Trump, Irán y la decadencia del imperio americano
12.04.2026
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12.04.2026
El autor de esta columna sostiene que el mundo está en presencia del inicio de la decandencia de Estados Unidos como poder hegemónico. Dice que «la decadencia del imperio americano es clara. Rusia ha vuelto a vender su petróleo en dólares y China, como competidora por la hegemonía, cosecha ante la pérdida de EE. UU., y sus antiguos aliados ahora piensan seriamente si Estados Unidos es un país confiable. Trump, que promovió hacer América grande nuevamente, se ha transformado en el sepulturero del imperio americano».
Imagen de portada: WhiteHosue.gov
En 2015, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, firmó el JCPOA (Plan de Acción Integral Conjunto, en español) entre el país norteamericano e Irán, junto con China, Alemania, Rusia, el Reino Unido y la Unión Europea, para evitar que Irán entrara en el club nuclear. Le resultó: Irán mantuvo un programa nuclear civil sin capacidad militar.
En paralelo, Benjamín Netanyahu alegaba insistentemente en cada foro que Irán podría tener la bomba atómica y que era la principal amenaza para la estabilidad de la región, sin aportar evidencia alguna. No escatimó esfuerzos para urgir a los Estados Unidos a que impidieran que Irán desarrollara un programa nuclear. Los mecanismos del JCPOA permitían determinar si el país de los ayatolás estaba enriqueciendo uranio para fabricar una bomba atómica. El Organismo Internacional de Energía Atómica señaló repetidamente que no había evidencia que permitiera sostener que Irán incumplía el acuerdo. Aun así, Donald Trump, que en ese entonces era un simple polemista de redes sociales y figura pop de los Estados Unidos, no se cansó de decir que era un acuerdo pésimo. El encono de Trump contra Obama era evidente: entre la envidia por la estatura política e intelectual de Obama y el afán de figurar de Trump, este prometió que, de ser presidente, sacaría a EE.UU. del JCPOA.
Al poco tiempo, Trump llega a la presidencia. El mismo que se hizo famoso por ser multimillonario de bienes raíces y figura televisiva, y por afirmar que Obama era extranjero. Logró la presidencia en 2016 y, en 2018, retiró a EE.UU. del JCPOA. A partir de ese momento, Irán se convirtió en uno de los países más sancionados económicamente del mundo.
Resulta claro que la propaganda majadera de Netanyahu cundió efecto. Trump se convirtió en el presidente más proisraelí de la historia. La idea de Netanyahu, asumida por Trump, era que un Irán debilitado económicamente sería una presa fácil para el cambio de régimen.
Hoy, en abril de 2026, 8 años después de todo aquello antes relatado, si Irán le ofreciera al actual presidente de EE.UU. el mismo acuerdo que Obama había firmado en 2015, este lo firmaría sin titubeos y declararía la victoria en una guerra que lleva 4 semanas y nadie entiende cómo se llegó a ella.
¿Cómo se explica esto?
Hay que entender que EE.UU. es un imperio en declive. Sigue siendo una potencia económica, militar, cultural y política a nivel global, sin parangón. Ese poder no está en decadencia, seguirá siendo un país con una enorme población, recursos económicos y militares. El declive es relativo, es decir, hay otros países que disputan la hegemonía. China es claramente un competidor: el poder unilateral de EE.UU. de antaño ahora se ve contrarrestado por el poderío chino en diversos ámbitos. Esa decadencia también es relativa, porque el poder blando de los EE.UU. se está erosionando. La imagen de los EE.UU. en el mundo se ha desgastado.
Donald Trump es un síntoma de esa decadencia, un presidente rústico, sin modales, ignorante y profundamente resentido con todo aquel que le haga sombra. En esta segunda presidencia se rodeó de personajes fanáticos, obsecuentes y obedientes. Tenemos a una figura algo siniestra, pero inteligente, como J.D. Vance, un nacionalista respaldado por los señores tecnofeudales. Por otra parte, a Pete Hegseth, un exmilitar de la Guardia Nacional que estuvo desplegado en Medio Oriente, cuya piel, llena de tatuajes, es testimonio de su ideología supremacista blanca, de su fanatismo religioso y de su fidelidad a su líder. Nadie en este gobierno tiene realmente experiencia en la alta política, están ahí por su lealtad al líder.
Por otra parte, Irán tiene una cultura milenaria y siglos de tradición diplomática. El actual sistema político deriva de la crisis que se desencadenó en 1978 y terminó con la renuncia del Sha en 1979 y la promulgación de una constitución islámica ese mismo año. En 1980, Irak atacó este país en una guerra apoyada por EE.UU., que duró 8 años, con un saldo de muertes enorme y una economía devastada.
El régimen de Irán no es una democracia, pero tampoco es una dictadura unipersonal. Es un intrincado sistema de gobierno cuya cúspide estaba en manos de la clase clerical. Con una clase media nada despreciable, una masa laboral femenina que ningún otro país del Medio Oriente tiene y más del 50% de estudiantes universitarios femeninos, Irán está lejos de ser ese país conservador y retrógrado que muchas veces pintan. Con el tiempo, Irán mejoró su situación económica y se produjeron cambios culturales. Hasta que llegaron las sanciones, lejos de doblegar al régimen, perjudicaron a las clases medias y a los sectores populares. El régimen se atrincheró y hoy es más militar que clerical.
Estados Unidos, gobernado por un egomaníaco que amenaza con destruir a toda una civilización, y, por otra parte, un régimen represivo cuyo mayor objetivo hoy es sobrevivir y poner fin a las sanciones impuestas por Trump en 2018. Si las negociaciones que se llevan a cabo en Pakistán culminan en un acuerdo, Irán puede declarar una victoria. Los puntos que puso sobre la mesa para entrar en negociaciones incluyen cláusulas que antes habrían sido irrisorias: como el derecho de Irán sobre el estrecho de Ormuz y el reconocimiento de EE.UU. del derecho de Irán a mantener un programa de enriquecimiento de uranio, además de la compensación por los daños causados durante la guerra. Es decir, si Trump no hubiera retirado a EE.UU. del JCPOA, la guerra no se habría producido.
La decadencia del imperio americano es clara. Rusia ha vuelto a vender su petróleo en dólares y China, como competidora por la hegemonía, cosecha ante la pérdida de EE. UU., y sus antiguos aliados ahora piensan seriamente si Estados Unidos es un país confiable. Trump, que promovió hacer América grande nuevamente, se ha transformado en el sepulturero del imperio americano.