Hacia una PAES que oriente y enseñe
02.01.2026
Hoy nuestra principal fuente de financiamiento son nuestros socios. ¡ÚNETE a la Comunidad +CIPER!
02.01.2026
A propósito de la pronta entrega de los resultados de la PAES, los autores de esta columna indican la necesidad de ampliar la información que se entrega a los postulantes, más allá del puntaje obtenido. Sositnene que «pasar de un reporte centrado exclusivamente en el número a uno que también oriente, explique y proyecte no elimina la función selectiva de la PAES, pero sí la complementa con una mirada más educativa y humana. En un contexto donde el acceso a la educación superior sigue siendo un hito decisivo en la construcción de proyectos de vida, contar con información que permita aprender de los resultados parece no solo deseable, sino necesario».
Créditos imagen de portada: Salvador Pedrini / Uno Noticias
Este lunes 5 de enero de 2026, más de 259 mil jóvenes de nuestro país recibirán los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) asociados al proceso de admisión universitaria 2026. Cada una y cada uno de ellos obtendrá un puntaje entre 100 y 1.000 puntos, dato clave para postular y acceder a una carrera de interés.
Para las universidades, estos puntajes constituyen un antecedente relevante, ya que han sido utilizados como uno de los indicadores predictivos del desempeño académico de quienes ingresan a la educación superior. A partir de ellos, las instituciones buscan identificar, de manera general, las competencias con que cuenta el estudiantado al inicio de su trayectoria universitaria.
Sin embargo, la centralidad del puntaje numérico tiende a simplificar en exceso la información disponible, reduciendo trayectorias educativas complejas a una cifra única. Un mismo puntaje puede ocultar perfiles de aprendizaje muy distintos, con fortalezas y debilidades diversas, que no quedan a la vista en el reporte actual.
Resulta ilustrativo observar lo que ocurre en otros sistemas de acceso. Por ejemplo, en el Sistema de Admisión Escolar (SAE), correspondiente al ingreso a la educación escolar, el Ministerio de Educación informó que el 52,5 % de los postulantes quedó asignado en su primera preferencia, cifra que ha sido ampliamente difundida y utilizada para analizar equidad, preferencias familiares y funcionamiento del sistema. En ese caso, el dato no solo informa resultados, sino que contribuye a orientar la discusión pública.
En contraste, en el acceso a la educación superior, una proporción significativa de jóvenes no logra ingresar a la universidad, y para ellos el proceso suele cerrarse con un único mensaje: el puntaje obtenido. Ese número, por sí solo, no entrega información que permita comprender qué se logró aprender, qué faltó desarrollar ni cómo mejorar, especialmente para quienes consideran volver a rendir la prueba en su versión de invierno.
Frente a esta brecha, parece necesario avanzar hacia un uso más formativo de los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior, incorporando la evaluación para el aprendizaje, entendida como un enfoque que concibe la evaluación no solo como medición, sino también como una oportunidad de orientación y mejora. En este marco, la retroalimentación efectiva podría estructurarse en tres momentos claros y comprensibles para estudiantes, familias y comunidades educativas.
En primer lugar, un momento de orientación inicial, que explicite de manera accesible los contenidos y habilidades del currículum de enseñanza media que fueron evaluados por la PAES. Esto permitiría comprender qué se esperaba evaluar y bajo qué criterios. En segundo lugar, un momento de retroalimentación, que describa el nivel de logro alcanzado por cada estudiante, reconociendo que dos personas con el mismo puntaje no necesariamente presentan las mismas competencias. Finalmente, un momento de proyección, que entregue orientaciones concretas sobre qué aspectos deberían fortalecerse y qué apoyos podrían resultar pertinentes para mejorar los resultados en el futuro.
Este tipo de información no solo contribuiría a acortar las brechas de aprendizaje necesarias para el ingreso a la educación superior, sino que también permitiría reconocer las necesidades educativas específicas de cada joven, favoreciendo trayectorias formativas más justas y acompañadas. Asimismo, abriría la posibilidad de articular apoyos desde establecimientos escolares, programas de nivelación u otras instituciones públicas y privadas.
Desde esta perspectiva, avanzar hacia un reporte con uso formativo de los resultados implica reconocer que el sistema de acceso a la educación superior se encuentra en un proceso permanente de mejora. Una primera etapa de implementación podría focalizarse en las y los jóvenes que no acceden a la universidad, quienes hoy reciben menos orientación pese a ser quienes más la necesitan. Actualmente, el uso más sofisticado de los datos tiende a beneficiar principalmente a quienes logran ingresar al sistema, dejando fuera a quienes, por diversos factores, no alcanzan los puntajes mínimos requeridos.
Pasar de un reporte centrado exclusivamente en el número a uno que también oriente, explique y proyecte no elimina la función selectiva de la PAES, pero sí la complementa con una mirada más educativa y humana. En un contexto donde el acceso a la educación superior sigue siendo un hito decisivo en la construcción de proyectos de vida, contar con información que permita aprender de los resultados parece no solo deseable, sino necesario.