ENTREVISTA: LA BANDA DE TEMUCO ACABA DE LANZAR SU SEGUNDO DISCO, VAHO
Asia Menor: “Somos los más viejos de los cabros chicos y los más jóvenes de los cabros viejos”
20.09.2026
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ENTREVISTA: LA BANDA DE TEMUCO ACABA DE LANZAR SU SEGUNDO DISCO, VAHO
20.09.2026
Banda bisagra en el celebrado presente del nuevo rock nacional, los temuquenses acaban de publicar su segundo disco, Vaho, un trabajo autogestionado que surgió de la improvisación en los ensayos y que, según los músicos, funciona como un collage sonoro. En estos momentos, girando fuera de Chile como presentación de su álbum, hablan del protagonismo de las bandas de su ciudad, las ganas de dedicarse exclusivamente a la música, aseguran que grupos como Candelabro o Hesse Kassel no están influidos por ellos y no desprecian a los cultores del reggaetón. “No tenemos ese discurso de que el rock es bueno y el reggaetón es malo”, señalan.
Imagen de portada: gentileza Asia Menor
Faltan 20 minutos para subir al escenario de un repleto centro cultural Rojas Magallanes y Jorge Scheuermann, guitarrista y voz de Asia Menor, camina con parsimonia por los camarines. Dice que no se pone demasiado nervioso antes de salir a cantar. Es el último sábado de agosto y el grupo de Temuco estrena parte de su nuevo álbum, “Vaho”. Tras el espectáculo, viajan de inmediato de vuelta a su ciudad. Todos trabajan en labores ajenas a la música. “No me inquieto cuando vamos a tocar. La pasamos bien”, afirma. Hay optimismo en sus palabras. La semana anterior a este show debutaron en Lima. Fue un éxito absoluto. Lleno total, buena energía y los peruanos cantando de principio a fin todas las canciones de su disco debut, Enola Gay (2023). “Nos impresionó que nos conocieran tanto. Primera vez que íbamos a Lima y nos atendieron súper bien. Buenas comidas, buen hotel. Tocamos ante un público más cuico que el promedio y estaban todos muy prendidos. Queremos volver luego. Nos regalaron muchas cosas. Hasta cartas. ¿De qué tipo? Había de todo. Hasta algunas sentimentaloides. Pero no diré más”, señala.
Asia Menor es una especie de bisagra en el celebrado presente del nuevo rock chileno. Por un lado, fueron punta de lanza con su obra inicial tras unos años de oscurantismo del estilo luego del dominio sin contrapeso del reggaetón y, por otra parte, son cabeza de serie del sorprendente movimiento de rock temuquense, convertido en uno de los más interesantes del momento con bandas ascendentes como Todos Tus Amigos Están Tristes, Cámara Chilena de la Destrucción o solistas como Cualmarcelo. Todos, con trabajos y shows en vivo sobresalientes a los que hay que poner atención. Casi tres semanas después de nuestro primer encuentro, Scheuermann y el bajista, Aníbal Vergara, se conectan desde Bogotá. Es, también, su primera vez en la capital colombiana. Pero con un añadido. Su nuevo disco ya está en todas las plataformas. El viaje por ese país es breve y conciso. Llegaron el martes, tuvieron firma de discos por la tarde, al día siguiente una tocata y el jueves tomaron otro vuelo en dirección a México, un país que los recibió con algarabía en febrero pasado. “La firma de discos estuvo genial. Conversamos harto y vendimos todos los discos que trajimos”, apunta Scheuermann. Y agrega que “el show estuvo bacán, lleno, full energía, la gente motivada y conversamos antes y después con harta gente que había ido a la firma de discos el día anterior”.
-¿Y les regalaron cosas como en Perú?
-Sí, hartos dulces y marihuana. Aunque yo ni fumo, jajajaja.
Influidos en su primera obra, principalmente, por Women, con sus guitarras angulosas, ritmos frenéticos y sonido opaco, la banda sobresalió rápido: ganó un premio Pulsar a mejor nuevo artista. Fue un periodo que parece corto, pero maduró unos cuantos años. Asia Menor se fundó en 2018, con cuatro amigos que estudiaban en la Universidad de la Frontera -Cristóbal Mora en batería y Diego Seguel en guitarra y sintetizador, además de Scheuermann y Vergara- y con la exclusiva ambición de hacer música. ¿Aspiraciones? En lo posible, grabar un disco. Sus primeras presentaciones fueron en lugares atípicos. Un servicio de reparación de grúas, en el patio de la universidad y en bares. Todo, por cierto, muy amateur, aunque con empuje y ganas. Su llegada a Santiago fue en 2019 para un festival de bandas emergentes en Rojas Magallanes, en La Florida. Allí se dieron cuenta que algo estaba germinando. “Cuando hicimos el primer disco no teníamos las expectativas demasiado claras. Siempre nos movimos desde la autogestión y eso hace más lenta la difusión. Además, no estamos dedicados completamente a la música. Todos tenemos nuestros trabajos con horario. Salvo yo, los demás todos trabajan en la UFRO. Yo soy cocinero y trabajo en un centro cultural que me apoya. En lo personal, desde hace dos años estoy construyendo mi vida en torno a la música. Ahí me quiero enfocar”, cuenta el vocalista. Para el bajista Aníbal Vergara la situación es distinta. Además de la música y su trabajo, está casado. Y debe organizar su tiempo artístico con su esposa. “Si fuera una profesión segura, tuviéramos contrato con una disquera, me dedicaría completamente a la música. Pero no es así. Lo bueno es que a todos nos gusta nuestro trabajo y podemos flexibilizar horarios. Por ejemplo, esta semana por el 18 se trabaja menos y como teníamos esta gira por Colombia y México desde hace varios meses, me sirvió para poder organizarme mejor en el trabajo. ¿Mi esposa? Ella me ha ayudado mucho. A veces, me reta porque tenemos que cambiar cosas por los conciertos, pero se involucra en la banda. Incluso, nos grabó para un documental que queremos hacer”.
Con Temuco como centro de operaciones, Asia Menor ha ido edificando una escena musical en su ciudad que, en los últimos años, se ha ampliado hasta Santiago. Una situación que hace unas temporadas prácticamente no existía. El reconocimiento de Enola Gay -bautizado así por el bombardero que lanzó la bomba atómica en Hiroshima en 1945 y cuyo piloto le puso ese nombre porque así se llamaba su madre- abrió los ojos en la juventud de la Araucanía. Muchos de los jóvenes que iban a verlos, se organizaron y crearon un colectivo llamado Doble Cara. Y adaptaron un aserradero, en las afueras de la ciudad, llamado El Garage, para que las nuevas bandas pudieran tocar. “Siempre ha existido una movida de bandas bacanes como Invernadero y Ojos de Perro Azul. Nosotros formamos parte de eso”, indica Vergara, mientras Scheuermann dice que “nosotros somos como los padrinos grandes de las bandas de Temuco”.
-Hasta hace unos años, Concepción era la ciudad sureña que lideraba el rock en provincias. Ahora Temuco es líder. ¿Qué cambió?
-Scheuermann: Temuco ha tirado para arriba desde la precariedad. A ver, no quiero romantizar las malas condiciones laborales, pero ese detalle te impulsa a hacer cosas más finas. Creo que te instala en un estado creativo que no se da cuando las condiciones están más resueltas. Además, hay una rabia que no se ve tanto en otros lados. Y que es genuina. No tengo idea el porqué, pero estimo que el factor principal es que es una región desigual, donde la mayoría de los cabros que hacen música viene de sectores populares, que quieren expresarse.
-¿Te gustaría seguir viviendo en Temuco?
-Mi idea es permanecer en Temuco. Tengo fe que podemos hacer un centro cultural e ir generando procesos artísticos. Hoy existe una democratización en la música que antes era imposible. Por eso mucha gente se ha puesto a hacer canciones. Se pueden mejorar tus equipos de a poco. Yo, por ejemplo, no tengo una guitarra buena, me gustaría tener una mejor. Pero los instrumentos son accesibles. Nosotros tenemos 29 años, hay una generación de 25 años que se están haciendo conocidos y viene otra de 20 que no ha grabado nada, pero que tiene talento. Hay recambio. Que a nosotros nos haya ido bien es bueno para toda la comunidad. Yo lo que más quiero es ser superado y ser parte de algo más grande.
-¿Cómo lo vive tu familia?
-Mi familia está súper contenta. Muchas veces me sugieren que me dedique a esta pura hueá. No tengo plata, pago un arriendo para vivir, pero si les gusta que haga esto es que existe un voto de confianza. Están chochos. Y en las familias de los cabros, veo algo similar. Todos apoyan.
Los tres años que separan a Enola Gay y Vaho fueron un lapso de transformaciones profundas para el rock chileno. Tras la irrupción de Asia Menor vinieron una gran cantidad de bandas, con energía y talento como no se veía desde 1995. Nombres estelares como Candelabro, grupos de avanzada como Teodioteodio, Hesse Kassel, Cóclea, María y Los Templos, Yucatán, Suaave, entre otros, y toda la movida temuquense han reforzado la idea de una música desprejuiciada, experimental, con capacidad de exportación y que apela a nichos, pero sin perder las ganas de llegar a públicos masivos. Para el vocalista, el rol de su banda en esta generación es clara. “Somos los más viejos de los cabros chicos y los más jóvenes de los cabros viejos. ¿Si somos cabecillas del nuevo rock chileno? Sí y no. Cuando empezamos estaba el sonido de guitarras de Patio Solar, Niños del Cerro. Veníamos de esa música que a nosotros nos influyó, pero éramos distintos. Por eso la gente se dio vuelta a mirarnos altiro. Pero no sé si Candelabro o Hesse Kassel, por ejemplo, están influenciados por nosotros. Creo que a ellos les gustan sus propias cosas. Sí sentimos orgullo por haber consolidado un sonido, por haber estado cuando este movimiento empezó”.
Scheuermann asegura que no se sorprendió por el éxito de Candelabro y, en menor medida, de Hesse Kassel. Los conoció cuando estaban partiendo y siempre pensó que podrían hacer cosas interesantes. “Están sobrados de talento. Que a ellos les vaya bien es bueno para todos porque hay una retroalimentación. Si les pasa algo bueno, empuja a todos los demás que vienen más abajo”.
Como en varios proyectos del nuevo rock chileno, las recientes canciones de Asia Menor poseen una labor de improvisación permanente. “Nosotros trabajamos nuestras canciones como un collage. Es música tan concentrada como nebulosa”, señala. El primer single, Vi el diablo funciona como el pegamento entre el álbum debut y su sucesor, pero también está la intensidad y la fiereza instrumental que no se pierde. Es música más dispersa, sensitiva, que recuerda a los estadounidenses Swans en su forma de experimentar la distorsión instrumental. “Cuando sacamos el debut, lo máximo que podíamos aspirar era tocar por Chile. Ahora tenemos el rigor del oficio. Alguna vez tocamos para dos personas y ahora para más de mil. Sentimos este nuevo disco como el paso de una carrera consolidada, aunque no tengamos un deber con nuestro arte. La única responsabilidad es con nuestra carrera. Si te equivocas, el único que pierde eres tú”, reconoce.
-¿Sientes que el reggaetón pasó su fulgor?
-No sé. Hay nichos para escuchar de todo. Los cabros escuchan música para conseguir experiencias nuevas. Es una generación abierta que puede escuchar reggaetón y Akriila, por ejemplo. El reggaetón es bacán. No tengo ese discurso de que el rock es bueno y el reggaetón es malo.
-¿Qué te gustaría hacer en la música?
-Una gira por el norte de Chile. No tenemos planes ni ofrecimientos aún. Pero ya tocaremos por allá.