Tragedia sin sentido en colegio de Calama
30.03.2026
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30.03.2026
El autor de esta columna analiza el caso de la fatal agresión en Calama que terminó con la vida de María Victoria Reyes a manos de un alumno. Propone cuatro ejes para construir comunidades escolares acogedoras y sostiene que «ante una tragedia de esta magnitud, vale la pena preguntarse qué podemos mejorar en las escuelas para contener a los niños y las niñas y evitar que tensiones en la convivencia y el bienestar exploten en eventos dramáticos como el recientemente vivido».
Imagen de portada: Juan Riquelme / Agencia Uno.
El 27 de marzo recién pasado un alumno del Colegio Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama apuñaló a la asistente de la educación de 59 años María Victoria Reyes, quien lamentablemente falleció en el recinto. Además, en el ataque resultaron heridas otras personas entre las que se cuentan estudiantes del colegio. Se trata de una tragedia sin sentido que deberá investigarse a fondo para conocer sus causas.
Al día de hoy aparecen dos hipótesis para la investigación. La primera postula que se trataría de una venganza contra un grupo de personas específicas del establecimiento. La segunda hipótesis sugiere que el estudiante sufrió una descompensación emocional. Sin embargo, más allá de las causas específicas, esta tragedia debiera invitarnos a la reflexión respecto de cómo se lideran comunidades escolares cuando la niñez y adolescencia enfrenta desafíos sociales y emocionales graves.
A partir de distintas cifras y estudios, se podría afirmar que las escuelas reciben a un alto porcentaje de estudiantes con heridas psicológicas y emocionales que acarrean desde la primera infancia. La sociedad en Chile está en una profunda deuda de apoyo socioemocional a los niños y adolescentes. Dos tercios de los hogares usan la violencia física o psicológica como método educativo, y un tercio de ellos usa violencia física, de acuerdo a la CASEN 2022. Tal situación genera trastornos psicológicos en la niñez y adolescencia. A estas pautas de crianza punitivas se suma la soledad y desmotivación que reportan los resultados SIMCE de los últimos años.
La realidad social, expresada en el triste caso de Calama, exige preguntarse cuáles son las claves para liderar establecimientos escolares en una sociedad muchas veces violenta contra la niñez y la adolescencia. Si las escuelas reciben estudiantes con heridas emocionales, entonces el desafío no es solo enseñar contenidos, sino también construir comunidades que contengan, orienten y desarrollen a los estudiantes de manera integral.
Se pueden adelantar cuatro ejes centrales para construir comunidades escolares acogedoras.
Primero, que los adultos en los establecimientos veamos a los estudiantes. Es decir, que conozcamos sus anhelos, miedos, sueños y frustraciones.
Segundo, que a partir del conocimiento y atención a los estudiantes se puedan desarrollar sistemas de alerta cuando éstos presentan signos de inestabilidad emocional para intervenir preventivamente. Estos procesos no son únicamente responsabilidad de los encargados de convivencia, sino de toda la comunidad en un marco multinivel. El liderazgo de los estudiantes, de los docentes y del personal directivo, identificando malestar emocional y aplicando medidas de contención, es clave para minimizar la ocurrencia de hechos que afecten la convivencia y puedan llevar a episodios de violencia.
Tercero, que en el establecimiento se implementen procesos educativos que permitan a los estudiantes, a través de la práctica constante, desarrollar relaciones sociales positivas como fuente de bienestar personal y comunitario. Desde el punto de vista pedagógico, es indispensable que en los colegios se desarrollen procesos educativos que les permitan a los estudiantes desplegar y desarrollar relaciones sociales saludables. No se trata de hacer cursos de convivencia. Más bien, esto implica que los docentes lideren estos procesos al modelar relaciones humanas sanas en las interacciones cotidianas en el aula. Que los alumnos experimenten el bienestar que tales relaciones traen a su vida y que ellos también sean líderes de sus comunidades para promover estas prácticas. Asimismo, las políticas de convivencia deben estar orientadas a la resolución pacífica de conflictos, a la mediación y a la restitución de las relaciones cuando estas se rompen. Los equipos directivos tienen un rol clave en implementar y mejorar continuamente estos procesos, que son fundamentales para la inserción social de los estudiantes.
Cuarto, que los profesionales de los establecimientos y los sostenedores escuchen y consideren los intereses e ideas de los estudiantes para crear ambientes más motivantes e inclusivos. En las salas de clases de Chile pocas veces se toma en consideración la perspectiva e intereses de los niños y adolescentes. El hiperfoco curricular y la creencia de que “pasando materia” y llenando guías se aprende está alejada de lo que muestra la evidencia. El aprendizaje es un proceso donde se interrelacionan aspectos emocionales, sociales y cognitivos que, cuando se combinan adecuadamente, producen motivación, bienestar y sensación de logro. Para ello es fundamental incorporar los intereses de los estudiantes, trabajar colaborativamente, permitir el error como parte del aprendizaje y generar retroalimentación constante en las interacciones de aula.
Por lo general, las crisis como la que se vivió en Calama tienen una historia que solemos reconstruir a posteriori. Sin embargo, cuando se conoce a los estudiantes y se pone atención en ellos, es posible desarrollar medidas preventivas al menor signo de incomodidad o inestabilidad emocional. La prevención no depende de una sola persona, sino de una comunidad adulta que observa, escucha, conversa y actúa coordinadamente.
Ninguna de estas sugerencias puede sanar el dolor que vive la familia de María Victoria Reyes, sus seres queridos y la comunidad educativa del colegio y de Calama. Sin embargo, ante una tragedia de esta magnitud, vale la pena preguntarse qué podemos mejorar en las escuelas para contener a los niños y las niñas y evitar que tensiones en la convivencia y el bienestar exploten en eventos dramáticos como el recientemente vivido.
Que en paz descanse María Victoria Reyes.
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