Bombardeo a Irán: petróleo, geopolítica y crisis energética en Chile
02.03.2026
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02.03.2026
El autor de esta columna analiza el impacto que los bombardeos en Medio Oriente tienen en los precios de los combuistibles. Anticipa que «el aumento de los precios del petróleo impactará directamente en la economía chilena y el nuevo gobierno del presidente Kast comenzará enfrentando un escenario internacional volátil, de alto riesgo y aún más impredecible que el primer año transcurrido desde que el presidente Donald Trump retornó a la Casa Blanca».
Imagen de portada: Sócrates Orellana / Agencia Uno
El sábado 28 de febrero, Israel, seguido por Estados Unidos, bombardeó numerosas instalaciones en Irán, esta vez con el objetivo de asesinar a los máximos líderes del gobierno iraní y al ayatolá Alí Jamenei, el segundo líder supremo desde la Revolución Islámica de 1979.
La retórica mediática para justificar este ataque fue detener el programa de desarrollo de armas nucleares de Irán y la fabricación de misiles de largo alcance, argumento que ya había sido esgrimido en la guerra de 12 días entre Israel e Irán el pasado mes de junio. En esa oportunidad, Estados Unidos bombardeó las instalaciones del mayor complejo de investigación nuclear en Isfahán, así como las ubicadas en Natanz y Fordow.
En noviembre pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán señaló al semanario británico The Economist que el programa de enriquecimiento de uranio se había detenido. El viernes recién pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, que mediaba las negociaciones entre Irán y EE. UU. había anunciado un inminente acuerdo entre las partes.
Queda claro ahora que la negociación era un distractor y lo que buscan Estados Unidos e Israel es la rendición incondicional del régimen Iraní y un cambio político alineado con los intereses occidentales en la región.
El operativo llevado a cabo por EE. UU. en Venezuela el pasado 3 de enero, que culminó con la retención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, tuvo un trasfondo geopolítico relacionado con impedir que Venezuela se transformara en un proveedor de petróleo para China y favorecer la venta de ese petróleo a refinerías estadunidenses ubicadas en el Golfo de México.
Lo anterior se logró mediante la interceptación de los tanqueros que exportaban el petróleo venezolano, principalmente hacia China, y luego obligando a las nuevas autoridades a comercializar el crudo de acuerdo a los preceptos dictados por la Casa Blanca.
El siguiente paso sería el regreso de las compañías petroleras estadounidenses a territorio venezolano para explotar y comercializar reservas de petróleo en ese país.
¿Cuáles son ahora los intereses subyacentes del bombardeo a Irán y la muerte del ayatolá Jamenei? ¿Qué importancia tiene el petróleo en este nuevo escenario de guerra?
A diferencia de Venezuela, que posee las mayores reservas de petróleo conocidas en el mundo, pero cuya producción es inferior al 1%, Irán está ubicado en el Golfo Pérsico, desde donde se comercializa el 30% del petróleo mundial. La diferencia también radica en los efectos de una escalada del conflicto, que esta vez parece de muy alta probabilidad y que podría involucrar a varios países de la región.
La amplitud de los bombardeos de Irán en su respuesta a los ataques realizados por EE. UU. e Israel incluyó objetivos en instalaciones supuestamente estadounidenses en Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Jordania. Los precios del crudo Brent y WTI saltaron inmediatamente más de un 7,4%.
Pero lo más crítico podría ocurrir con el cierre prolongado del estrecho de Ormuz. El Centro de Operaciones Comerciales Marítimas de Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés) ha reportado que al menos tres buques han sido atacados en las cercanías del Estrecho de Ormuz.
El estrecho de Ormuz, una ruta marítima de 33 km de ancho, canaliza cerca del 20% del petróleo mundial y el 21% del gas natural licuado (GNL) que se comercializa, principalmente hacia Asia y Europa. Una interrupción prolongada de los suministros de estos hidrocarburos disparará los precios en los mercados internacionales e impactará fuertemente en el comercio mundial, en especial a Europa.
Esto podría desencadenar una crisis energética internacional con efectos inmediatos en los precios, la economía y la estabilidad global.
Por el estrecho de Ormuz se canaliza la mayor parte de las exportaciones de petróleo y GNL de Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar, en un volumen que ronda los 20 millones de barriles diarios.
Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA por su sigla en inglés), en 2004 transitaron diariamente por el Estrecho de Ormuz volúmenes de hidrocarburos por un valor aproximado de 500.000 millones de dólares.
La similitud con el ataque a Venezuela radica en la participación de China. La producción de petróleo en Irán ha tenido compradores limitados debido a las sanciones estadounidenses impuestas con el argumento de cortar el financiamiento al programa nuclear de Teherán. A pesar de las sanciones, durante el año 2025 China absorbió cerca del 90% del petróleo exportado por Irán.
La EIA estimó que, en 2024, el 84 % de los envíos de petróleo crudo y condensado que transitan por el estrecho se dirigirán a los mercados asiáticos. Un patrón similar se observa en el comercio de gas natural licuado, con el 83 % de los volúmenes de GNL que transitan por el Estrecho de Ormuz con destino a Asia.
En 2025, China, India, Japón y Corea del Sur representaron aproximadamente el 69% de todos los flujos de petróleo crudo y condensado a través del estrecho. Sus fábricas, redes de transporte y redes eléctricas dependen de la energía ininterrumpida desde el Golfo Pérsico.
Un aumento repentino y sostenido de los precios del petróleo por unos meses afectará a países como China, India y varias naciones del Sudeste Asiático. Sin embargo, una subida de los precios internacionales beneficiará directamente a la industria de los hidrocarburos en los Estados Unidos.
La producción de petróleo en Estados Unidos en los últimos 20 años creció a un ritmo sostenido, gracias a la tecnología de fracturación hidráulica, conocida como fracking, que hoy representa alrededor del 70% de la producción local.
El punto de equilibrio (breakeven) para este tipo de producción de petróleo, dependiendo de las características geológicas de las cuencas y el tipo de pozo, varían entre $50-70 por barril de WTI.
Hasta la semana pasada, la producción mundial de crudo era abundante y diversificada. Los mercados anticipaban que el crudo Brent (referencia para Chile) bajaría a 50 dólares por barril a principios de 2026, lo que anticipaba un escenario sombrío para la producción de petróleo en Estados Unidos.
La escalada de la guerra beneficiará a la producción de petróleo y gas natural en EE. UU. si los precios permanecen por sobre los 70 dólares el barril, cuestión que al 2 de marzo ya está ocurriendo.
Es ampliamente conocido la vulnerabilidad de nuestro país a las fluctuaciones del precio del petróleo en el mercado internacional.
La escalada de la guerra en el Golfo Pérsico aumentará inmediatamente los precios del petróleo y del GNL y como consecuencia, el precio de los combustibles en Chile.
Recordemos que el precio de las gasolinas en Chile se basa principalmente en el Precio de Paridad de Importación (PPI), que refleja el costo teórico de importar combustible desde un mercado de referencia internacional, como la Costa del Golfo de EE. UU.
El PPI se compone del precio de referencia internacional de, por ejemplo, la gasolina 93 o 97 octanos en el mercado spot; más fletes desde EE. UU., más seguros y descarga en puertos chilenos; más margen por refinación, más impuestos indirectos y conversión cambiaria (dólar a pesos).
El traspaso del aumento o disminución del precio del petróleo al consumidor final se regula mediante el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) y el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo (FEPP).
Aun cuando la participación de los combustibles fósiles en la matriz energética primaria de Chile ha disminuido gradualmente en los últimos 5 años, aún representa alrededor del 60%.
El aumento de los precios del petróleo impactará directamente en la economía chilena y el nuevo gobierno del presidente Kast comenzará enfrentando un escenario internacional volátil, de alto riesgo y aún más impredecible que el primer año transcurrido desde que el presidente Donald Trump retornó a la Casa Blanca.