Salario en Chile: viviendo al mínimo
01.05.2026
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01.05.2026
Mientras en el Congreso comienza la discusión del proyecto de sueldo mínimo del gobierno, sin la anuencia de la CUT, es un buen momento para analizar en forma comparada si el nivel actual es acorde a los ingresos de Chile y cómo se proyecta. Los autores de esta columna comparten sus conclusiones de dos estudios realizados sobre la base de la realidad nacional.
Imagen de portada: Mario Dávila / Agencia Uno
En el contexto actual de inicio del nuevo gobierno presidido por José Antonio Kast y la permanencia de altos niveles de desempleo total, parcial y potencial, el Ejecutivo debe ingresar un nuevo proyecto de ley para reajustar el salario mínimo a partir del 1 de mayo de 2026, cuyo valor actual es de $539.000 brutos y rige desde el 1 de enero de 2026. Una vez más, las expectativas de que se proponga una política de mediano plazo para aumentar el salario mínimo y que exista un debate profundo son muy bajas. Las autoridades económicas, como es de costumbre, omiten el debate sobre la suficiencia, el objetivo central de la política del salario mínimo, y sustituyen la discusión sobre el valor y la dignidad del trabajo, por el asistencialismo, la entrega de bonos y la generación de empleos sin importar su calidad.
De acuerdo con los datos entregados por la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica disponible, CASEN 2024, se puede concluir que en Chile existe un evidente atraso salarial, y que el bajo valor que presenta el salario mínimo es un fiel reflejo de ello. Esta columna permite establecer un completo panorama sobre la cantidad y el tipo de trabajadores/as que ganan el salario mínimo o menos y comparar su nivel con lo que se observa en otros países a partir de dos estudios publicados recientemente por Fundación SOL.
En primer lugar, se puede decir que las personas que ganan el salario mínimo no son un grupo minoritario. Al considerar el total de trabajadores y trabajadoras dependientes que se desempeñan en el sector privado (incluye servicio doméstico y asalariados de empresas externas en el sector público), se puede concluir que en Chile se registran 830.716 personas que ganan el salario mínimo o menos (todos los supuestos que se consideran para llegar a esta estimación puede encontrarla en el apartado metodológico del estudio “Trabajando por el mínimo: radiografía de quienes lo perciben”).
Los bajos salarios son un problema generalizado en Chile. La política del salario mínimo no sólo afecta a quienes lo reciben, sino que, a gran parte de la fuerza de trabajo, a través de un “Efecto Faro”, que ilumina e impacta la distribución salarial. Por ejemplo, el 70% de las y los trabajadores dependientes del sector privado gana menos de $800 mil líquidos.
Al caracterizar a las personas que ganan el mínimo según territorio, sector económico y tipo de empresa, se puede decir que: en tres regiones, más del 15% de los trabajadores dependientes del sector privado ganan el salario mínimo o menos (Arica y Parinacota, Coquimbo y Ñuble), y el 57,4% se encuentran en la Agricultura, Industria Manufacturera, Transporte y Comunicaciones, Comercio y Hoteles y Restaurantes. Además, en las grandes empresas también se paga el mínimo. Mientras en las microempresas el 18,7% ganan el salario mínimo o menos, en la gran empresa el 7,9% se encuentra en igual situación, una proporción mucho más alta a la esperada. A nivel global, 1 de cada 4 trabajadores y trabajadoras dependientes en el sector privado que recibe el salario mínimo o menos es contratado por grandes empresas.
Un trabajador de una microempresa que tiene entre 6 y 9 personas contratadas registra una probabilidad de sólo un 2,8% más de ganar el salario mínimo o menos en comparación con un trabajador contratado por una gran empresa, de más de 200 trabajadores y trabajadoras. Probabilidad mucho más baja de lo que se podría esperar, considerando la heterogeneidad que estructuralmente presenta la matriz productiva chilena.
Por otra parte, los datos indican que los jefes y jefas de hogar también ganan el mínimo. El 31% de los jóvenes entre 15 y 19 años que tienen un trabajo dependiente en el sector privado ganan el salario mínimo o menos; no obstante, más del 10% de quienes tienen entre 30 y 65 años se encuentran en la misma situación, lo cual resulta muy preocupante considerando que en estos grupos de edad se concentra una mayor proporción de jefes y jefas de hogar. De hecho, del total de quienes ganan el mínimo o menos, el 41,4% es jefa o jefe de hogar.
Por consecuencia, las personas que ganan el mínimo no sólo pertenecen a los hogares más pobres. De hecho, 7 de cada 10 trabajadores y trabajadoras que ganan el salario mínimo o menos viven en hogares que se ubican entre el tercer y el séptimo decil de ingresos, lo que generalmente se tipifica como los sectores medios de la sociedad.
En cuanto a la investigación “Salario mínimo en perspectiva comparada”, se puede establecer lo siguiente:
Para comparar salarios mínimos se usan dólares ajustados por paridad de poder de compra (PPP), es decir, dólares que reflejan el efecto de los diferentes costos de vida que hay entre países, siendo esta la medida más utilizada en comparaciones internacionales. Por ejemplo, un dólar (a la fecha en que se ha terminado el estudio) equivale a 876 pesos chilenos, pero con 876 pesos chilenos se pueden comprar más bienes y servicios en Chile que con 1 dólar en Estados Unidos. Esto ocurre porque los tipos de cambio flexibles se determinan principalmente por la oferta y demanda de bienes y servicios comercializables internacionalmente (transables), mientras que lo que puede comprar una suma de dinero en un país en particular viene determinado por los precios de todos los bienes y servicios. En este sentido, el PIB per cápita PPP de los países con trabajadores y trabajadoras mejor pagados en el sector servicios (no transables) es más bajo que el PIB per cápita a tipo de cambio flexible, en tanto que los países cuyos trabajadores y trabajadoras de este sector reciben bajos salarios tiende a ser más alto.
Esto es relevante pues la mera transformación de los salarios mínimos en moneda local a dólar no permite realizar una comparación adecuada dadas las diferencias en los poderes adquisitivos. Para expresar los salarios mínimos en dólares PPP se ha utilizado el factor de paridad de poder de compra incluido en la base de datos del World Economic Outlook del FMI (versión abril de 2026). Los salarios mínimos de cada país en moneda local son los vigentes al 18 de abril de 2026.
En el caso de la OCDE, para controlar el efecto de los distintos estadios de desarrollo económico, se ha planteado la pregunta por el salario mínimo que tenían los países cuando ellos alcanzaron el PIB per cápita actual de Chile. Para determinar el año en el cual los países tenían el PIB per cápita de Chile hoy, se ha usado la base y la metodología del Maddison Project en virtud de la cual el PIB se transforma a dólares internacionales Geary-Khamis, los que son comparables entre países y entre años. Una vez determinado el año, se procede a indagar por el salario mínimo que tenían los países en ese período usando la base de datos de la OCDE.
En el informe se utiliza también el Índice de Kaitz Ajustado (IKA). Este indicador fue propuesto por Catherine Saget de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y consiste en expresar el salario mínimo como proporción del PIB per cápita. En su estudio, Saget clasifica a los países según el valor del índice. Un IKA menor o igual a 30 es considerado un “mini salario mínimo” y uno de 60 o más, un “maxi salario mínimo”. El mini salario mínimo denota un retraso de este en relación con el tamaño de la economía. Un maxi salario da cuenta de un mínimo “muy alto” y que podría poner en riesgos ciertos equilibrios macroeconómicos.
Chile actualmente tiene un salario mínimo de $539.000 en moneda local (pesos chilenos), lo que equivale a 615 dólares según tipo de cambio a la fecha ($876,4) y a 1.134 dólares internacionales PPP. Su PIB per cápita PPP es de 37.336 dólares, por tanto, la proporción del salario mínimo que se obtendría en un año, en relación al PIB per cápita PPP es 36,4%, lo cual corresponde al IKA de Chile.
Al compararnos con los países de América Latina, se puede observar que el salario mínimo de Chile tiene igual poder de compra que el de Colombia y Paraguay y un 23% superior al de Uruguay. Sin embargo, en este último país existe un Consejo de Salarios, en donde trabajadores/as y empleadores/as negocian a nivel nacional y ramal (sector económico) sus salarios y condiciones laborales, por tanto, el valor del salario mínimo pasa a ser un monto meramente referencial, que muy pocos trabajadores/as obtienen. En general, esta situación tiende a suceder en aquellos países donde está habilitada legalmente la Negociación Colectiva centralizada, lo cual en Chile no es así.
Por otro lado, el salario mínimo en Panamá permite comprar una canasta de bienes y servicios por un valor 27% mayor que en Chile. En otras palabras, el salario mínimo panameño rinde un 27% más que el chileno.
Finalmente, el salario mínimo de Costa Rica y México son los que reflejan de mejor manera la realidad económica de cada país, ya que su IKA se ubica entre 40% y 50%. Los casos de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, al presentar valores en torno al 30% (levemente superiores o inferiores), indican que sus mínimos se sitúan en torno a un mini salario mínimo, comprometiendo la reproducción de los trabajadores y trabajadoras que lo obtienen, ya que son muy bajos en relación con el costo de la vida que existe en cada país. Sin embargo, es importante destacar nuevamente que para este grupo de países sólo en Chile no existe la negociación colectiva centralizada (a nivel nacional o por sector económico), lo cual agrava las consecuencias de tener un salario mínimo tan exiguo.
En cuanto a la comparación con aquellos países de la Unión Europea y europeos de la OCDE que tienen un salario mínimo legal, se puede concluir que:
En general, en el debate nacional, se argumenta que Chile tiene un salario mínimo bajo, porque aún es un país de ingresos medios y en la medida en que se registren altas tasas de crecimiento económico durante un prolongado período de tiempo, se transformará en una nación de ingresos altos y sus indicadores se elevarán de acuerdo a los estándares internacionales de países similares. Por tanto, la posibilidad de que Chile tenga hoy un salario mínimo más alto y alineado a su realidad económica no sería una cuestión de voluntad política, sino de tiempo, vale decir, se debe tener paciencia, porque ya llegará ese momento donde el PIB sea lo suficientemente alto, para que sus indicadores sean un reflejo de aquello.
No obstante, los datos presentados en términos generales, indican lo contrario. Los países que en años o décadas pasadas alcanzaron el PIB per cápita en dólares comparables que hoy tiene Chile, fijaron un salario mínimo (calculado según valor hora) superior al que hoy tiene Chile.
Por ejemplo, cuando Holanda, en 1984, alcanzó el PIB per cápita en dólares comparables que hoy tiene Chile, su salario mínimo era 4,7 veces mayor que el que hoy tiene Chile.
Cuando en 1968, Estados Unidos, alcanzó el PIB per cápita en dólares comparables que hoy tiene Chile, su salario mínimo era 5,1 veces mayor que el que hoy tiene Chile.
En el caso de Portugal, esta convergencia se da en el año 2000 y su salario mínimo fue un 40% mayor al que hoy tiene Chile, en Polonia se da el 2014 y la brecha es de un 30% y en Nueva Zelanda en 1995 con una diferencia de 160%, vale decir, el monto era más del doble del que hoy se registra en Chile. Sólo en Corea del Sur, Estonia, Eslovaquia, Hungría y Lituania se observan datos similares. No obstante, hoy la brecha que existe entre los Salarios Mínimos de los países europeos con el chileno es mayor que la brecha entre sus PIB per cápita y el chileno, vale decir, sus pisos mínimos han crecido más rápido (como proporción del tamaño de su economía) que en el caso chileno.