Carlos Caszely: el superhéroe de Jorge González
16.08.2026
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16.08.2026
A propósito del reciente lanzamiento de Como todos los domingos, la nueva canción de Jorge González junto a Valija Diplomática, el autor de esta columna repasa la admiración del líder de Los Prisioneros por Carlos Caszely. Sostiene que «para Jorge González, el ídolo colocolino encarna varios aspectos, más allá del color de la camiseta: la rebeldía, la conciencia social, la valentía y la alegría del gol. Esa característica casi mitológica de su comportamiento ha hecho que el músico tenga detalles de admiración que no son muy recurrentes».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno
La relación de los músicos con los futbolistas -y el fútbol- siempre ha sido estrecha. Quizás porque ambos simbolizan el mismo carácter divino para los fanáticos o porque simplemente otorgan alegría popular. Hay casos reconocidos. En su autobiografía, Morrissey contó que la primera vez que fue al estadio junto a su padre a ver al Manchester United, se tuvo que ir antes de finalizar el partido porque se desmayó al observar a su héroe, George Best.
En Argentina, la devoción por Maradona es legendaria. Ahí están las canciones que solistas como Rodrigo o la banda Los Piojos hicieron en su homenaje, además de participaciones del fallecido futbolista en shows de Andrés Calamaro o Fito Páez.
En Chile, un país que no es futbolizado, también hay casos similares. A comienzos de los 60, en plena época del Mundial que se realizó en Chile, Camilo Fernández, el máximo productor de la Nueva Ola, ideó una canción para tributar a Tito Fouillioux llamada “Tito, mi amor” interpretada por Luz Eliana. El reconocimiento no le gustó al deportista. Alegó que nadie le había pedido autorización y la prohibió vía judicial. Por supuesto, el tema se transformó en un hit. En sus últimos años de vida, Patricio Manns, uno de los más grandes cantautores de la historia de la música chilena y reconocido colocolino, dijo que uno de sus sueños era conocer a su ídolo: Esteban Paredes.
El fanatismo de Jorge González por el fútbol y, especialmente, por Carlos Caszely no es nuevo. En las presentaciones de 2001, que marcaron el regreso de Los Prisioneros, su bajo tenía stickers de las insignias de los clubes chilenos. Durante su trayectoria artística reconoció que fue cantante porque no pudo ser futbolista y que era arquero, emulando a Juan Olivares, icónico portero de Unión Española. Y pese a que es un reconocido hincha hispano, González, como todos los que fueron niños en los 70 y los 80, reconoce en el emblema colocolino a un superhéroe. Hay actitudes de Caszely que no se olvidan. Las celebraciones de sus goles con el puño izquierdo en alto, su negativa a darle la mano al dictador y, fundamentalmente, el testimonio junto a su madre torturada en la campaña del plebiscito de 1988, que fue decisivo para el triunfo del No.
Hace unas semanas se estrenó en plataformas digitales el último y más pop single del líder de Los Prisioneros junto a sus contemporáneos Valija Diplomática. La canción, titulada Como todos los domingos, reivindica con nostalgia y admiración la biografía del goleador en dictadura. “Saben lo peligroso que era desairar al dictador/Carlos Humberto lo ignoró/nunca habrá nadie como él/Carlos Humberto Caszely y se acabó”, dice parte de la canción.
Para Jorge González, el ídolo colocolino encarna varios aspectos, más allá del color de la camiseta: la rebeldía, la conciencia social, la valentía y la alegría del gol. Esa característica casi mitológica de su comportamiento ha hecho que el músico tenga detalles de admiración que no son muy recurrentes. Cuando le preguntaron por “Domingo por la mañana”, la canción interpretada por “El Chino” de 1979, afirmó que era “buenísima”.
Caszely, por su parte, siempre ha sentido el respeto del rockero. En más de alguna ocasión, comentó que el cantante lo llamaba por teléfono para conversar y que el trato era con estima. La consideración del músico hacia el goleador no es nueva. En su disco solista, “Mi Destino” (1999), el líder de Los Prisioneros incluyó “Caszely”, uno de los temas (electrónicos) más subvalorados de su carrera y, a la vez, más emotivos para los futboleros. En ella, abre diciendo “arde la cancha, que juega Caszely” y, luego, describe con añoranza su infancia y sus idas al estadio entre la mejor época de Unión Española -cuando perdió la final de la Libertadores frente a Independiente en 1975- y la cita a Colo Colo 73 y al equipo de Barrabases. Todo, por supuesto, atravesado por el protagonismo de Carlos Caszely. Pocas canciones dedicadas a deportistas tienen frases tan encantadoras como conmovedoras y simbolizan de forma genuina el júbilo nacional por un gol de Carlos Humberto con la camiseta de Chile. “Baila la cancha/baila Santiago/un terremoto grado 9/Se ha declarado un maremoto/que se nos caiga la montaña/que Caszely lo ha hecho otra vez”.