La deuda chilena con la preparación para el trabajo
27.06.2026
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27.06.2026
Señor director:
Con alta frecuencia, se observan en redes sociales y medios de comunicación expresiones del tipo “competencias del futuro”, “competencias clave”, “los graduados no cumplen con lo requerido por los empleadores”, -y más recientemente- “el desempleo ilustrado va en aumento” y “carreras con menos futuro”. Se trata de un discurso que reafirma la tendencia a abordar el tema de manera monodimensional, con foco -casi exclusivo- en la rentabilidad económica. Esto tiende a invisibilizar las deficiencias estructurales del sistema, el rol histórico de la universidad y los aspectos clave para abordar este tema de forma constructiva.
Cualquier estrategia orientada a fortalecer la preparación para el trabajo de las personas implica potenciar el desarrollo de capacidades que no expiran, se acumulan y sirven para la vida en general. No estamos ante un nuevo paradigma, sino ante la necesidad de volver al origen: la metacognición, el pensamiento crítico y aquello que nos hace humanos.
Esta premisa cuenta con el respaldo de la experiencia internacional. Los Estados que llevan décadas desarrollando políticas de empleo efectivas se basan en la investigación especializada para configurar mecanismos sólidos. En 1989, EE.UU. creó el National Career Development Guidelines (NCDG), el primer marco nacional de competencias para el desarrollo de carrera. Tras ese hito, países como Canadá, Australia, la Unión Europea, Nueva Zelanda y Escocia establecieron formalmente marcos como políticas públicas. Operan como un «currículo nacional» especializado en la preparación para la vida activa en todos los niveles educativos.
Lejos de enfocarse en destrezas técnicas perecederas, estos marcos estructuran las trayectorias profesionales en torno a cuatro ejes secuenciales: el autoconocimiento (la dimensión metacognitiva), la exploración adaptativa del entorno, la toma de decisiones estratégicas y la puesta en acción. El autoconocimiento —que la filosofía clásica ya situaba en el origen del desarrollo humano— se resignifica hoy frente a la incertidumbre socioeconómica y tecnológica.
Sofisticar este núcleo de capacidades esenciales que tributan directamente al empoderamiento y la agencia de las personas es lo que debería ocupar el espacio central en las discusiones públicas.
En noviembre próximo se realizará en Auckland el décimo Simposio Internacional sobre Desarrollo de Carrera y Políticas Públicas, organizado por el ICCDPP y el Gobierno de Nueva Zelanda. Bajo el lema maorí «Nā tō rourou, nā taku rourou ka ora ai te iwi» (Con tu aporte y mi aporte, la gente prosperará), este foro reúne a responsables de políticas de una treintena de países y cuenta con el patrocinio de organismos como la OIT, OCDE, Unesco y el Banco Mundial.
Sin embargo, Chile jamás ha participado con representantes gubernamentales de Educación o Trabajo. Mientras el debate local se entrampa en el ruido de la inmediatez, el Estado sigue ausente de los espacios donde se analiza integralmente la preparación para un mercado altamente cambiante. El simposio de Auckland es la oportunidad para romper esa inercia. Es hora de que el país asista con una delegación intersectorial dispuesta a articular la estructura de soporte que la ciudadanía necesita de forma urgente. Pasar de la emergencia a la acción es hoy nuestra principal deuda estructural.