. Y me gusta la música nueva. Esta mañana estaba escuchando “Thank You”, el nuevo disco de Mike D de los Beastie Boys. Tiene 62 años, toca con los hijos y hace música increíble. Me compré una colección de música clásica japonesa. También me encanta escuchar folclor. A León Tolstoi le cargaba Wagner porque, decía, llegó a romper la música. Y agregaba que le gustaba el folclor porque es música que se puede entender en cualquier lugar. Si escuchas a Mike D es folclor de Nueva York. Siempre te puedes nutrir de otros e inspirarte. Por eso me encanta grabar: porque esos registros te transforman en inmortal.
–Lucho Castillo: No hay que limitarse en la música. Si trato de evitar parecerme a alguien, no haría nada. James Hetfield, el cantante de Metallica, decía que siempre le gustó el country y no quería escucharlo para no influenciarse. Es como decir, soy cuequero y no cantó nada más. Me inspira escuchar de todo. Me hace tener convicción y creérmela. Aunque cuando digo eso en Yungay, en mi pueblo, creen que me estoy levantando de raja.
Para la dupla, Chile vive momentos extraños, paradojales. El miércoles pasado, por ejemplo, fueron invitados por Pedro Ruminot al teatro Caupolicán a tocar un par de cuecas al evento en homenaje a Mirko Jozic. Pese a que no pudieron ver al director técnico, Ilabaca, sobre todo, estaba dichoso. Es colocolino, va seguido al estadio y refuerza su fanatismo con un dato decidor. Su hija Amapola nació un 19 de abril, el mismo día de la fundación del equipo popular.
Tras finalizar los ensayos, esa misma tarde, le dijo a su partner que lo acompañara a comerse un completo y tomar un schop a una fuente de soda cercana. Y pasó algo insólito. No hubo ninguna. Ya no existen en ese barrio. “Fue algo muy extraño. San Diego es una calle histórica del centro de Santiago y no había ni una sola fuente de soda. Solo barberías y restaurantes peruanos. No es un sesgo cultural. Me encanta que haya colombianos, peruanos y venezolanos, pero siento que se pierde la chilenidad. Lo mismo que las ofertas que existen en Santiago para divertirse o salir a bailar hasta tarde están desapareciendo. Chile es un país que se puso fome. Vas a un restaurant a las diez de la noche y la cocina está cerrada. En Buenos Aires o Lima está abierto hasta las 5 de la mañana. Para nosotros no es tanto el problema porque somos más viejos, pero para un cabro de 20 años debe ser terrible”, indica Ilabaca.
¿Más paradojas? Según Castillo, el folclor va en alza: tiene nuevos exponentes y está en su mejor momento. “No recuerdo un periodo tan diverso y con tantos cabros jóvenes interesados en el folclor y las cuecas. Antes casi no había mujeres. Ahora está lleno de niñas que tocan contrabajo, acordeón y otros instrumentos o son protagonistas en estilos como el bolero. Y todos están rescatando y mirando la musicalidad y el sonido de los 50, que antes no se pescaba mucho. Es importante que ese sonido, esa manera de tocar no se pierda. Hay mucho talento en Chile. La música folclórica sigue floreciendo”.
Ambos también tienen esperanzas en la cultura chilena, pese a los intentos del gobierno de minimizarla lo más posible. “Los periodos oscuros estimulan la creación y te invitan a soñar, a prender la linterna en el túnel”, señala Castillo. Para la dupla, el ambiente político es pésimo, pero existe un convencimiento generalizado de no dejarse avasallar. “Hay muchos artistas que están trabajando con más ganas”, afirma Ilabaca. “Tenemos que hacer la fuerza para crear resistencia y, de ahí, esperanza y que la balanza se equilibre. Si el arte lo quieren destruir, pasa lo contrario: todos quieren hacer arte. Daniel Muñoz me decía que hay que hacer tocatas en lugares íntimos para generar más fuerza y cohesión social”, replica el folclorista.
-¿Por qué el folclor a nivel masivo es popular solo en septiembre?
– Lucho Castillo: Somos una especie de pariente pobre, pero creo que es por culpa de nosotros. No nos damos la relevancia que deberíamos tener. Por ejemplo, en los supermercados escuchas folclor en este mes, pero pasa el 18 y nunca más. Y hay otras cosas. Estaba escuchando en la radio que las fondas van a extenderse solo hasta las 12. Eso es no entender nada. No hay ningún respeto.
-Ustedes están consolidados y con trabajo constante. ¿Sienten que todavía es muy difícil para alguien que quiere hacer música vivir de ella?
–Pablo Ilabaca: Era mucho más difícil en los 90. Yo diría que era casi imposible. Nosotros, con los Chancho en Piedra, hicimos un pacto: que no íbamos a parar de hacer música hasta que nos fuera bien. Tocamos en colegios, en universidades, en la picá de don Chito, trabajábamos para comprar instrumentos. Partimos en 1994 y en el 2000 teníamos cuatro discos. Nos acostumbramos a la rigurosidad.
-¿Creen que el músico chileno está muy acostumbrado al lloriqueo?
–Pablo Ilabaca: Somos llorones y muy chaqueteros, pero ha ido cambiando. Cada vez son menos los que dicen que no tienen oportunidades. Todo tiene que ver con trabajar, tener tesón. Y no perder tiempo porque pasa muy rápido. Si te planificas, las cosas pueden resultar. Creo que la mentalidad está cambiando.
–Lucho Castillo: Muchas veces, uno anda buscando una muralla para poner un clavo y colgar la guitarra. Pero aprendí que hay que tener constancia y no llorar. En el arte, debes guerrearla. Y lo elemental: ser profesional. Si tienes rigor, se pueden lograr cosas. Algunos no están dispuestos y así les va.
-¿Cuál es la particularidad del artista chileno?
–Pablo Ilabaca: Estamos a la cresta del mundo y encerrados entre el mar y la montaña. Esa es una particularidad porque siempre nos estamos mirando al interior. Yendo a México, me di cuenta que nos respetan. Tenemos dos premios Nobel de literatura, a Violeta Parra, Víctor Jara, Jorge González, Lucho Gatica. Exportamos buenos artistas. El otro día miraba a Mariana Di Girolamo en el festival de cine de Venecia con su película “Wild Horse Nine” -sobre dos agentes de la CIA en Chile en 1973- y decía qué bonito como se desenvuelve y habla en perfecto inglés. Era un lujo verla.
-¿Cómo has asimilado este año tocando para 250.000 personas en el Zócalo de Ciudad de México y el éxito en Tiny Desk con 31 Minutos?
–Pablo Ilabaca: Tocar en otros territorios ha sido un gran aprendizaje. Ver que mi música se toca en Washington y mis canciones de 31 Minutos tienen millones de visitas es una gran alegría. Pero lo que me deja más contento es recibir mensajes de mucha gente joven latinoamericana que están tocando la guitarra gracias a esas canciones. Eso me hace sentir realizado. Es la mejor sensación de que he hecho un buen trabajo.