Ximena Lincolao Pilquian y la carta ministerial mapuche que nunca quiso jugar Boric
22.01.2026
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22.01.2026
La autora de esta columna destaca la inclusión de una ministra de origen mapuche en el gabinete anunciado por el Presidente José Antonio Kast, poniendo énfasis en que esto no se hizo durante el gobierno de Gabriel Boric. Sostiene que «ya sea intencional o casualmente el gobierno más conservador desde el retorno de la democracia en Chile se anota un particular hito; lo que el discurso de la centro-izquierda nunca capitalizó. Puede ser también un gesto multicultural para jugar la carta de la inclusión y mostrar diversidad entre tanto apellido europeo del gabinete».
Créditos imagen de portada: Lukas Solís / Agencia Uno
A pesar de todo el ánimo intercultural con el que el presidente Gabriel Boric cabalgó desde su campaña hasta los inicios de su gobierno, en estos cuatro años no se atrevió a romper la barrera colonial de su gabinete. Nominación que tampoco hizo Bachelet I y II; los que se podrán catalogar como los gobiernos más progresistas desde el retorno a la democracia. El mito de que la izquierda es proindígena nuevamente prueba su veracidad. Y aunque para la Expo Osaka Chile se lució exponiendo a tejedoras mapuche, el presidente Boric no consideró en ningún momento subvertir el orden folclórico y llevar a una mujer mapuche a liderar un ministerio.
El martes por la noche, en una jugada que hace un mes nadie se esperaría, José Antonio Kast instaló a Ximena Lincolao Pilquian como ministra de Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, medida inédita hasta el momento en la República chilena, ya que ninguna mujer mapuche había alcanzado el alto rango de ministra.
Retrocedamos un poco para observar la trascendencia de esta designación. La historia de las mujeres mapuche y la política chilena se ha caracterizado por una trayectoria de invisibilidades y escasez de espacios. Transcurría la segunda década del siglo XX, cuando se atravesaba la postguerra en Wallmapu, época en la cual un grupo de hombres mapuche se unió en organizaciones como la Sociedad Caupolicán, la Federación Araucana, combinando virtuosamente resistencia y estrategia. En esos tiempos, de manera memorable varios de ellos consiguieron espacios como diputados, hazaña que inaugura Francisco Melivilu hace ya 100 años (1924). En ese contexto vinieron más diputados: Manquilef (1926), Huenchullán (1933), Romero (1953), entre una decena de otros parlamentarios mapuche, todos ellos por votación popular y de objetivos alineados con su pueblo.
Fue en esa misma época donde por primera vez un presidente de la República estuvo dispuesto a romper el cerco aristócrata y blanco y apostar por un “indio”, como orgullosamente invita a reivindicarse el aymara Fausto Reinaga. El primer ministro mapuche de la historia de Chile fue Don Venancio Coñoepan, investido en la cartera de Agricultura y Colonización en el mandato de Carlos Ibáñez del Campo; alguien lejano de ser reconocido como un progresista o de vínculos con la izquierda.
En aquella era dorada de organizaciones mapuche del siglo XX, muy escuetamente pero no por ello menos significativamente, aparecieron mujeres que se atrevieron a hacer política agrietando sutilmente las estructuras patriarcales de la época. Supieron transitar por la invisibilidad del mundo chileno y las barreras internas de la política mapuche. Fue, Coñoepan, el mismo ministro de Carlos Ibáñez del Campo, quien no soportó la candidatura de Zoila Quintremil y la difamó públicamente en la plaza de Nueva Imperial. A pesar de ello la figura de Zoila trascendió como la primer mujer mapuche y candidata a diputada y su trabajo político se extendió a ámbitos educacionales y de género. Herminia Aburto fue otra se movió en esos intensos años 30’, con ímpetu creó una organización exclusiva de mujeres mapuche en la que la acompañaba liderazgos como el de Laura Nahuelpan. Fueron mujeres que se organizaron, escribieron, se educaron y participaron activamente en política. Herminia levantó una candidatura inmediatamente en la primera ocasión que las mujeres tuvieron derecho a voto, también hace 90 años. Aunque esta última fue más cercana a la izquierda, no se puede encasillar a todas las mujeres mapuche en ese sector político, ya que en los 60 aparece, Violeta Manquilef, hija del diputado del mismo apellido (conocido como el “anticomunista”), quien militando activamente un partido de derecha se candidateó al municipio de Temuco.
Cuando la era institucional en la que porfiaron las organizaciones de principio del siglo XX se agotó, el camino direccionó al movimiento mapuche hacia otros espacios. Y arribado el siglo XXI, habiendo pasado un poco más de 50 años (siglo XXI) desde la designación de Coñoepan, el presidente Ricardo Lagos decide escoger a Francisco Huenchumilla como ministro de la Secretaría General de la Presidencia. Sobre la identidad del actual senador hay varios debates, pero es el mismo viento que se levanta sobre casi la totalidad de nuestro pueblo cuando de nuestro origen se trata. Acusaciones desde la chilenidad y también los termómetros del mapuchómetro aparecen frecuentemente para quienes ejercen alguna actividad pública y osan romper este cerco colonial. Y seguramente será la discusión que acompañe esta designación, Ximena Lincolao ha declarado públicamente su origen mapuche, aunque no necesariamente levanta esa bandera como identidad, pero es parte de lo que se produce cuando presiona a un pueblo despojado y minorizado.
Esta no es una columna que pretenda avanzar sobre la identidad de los anteriormente mencionados, no se pretende sacar a nadie de ese clóset étnico, pero es imposible omitir aquello.
Aquí lo relevante es lo que se hace desde los espacios de poder y más bien lo que no se hizo en todo este tiempo. Cuando se tuvo la oportunidad se descartó, incluso se navegó por aguas mucho más favorables hacia la instalación de una figura mapuche en el gabinete. El presidente Gabriel Boric parecía destinado a aquello, pero desestimó esta opción e incluso en su gobierno salieron algunas subsecretarias mapuche, entre ellas a Verónica Figueroa Huencho, una calificada representante de la mujer mapuche, que este Estado no quiso mantener. Tanto fue el desacierto con las figuras indígenas que cerrando su mandato quitó a la embajadora Rapa Nui con servicio en Nueva Zelanda. Y conste que el presidente inició su discurso el día de lección hablando mapuzugun: “Pun may”, dijo…
Retornado a Ximena Lincolao, quien no solo pasará a la historia como la primera mujer mapuche, (o hija de mapuche como ella se define) en convertirse en ministra, sino que liderará una particular cartera ministerial. Las “ciencias” son un patrimonio declarado de la “civilización” occidental, un insigne logro de la modernidad y la razón eurocentrada. En la corriente positivista se invocan nombres alemanes, ingleses y franceses. Y es ahí donde se coloca un liderazgo de origen indio, tensionando toda la colonialidad del saber que acompaña las políticas públicas en Chile y Sudamérica. Ya sea intencional o casualmente el gobierno más conservador desde el retorno de la democracia en Chile se anota un particular hito; lo que el discurso de la centro-izquierda nunca capitalizó. Puede ser también un gesto multicultural para jugar la carta de la inclusión y mostrar diversidad entre tanto apellido europeo del gabinete.
Ximena llegó con una título digno de Marvel: “La Titán de la tecnología”, suena épico y transgresor con las visiones arcaizantes de lo mapuche. Así se une a los nombres de esas mujeres del siglo XX: Zoila, Herminia, Laura y Violeta, que en el XXI se ensanchan con Emilia Nuyado, Erika (Koka) Ñanco, Rosa Catrileo y Elisa Loncon. Aquellas, de un reducido pero potente grupo de mujeres mapuche, que ya alcanzaron una posición en la esquiva institucionalidad chilena, mientras otras hacen política también en otros espacios y posiciones ideológicas, tantos como la diversidad que caracteriza a cualquier pueblo.