El camino a la reunificación: la (otra) historia de los vuelos chárter desde Haití
20.07.2026
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20.07.2026
Los autores de esta columna sostienen que el escándalo de los vuelos chárter con niños haitianos hacia Chile no debe leerse como un caso aislado de irregularidad, sino como la consecuencia directa de años de políticas migratorias cada vez más restrictivas que dificultaron la reunificación familiar por vías regulares. A partir de una investigación con 625 inmigrantes, incluidos 157 haitianos, argumentan que fueron las propias familias las que financiaron estos vuelos como una de las últimas rutas legales disponibles para reencontrarse con sus hijos.
Imagen de portada: Hans Scott / Agencia Uno
El 15 de junio de 2026 se hizo público un informe preliminar de la Contraloría General de la República que destacaba irregularidades y una falta de coordinación entre organismos del Estado en relación con la llegada de 105 niños y niñas haitianos a Chile durante 2025. Los niños llegaron en el marco de procesos oficiales de reunificación familiar, en vuelos chárter, a veces con 20 o más niños a cargo de un solo adulto responsable.
Después de que el informe comenzara a circular, autoridades y medios de comunicación afirmaron que no podían dar con el paradero de 64 de estos niños, niñas y adolescentes, sugiriendo incluso que podrían haber sido víctimas de tráfico de personas o de órganos. Sin embargo, en pocos días diferentes municipalidades informaron que todos habían sido ubicados, con estatus migratorio regular e ingresados al sistema de salud y educación del país.
Pero ¿por qué tuvieron que llegar a Chile en vuelos chárter?
Nuestra investigación académica, que incluye la realización de encuestas y entrevistas a 625 inmigrantes— incluyendo 157 haitianos—demuestra que la respuesta no comienza con los vuelos chárter, sino con años de políticas migratorias cada vez más restrictivas que han dificultado la migración regular y ordenada de las personas haitianas. Estas políticas han complejizado los procesos de reunificación familiar y generado precisamente las condiciones de vulnerabilidad que quedaron en evidencia en el informe de la Contraloría.
Cuando comenzó el aumento significativo de la migración haitiana en 2015, Chile permitía a los haitianos ingresar como turistas y luego regularizar su residencia mediante un contrato de trabajo. Sin embargo, desde 2018 el Estado implementó visas específicas para la población haitiana que obligan a obtener autorización previa a viajar. Además, se incorporaron nuevos requisitos, como un certificado que avala no tener antecedentes penales, que resultan extremadamente difíciles, si no imposibles, de obtener debido a la crisis política que atraviesa Haití. A esto se sumaron largos tiempos de espera, producto del rezago institucional del entonces Departamento de Extranjería y Migración y, posteriormente, del Servicio Nacional de Migraciones (SERMIG).
El resultado ha sido que migrar con regularidad y mantener un estatus migratorio autorizado se ha vuelto mucho más difícil. Esto ha afectado especialmente a miles de madres y padres que viven en Chile y que durante años han intentado reunirse con sus hijos.
Richard, padre de tres hijos, llegó a Chile en busca de mejores oportunidades para su familia. Cuando lo entrevistamos en 2024 llevaba casi seis años esperando su permanencia definitiva. Durante ese tiempo no había podido traer a su esposa ni a sus hijos. «Estoy obligado a vivir la vida de un prisionero», nos dijo.
Marie también esperaba reunirse con sus hijas, ”pensaba que una vez que llegara aquí en un plazo máximo de un año, ellas iban a estar conmigo sí o sí”. Sin embargo, no pudo acceder a la permanencia definitiva porque no logró obtener nuevamente un certificado de antecedentes penales desde Haití, pese a que ya lo había presentado. «Chile sabe muy bien que no vamos a conseguir estas cosas», explicó. Mientras tanto, llevaba siete años separada de sus hijas.
Detrás de los extensos plazos burocráticos, lo que realmente se hace evidente es el costo humano: años de separación entre padres, madres e hijos/as. Para muchas familias migrantes no resulta realista traer a sus hijos cuando migran por primera vez. La expectativa siempre ha sido establecerse, conseguir trabajo y, después de un tiempo relativamente corto, iniciar el proceso de reunificación familiar. Pero cuando ese proceso tarda cinco, seis o siete años, la necesidad de reunirse no desaparece. Marie enfatizó: “Hay muchas personas con quejas por sus hijos, necesitan traerlos aquí. Han hecho solicitud de visa, han hecho trámites por sus hijos, muchos de nosotros estamos quejando, estamos sufriendo. Los niños están sufriendo y los padres también.”
La investigación internacional ha demostrado de manera consistente que endurecer las políticas migratorias no detiene la migración. Lo que hace es volverla más precaria. Cuando las personas no pueden buscar seguridad, estabilidad y oportunidades mediante vías regulares, recurren a las opciones que aún tienen a su disposición. Chile ya ha experimentado este fenómeno con el aumento de la migración irregular, que ha aumentado como resultado del endurecimiento de la frontera y de las políticas migratorias.
El uso de vuelos chárter para la reunificación familiar es otro ejemplo de cómo las restricciones no eliminan la migración, sino que la desplazan hacia rutas más vulnerables. Surgen como respuesta a no solo las largas esperas para la reunificación familiar y desesperación de los padres y las madres haitianas en Chile, sino también como solución a la ausencia de servicios aéreos entre Haití y Chile.
Haití inició el siglo XXI inmerso en una crisis social, económica y política que mantiene al país en una extrema vulnerabilidad, y los problemas estructurales han continuado afectando gravemente al país. Durante la última década, la situación se ha agravado debido a la escalada de la violencia. En este contexto, surgieron bandas criminales armadas que han llegado a controlar más de 80% de la zona metropolitana, además han extendido su influencia hacia los departamentos del centro y norte del país. La escalada de violencia ha afectado profundamente el funcionamiento de los servicios públicos y también los vuelos comerciales entre Puerto Príncipe y otros países. El Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture permanece cerrado desde hace más de un año.
Esta realidad no solo obligó a una parte importante de la población a migrar, sino que también dificulta que los migrantes haitianos se establezcan en los países de destino. En muchos casos, los migrantes haitianos encuentran dificultades para regularizar su situación migratoria en los países receptores debido a la incapacidad del Estado para entregar oportunamente los documentos necesarios.
Pero mucho antes de esto, las aerolíneas que conectaban ambas naciones cesaron sus operaciones directas. Según los antecedentes públicos, a partir del año 2018 la conectividad regular entre Chile y Haití iba decayendo por la suspensión de permisos de vuelos regulares entre ambos países. Ante la pérdida de esta conectividad aérea, las personas que deseaban migrar a Chile se vieron obligadas a buscar rutas alternativas, principalmente a través de vuelos desde la República Dominicana, donde dicho país les cobra aproximadamente 1.700 USD para poder salir.
Los vuelos chárter surgieron como alternativa para que los padres y madres haitianos lograran traer a sus hijos e hijas
Pero, ¿quiénes financian estos vuelos chárter? Son las mismas familias, padres y madres de esos niños, niñas y adolescentes, aunque sea a costa de no poder cubrir sus necesidades básicas. En el caso de las familias haitianas, se trata de sus esfuerzos y sacrificios para traer a sus hijos a vivir con ellos en Chile.
Los vuelos chárter salen desde el Aeropuerto Internacional de Cabo Haitiano. De acuerdo con testimonios de varias personas, estos vuelos operan a través de un grupo que tiene agencias de viajes. Para cubrir la necesidad de conexión entre Haití y Chile, y responder a la necesidad de la reunificación familiar de tantos padres y madres que llevan varios años esperando, un grupo de emprendedores organiza el arriendo de una aeronave y gestiona las autorizaciones necesarias ante las autoridades competentes para realizar el vuelo. Cada uno de ellos opera con su propia agencia y comercializa una parte de los cupos disponibles.
Para adquirir un pasaje desde Haití a Chile, los pasajeros deben presentar la resolución mediante la cual se les otorgó la visa. En el caso de niños, niñas y adolescentes beneficiarios de una visa de reunificación familiar, las agencias asignan previamente el nombre del adulto que será responsable durante el vuelo. En muchos casos, por este servicio, las agencias también cobran una cantidad adicional a la visa y a la boleta de avión, lo que implica deudas considerables para las familias. Con esa información, solicitan a los padres que tramiten una autorización notarial que autorice el viaje del menor junto a la persona designada como responsable del menor. Las personas entrevistadas señalaron que las agencias verifican que los menores cuenten con toda la documentación requerida, incluida la resolución que otorga la visa, las autorizaciones notariales y los demás documentos exigidos para el viaje.
Cabe destacar, además, otro aspecto relevante: la existencia de actores que se benefician económicamente de esta situación, en particular aquellos que participan en la prestación de servicios asociados a los vuelos chárter. Reiteramos que las madres y los padres inmigrantes haitianos ven estos vuelos como una de las únicas formas de reunirse con sus hijos e hijas y de volver a vivir en familia después de largos periodos de separación. Entonces, el uso de los vuelos chárter surge de la necesidad de acceder a un transporte seguro. De esta forma incrementan las reunificaciones familiares y los vuelos chárter. Es la única forma de reunir a familias haitianas en Chile por vías legales, y los vuelos chárter funcionan como una herramienta derivada de la necesidad.
El endurecimiento de las políticas migratorias chilenas, combinado con la grave situación que atraviesa Haití y la falta de transporte regular entre ambos países, ha producido las condiciones que hoy se expresan en el uso de los vuelos chárter para la reunificación familiar. Detrás de este fenómeno hay miles de familias que, durante años, han intentado cumplir con las exigencias del sistema migratorio sin lograr reunirse con sus hijos.
Richard, uno de los participantes de nuestra investigación, resume esa frustración con una pregunta: «Lo que indica la ley muchos de nosotros lo cumplimos. Yo hago lo que pide la ley del país. La ley dice que normalmente se debe trabajar para tener acceso a los papeles; yo trabajo. Pago todas mis imposiciones. ¿Por qué no puedo conseguir los papeles”?
Antes de preguntarnos por qué estas familias recurrieron a vuelos chárter, deberíamos preguntarnos cuánto tiempo puede esperar una madre o un padre a volver a abrazar a sus hijos. Seis, siete o más años de separación son un tiempo que jamás volverá. Es evidente que muchas familias recurrirán a todos los recursos disponibles para lograr ese reencuentro. Ese es el verdadero problema que el debate público debería estar discutiendo.
Cuando las vías legales dejan de ser viables, las familias no dejan de intentar reunirse. Cambian las rutas que utilizan para hacerlo.
(*) Los autores agradecen a ANID FONDECYT Regular 1231102, “Rutas fragmentadas: el impacto de COVID-19 y políticas restrictivas en las nuevas geografías de la migración a Chile”