Cada testimonio cuenta: reconstruyamos el pasado y miremos al futuro con la voz y el decir de los testigos
12.02.2026
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12.02.2026
El autor de esta columna, quien integra la Comisión Verdad y Niñez que intenta esclarecer la verdad sobre lo ocurrido en con niños, niñas y adolescentes que estuvieron bajo custodia del Estado, destaca el valor que tiene este trabajo de recopilación de las historias de sus protagonistas. Señala que «la colaboración y la interpelación ética llaman a converger en una tarea de país, referida a lo más valioso que tenemos como sociedad: las infancias, en su pluralidad y diferencia. Así, los ciudadanos de hoy —niños, niñas, adolescentes y adultos— podrán aportar a una protección efectiva, corrigiendo y reparando lo ocurrido».
Crédito imagen de portada: Óscar Guerra/ Agencia Uno
La Comisión Verdad y Niñez tiene como uno de sus mandatos centrales esclarecer la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos sufridas por niños, niñas y adolescentes que estuvieron bajo la custodia del Sename o en sistemas de cuidados alternativos privados. Para cumplir este mandato, la entrega de testimonios por parte de quienes fueron víctimas y sobrevivientes resulta esencial.
La invitación de la Comisión es a que toda persona que haya estado bajo la tutela del Estado desde 1979 en adelante —ya sea en centros administrados directamente por este o en aquellos gestionados por colaboradores privados— pueda acercarse y dar a conocer, con su propia voz, lo que allí vivió y experimentó, especialmente cuando sus derechos humanos fundamentales fueron violados.
Sabemos que, para quienes han atravesado experiencias traumáticas, hablar de lo vivido no es sencillo. Implica muchas veces abrir heridas que aún duelen, y volver a mirarlas puede generar miedo, angustia u otras reacciones profundas. Diversas investigaciones muestran que, en muchos casos, estas experiencias han sido tan dolorosas que han quedado sepultadas en un aparente olvido; sin embargo, continúan presentes de múltiples formas, afectando la relación con el presente.
Experiencias internacionales han documentado de manera consistente la complejidad, el silencio prolongado y los efectos persistentes del abuso y la violencia institucional sufrida en la infancia. Entre ellas, destacan la Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse en Australia; la Independent Inquiry into Child Sexual Abuse del Reino Unido; y la Commission to Inquire into Child Abuse en Irlanda, cuyo Truth Project recogió miles de testimonios de sobrevivientes. Estas investigaciones coinciden en señalar que la escucha protegida y el reconocimiento público del testimonio son condiciones esenciales para la verdad, la reparación y las garantías de no repetición.
Por ello, es fundamental comprender que el testimonio es un derecho de las personas víctimas y que constituye un acto ético por excelencia. Aporta a la construcción de una verdad histórica desde un lugar distinto al del conocimiento académico o técnico, se hace desde la experiencia vivida. Ello le da al pasado un carácter vivo, en construcción de unos con otros. El saber proviene de los testigos y enriquece los otros saberes, por ejemplo, de la academia y de los expertos. Esta modalidad permite la construcción de saberes que colaboran entre sí y son fundamentales para el refuerzo de las democracias heridas en su pasado.
Hablar en nombre propio para relatar lo ocurrido implica, en primer lugar, tomar la palabra que fue forzada al silencio. En segundo lugar, supone que un “yo” se distinga de los otros para decir algo que solo él o ella puede decir. Y, en tercer lugar, es una palabra que se dirige a los demás, convocándolos a mirar realidades que, por su carácter doloroso y extremo, tienden a ser invisibilizadas. Frente a la injusticia, la voz que puede reclamar una acción de reparación es, ante todo, la de quienes han vivido aquello que otros, en el mejor de los casos, solo pueden conocer de manera indirecta o intentar comprender desde la solidaridad.
Todos los testimonios portan una verdad singular. Cada uno contribuye a la construcción de una narración que se aproxima a una verdad colectiva, en la medida en que un testimonio junto a otro permite reconstruir el pasado. El testimonio tiene, además, la virtud de ser un llamado al otro: ese prójimo puede acudir para completar las piezas faltantes, aclarar las zonas borrosas o incluso ayudar a corregir las trampas del recuerdo. Todos cuentan: cada uno en sí mismo y cada uno en relación con los demás.
Testimoniar es erigirse frente a la realidad y pronunciarse diciendo: “estuve allí”, “a mí me ocurrió”. Ese acto vuelve vulnerable a quien habla, pues se abre a la confrontación con otros relatos. Sin embargo, es precisamente a través de este proceso que el recuerdo individual puede transformarse en recuerdo colectivo, creando una base desde la cual otros conocimientos y acciones se vuelven posibles.
Por todo ello, reforzamos nuestra invitación a narrar lo vivido, porque todos los testimonios cuentan y dejan huella. Alzar la voz en la entrega del testimonio es devolver parte de la humanidad arrebatada por la violencia. Recordar es ofrecer el pasado para la construcción de un presente y un futuro compartidos.
En Chile, ese camino existe hoy a través de la Comisión Verdad y Niñez. Las personas que deseen entregar su testimonio pueden hacerlo ingresando a www.comisionverdadninez.gob.cl y elegir la modalidad que les resulte más segura: presencial, virtual o escrita. El proceso es voluntario, se realiza con resguardo de la confidencialidad, con equipos especializados en escucha a lo largo de todo el país.
Cada testimonio convoca, a su vez, a otros testimonios en la reconstrucción de un pasado común. La colaboración y la interpelación ética llaman a converger en una tarea de país, referida a lo más valioso que tenemos como sociedad: las infancias, en su pluralidad y diferencia. Así, los ciudadanos de hoy —niños, niñas, adolescentes y adultos— podrán aportar a una protección efectiva, corrigiendo y reparando lo ocurrido.