SIMCE 2025: más allá de los puntajes, cómo evaluamos el aprendizaje en Chile
13.03.2026
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13.03.2026
Los investigadores que firman esta columna comentan los resultados del SIMCE 2025 liberados hace poco y sostienen que «evaluar no solo implica registrar resultados, sino también comprender cómo aprenden los y las estudiantes y cómo las escuelas pueden fortalecer sus procesos de enseñanza. El aprendizaje se construye en contextos culturales y escolares diversos, donde cada estudiante llega con experiencias, saberes y trayectorias distintas. Por ello, avanzar hacia evaluaciones más pertinentes supone reconocer esa diversidad».
Imagen de portada: Diego Martin / Agencia Uno
Recientemente se publicaron los resultados SIMCE 2025 en los niveles 4°, 8° básico y 2° medio. Y, en síntesis, los principales resultados muestran que el sistema educativo está cerca de recuperar los niveles previos a la pandemia, pero sin avances significativos en el corto y mediano plazo.
Palabras y expresiones que vuelven todos los años en este contexto y que siguen el movimiento de un péndulo: “subieron”, avanzamos”, “se estabilizaron”, “se recuperaron”, por un lado; y “brechas”, “desigualdad”, “inequidad”, “distancias”, por otro lado. Lo cierto es que todos los años decimos lo mismo (o algo parecido) sobre lo mismo. Aunque es muy relevante hacer lectura de los datos y cuánto de lo ya conocido persiste, se profundiza, se mantiene o da un salto cualitativo, resulta más importante ir derribando las consecuencias políticas de las evaluaciones SIMCE -competencia descarnada entre establecimientos, amenaza de cierre de establecimientos, advertencias de retirar subvención, entre otros aspectos-, que tanto daño han causado, y tomarse en serio la oportunidad de avanzar en materia del reconocimiento de la diversidad en diálogo con los valores que la propia normativa y la política pública plantean. Solo por poner en valor la variable sociocultural como uno de los tantos factores que inciden en los resultados de las evaluaciones estandarizadas, la educación está llamada a adaptarse a los contextos culturales y a evitar la imposición de una única forma de enseñar y aprender, de acuerdo con la Ley General de Educación (LGE). Imperativo ético no menor.
Reflexionemos sobre la diversidad sociocultural y hagamos algo de memoria. Conocido fue el caso del controversial problema matemático del SIMCE 2002. “Si tienes 80 ovejas en un corral y se escapan 15, ¿cuántas ovejas quedan dentro del corral?”. La respuesta obvia es 65 ovejas. Sin embargo, en esa oportunidad la respuesta de los niños y las niñas de una de las regiones del sur del país fue “ninguna”. Y claro, quienes tienen la experiencia de conocer a estos animales, saben que se desplazan como rebaño. ¿Es justo, por tanto, aplicar una misma prueba, comprendiendo que en Chile habitan lenguas y conocimientos socioculturalmente diferentes? Pensar que es homogéneo el entramado en el que ocurren las vidas del estudiantado y sus familias es desconocer las diferencias culturales, lingüísticas y sociales de ellos y ellas.
Para avanzar hacia la comprensión más profunda del aprendizaje en Chile, es necesario incorporar en los procesos evaluativos características, necesidades e intereses educativos que poseen los estudiantes a partir del contexto social y cultural donde viven, ya que existen muchas realidades educativas en Chile, donde surgen características culturales, territoriales y lingüísticas distintas. Esto permitiría ampliar las formas de construcción del conocimiento matemático y del lenguaje -y, por supuesto, del resto de las asignaturas- en los distintos contextos educativos. Así, el desafío es cómo avanzamos a que la evaluación no sea solo un instrumento de medición de resultados, sino una herramienta significativa para la mejora de la enseñanza y el aprendizaje a partir de comprender la territorialidad del estudiantado, transformando la evaluación a una evaluación contextualizada, justa y más cercana a la realidad del estudiante.
El Núcleo Milenio MIRAS invita a mirar la evaluación educativa más allá de su función de medición. Evaluar no solo implica registrar resultados, sino también comprender cómo aprenden los y las estudiantes y cómo las escuelas pueden fortalecer sus procesos de enseñanza. El aprendizaje se construye en contextos culturales y escolares diversos, donde cada estudiante llega con experiencias, saberes y trayectorias distintas. Por ello, avanzar hacia evaluaciones más pertinentes supone reconocer esa diversidad.
Si el sistema educativo chileno enfrenta hoy el desafío de superar el estancamiento de los aprendizajes, también es necesario preguntarnos cómo estamos evaluando y con qué propósito. Los resultados del SIMCE 2025 nos invitan a abrir una conversación más profunda sobre qué entendemos por aprendizaje y qué tipo de educación queremos promover en Chile.