Festival de Viña 2026: entre el amor y el ninguneo
22.02.2026
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22.02.2026
El autor de esta columna analiza la parrilla artística del Festival de Viña del Mar que parte este domingo. Comenta que siempre balanceado entre las críticas y la credibilidad, la nueva versión en la Quinta Vergara tiene una característica: cada vez menos artistas chilenos . Además, apunta jornadas imprescindibles como el debut de Pet Shop Boys, el regreso tras 43 años de Gloria Estefan y la estelaridad de Mon Laferte y los cantantes de trap. Y suma un clásico festivalero: nombres intrascendentes como Mateo Bocelli, que siempre son parte de la gracia de este evento. Y también de su delirio.
Crédito imagen de portada: Diego Martin / Agencia Uno
Visto con la perspectiva que otorgan los años, es una rareza. En 1989, con tres álbumes de estudio y un disco de remezclas para discotecas en sus vitrinas, Pet Shop Boys nunca había salido de gira. Apenas habían actuado en vivo en cinco oportunidades. La mayoría en programas de televisión o espectáculos benéficos donde, lo máximo que tocaron, fueron apenas seis canciones en una ocasión.
Hubo dos razones principales. No tenían mayor interés en tocar para multitudes -en aquella época se vendían miles de discos- y sus ambiciones escénicas eran onerosas. Pero desde junio de 1989, cuando brindaron seis conciertos, entre Hong Kong y Japón, el dúo nunca más le cerró la puerta a los escenarios. Su debut en la Quinta Vergara el lunes 23 es uno de los momentos más esperados de esta versión festivalera y también de la historia del evento viñamarino. Lo refrendan los números: su show fue el primero en agotarse en menos de 48 horas. Más aún, cuando los británicos confirmaron que será una jornada compuesta exclusivamente por sus grandes éxitos.
El festival de Viña del Mar siempre ha tenido una relación de amor y odio con el público chileno. Pese a su carácter más globalizado, con transmisión televisiva para una buena parte del mundo incluido, en nuestro país genera dualidad. Muchos lo destrozan porque, supuestamente, trae nombres repetidos. Pero también es tema de conversación en todos lados durante la semana en que se realiza. En las últimas temporadas, además, el humor alcanzó un lugar preponderante. Las personas apuestan quien será la víctima de esta edición y todos se transforman en críticos en el difícil arte de hacer reír. Como si fuera una tarea sencilla.
Lograr el consenso masivo es un imperativo imposible. Bajo la lógica del show televisivo, la parrilla debe mezclar transversalidad con artistas emergentes. Consolidados con el pop del momento. 43 años después de su debut en ese escenario junto a su banda Miami Sound Machine, Gloria Estefan trae un álbum nuevo bajo el brazo –“Raíces” (2025), emparentado estilísticamente con su mayor hit, “Mi Tierra” (1993)- y un show que, a juzgar por las críticas de la prensa, es sólido y solvente. Figura máxima del crossover latino de los 80 y 90 y madrina de un grupo de artistas que posteriormente hizo fama como Ricky Martin, Shakira y Chayanne, entre otros, en este cuarto de siglo su importancia ha menguado. Su espectáculo actual es completamente distinto a su debut en Viña, que al repasarlo parece en sepia. En aquella ocasión, era una joven de 25 años que se abría paso con temas que no eran de su autoría –“Baila Conmigo” de Rita Lee y “Me Enamoré Otra Vez” de Paul Anka-, e incluía un medley de Elvis Presley y un homenaje al twist. Ahora, apuesta solo por su música.
La noche final, con los traperos argentinos Milo J y Paulo Londra más el crédito local, Pablo Chill-E, también genera expectativa. Es el ritmo de moda de la juventud -también se vendió en pocas horas- y hay interés en la actuación del puentaltino, que ha evolucionado artísticamente. Desde su rol de pionero local del estilo a unos versos más políticos y temas más elaborados en su último trabajo, “Los Gangsters También Lloran” (2024).
Mon Laferte, cada vez más grande a nivel regional, es otra carta fija de buena música y carácter escénico. Su show debería estar entre los imprescindibles de esta versión. Yandel y su espectáculo sinfónico es una audacia artística. Sus canciones son populares, pero este formato, en ocasiones, resulta deficiente. El caso de Gustavo Cerati sinfónico es un ejemplo de una propuesta que tuvo un impacto muy mínimo respecto a sus versiones originales.
Juanes y K Personajes imprimen un rol de fiesta y algarabía a las noches viñamarinas. Aunque sus últimos trabajos vienen a la baja, el colombiano tiene varios conejos para sacar del sombrero. Los trasandinos son sinónimo de alegría. El día más opaco es el martes 24. Pese a que sus números en Spotify son buenísimos -más de 14 millones de auditores mensuales-, Jesse & Joy tiene un pop excesivamente lacrimógeno que indigesta rápidamente. Son canciones con sobredosis de azúcar. El debut de las coreanas Nmixx es un número hecho para las adolescentes. Por primera vez, el K-pop cuenta con su espacio y en Chile se sostienen con una fanaticada fiel. La insignificancia artística, algo que nunca falla en el festival de Viña, viene de la mano de Mateo Bocelli, cuya mayor gracia es ser hijo de Andrea. ¿Cuáles son sus méritos? Solamente una buena facha. ¿Temas recordables? Ninguno. Allí falló la organización. En lugar de darle espacio a un personaje intrascendente, debió apostar por algún artista nacional, cada año más minimizados en la parrilla final. Nombres hay de sobra. Pero Viña no sería Viña sin seres despojados de talento y de escasa relevancia como Bocelli o, el año anterior, George Harris. Esa es parte de su gracia. Y también de su delirio.