Estrategia comunicacional penitenciaria: la puesta en escena de no tener un plan propio
14.08.2026
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14.08.2026
Señor director:
El Presidente de la República, José Antonio Kast, ha concurrido hasta la ciudad de Talca para monitorear personalmente el traslado de cerca de 400 personas privadas de libertad desde distintas unidades penales hacia la cárcel “La Laguna”. Esto, con el fin de, según sus propias palabras, demostrar el “cambio de mano”. Informó en la misma algunos cambios o estrategia respecto a este centro: las personas deberán usar uniforme, no estarán autorizadas a recibir encomiendas y las visitas serán solo a través de locutorios, es decir, sin contacto físico. Además, informó que esto se extendería a otras unidades penales de Chile. A esto le llamarón “Operación Cancerbero”. Todo, bajo la mirada de millones de chilenos y chilenas a través de TV abierta y los canales oficiales de Presidencia en medios digitales.
Lo que llama la atención es que el Presidente desconoce u omite un detalle respecto a su anunciada política penitenciaria, y es que ésta fue iniciada en el Gobierno del Presidente Gabriel Boric. Veamos: la inauguración de la cárcel “La Laguna”, fue en enero 2025; el comienzo del uso de uniformes y segmentación más precisa respecto a quienes pertenecen al crimen organizado fue anunciado en julio del 2025 y partió en el Recinto de Alta Seguridad en Santiago, luego se extendió formalmente a Antofagasta y Concepción, lo que continuaría en las demás unidades en la medida que se avanzara en la infraestructura necesaria para aquello; incluso, los vehículos blindados utilizados durante el procedimiento del día 13 de agosto del 2026 corresponden a una medida adoptada por el gobierno anterior, comprendiendo la necesidad no sólo de combatir el crimen organizado, sino que de dotar a Gendarmería de implementos indispensables para la seguridad penitenciaria, lo que claramente incluye los traslados de personas de alto compromiso delictual.
Es más, durante la gestión del Presidente Gabriel Boric se elaboró y comenzó a ejecutar el plan maestro de infraestructura penitenciaria, que fue presentado por el ministro Jaime Gajardo, y que hoy también se presentó como algo inédito o novedad, indicando que con el Complejo Penitenciario “La Laguna” se “suma 2.320 nuevos cupos para enfrentar el hacinamiento”.
Entonces, ¿cuál es el sello del presidente Kast en materia penitenciaria hasta hoy a través de la “Operación Cancerbero”?
Lo que sí fue novedad del actual Gobierno es su plan comunicacional, la transmisión en vivo (al fiel estilo de su campaña y de su referente Bukele), un reality del traslado de internos, lo que va contra toda norma de seguridad penitenciaria e incluso falta de “sentido común”, dirían por ahí. Harto de exhibición o exposición mediática, un relato de falsa seguridad para subir en las encuestas, la autocomplacencia de cumplir con una promesa de campaña, o quizás algo más banal que no se indica.
Pero poco o nada nuevo sobre el abordaje de una política seria sobre el sistema penitenciario, por ejemplo, sobre construcción de nuevas unidades penales (sin mencionar las contempladas ya en el plan maestro de infraestructura penitenciaria); los programas asociados a reinserción social para personas que no pertenezcan al crimen organizado y que deseen salir del círculo de la delincuencia; políticas de fortalecimiento al trabajo de habilidades y capacidades de personas que se encuentran privadas de libertad y no han iniciado o no han terminado sus estudios (más del 50% de la población penal); enfoque hacia las mujeres que suelen tener menos oferta programática para estudios, capacitaciones e incluso ocupación del tiempo libre; o el fortalecimiento en reinserción social juvenil para interruptor carreras delictuales de jóvenes que han cometido delitos violentos y tienen intenciones de cambiar sus vidas.
Podría seguir, pero al no existir un plan específico sobre las problemáticas del sistema penitenciario y de prevención, el sello queda sólo en los likes y compartidos, slogans de campaña eternos y como dijo una ex candidata “voladeras de luces” y nada de política pública gubernamental, que es lo que se esperaba de un Gobierno que prometió seguridad como sello.