Chile y su salida del Movimiento de Países no Alineados
11.08.2026
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11.08.2026
El autor de esta columna sostiene que el reciente retiro de Chile del Movimiento de Países no Alineados desconoce el rol histórico que el país jugó en la defensa de la autodeterminación económica de las naciones del Sur, desde la Tercera Conferencia de la UNCTAD realizada en Santiago en 1972 hasta la nacionalización del cobre, y advierte que los principios fundacionales del movimiento siguen siendo pertinentes frente a los desafíos internacionales actuales. Dice que «las naciones pequeñas están al frente de los nuevos desafíos en materia de política internacional, y la participación de Chile en estas instancias debería ser una razón de Estado para proteger la integridad soberana a través de una sola voz que se haga escuchar a oídos de un imperio que está tambaleando y otro que está naciendo».
Imagen de portada: El actual GAM fue construido para ser sede de la UNCTAD III 2n 1972 (Hans Scott / Agencia Uno)
Entre el 13 y 21 de mayo de 1972 Chile celebró un momento histórico dentro de su historia diplomática. La construcción en tiempo récord (276 días) del edificio ubicado en Av. Libertador Bernardo O’Higgins 227 (actual GAM) en Santiago de Chile albergó la Tercera Conferencia de Sobre Comercio y Desarrollo. Este evento representó una epopeya diplomática en términos de su logística y organización, en dónde bajo el liderazgo de Hernán Santa Cruz (delegado presidencial chileno ante Naciones Unidas) y Clodomiro Almeyda se pudo poner de manifiesto el irrestricto compromiso del Estado Chile de cara al multilateralismo durante los años 70 en vías de una agenda pro Tercer Mundo, albergando una instancia de deliberación de las naciones del sur del mundo.
Tras la finalización de dicho congreso la UNCTAD III aprobó cuatro resoluciones clave que lograron otorgarle un mayor nivel de autonomía a las pequeñas naciones del sur del mundo. Dichas resoluciones no fueron de carácter estéril o meramente enunciativas, al contrario, contribuyeron a cimentar una mayor estructura de autodeterminación económica dentro de un marco común normativo de protección de los derechos económicos de los países en vías de desarrollo.
La resolución número 45 (inciso III), aprobada el 18 de mayo de 1972 permitió la adopción de protección sobre la soberanía económica a través de acciones concretas. Esta resolución permitió la adopción de políticas públicas de los miembros participantes que atendieran a la necesidad de establecer derechos económicos de autodeterminación, y más importante aún, la protección y de derechos de propiedad sobre los recursos naturales de los países en vías de desarrollo. La resolución número 45 terminó por decantar posteriormente en la resolución 3281 en la Asamblea General de Naciones Unidas, una iniciativa liderada por México que fue en gran medida cimentada bajo lo debatido en Alameda 227. La nacionalización del Cobre por parte de Chile en 1971 no fue otra cosa que la materialización de estos principios que posteriormente se plasmarían en esta resolución. Chile durante finales de los 60 e inicios de los 70 fue una plataforma de vanguardia con relación significativas transformaciones que buscaron promover la protección de derechos en torno a cuestiones de autodeterminación económica de sus recursos naturales.
Desde una perspectiva histórica resulta un despropósito sostener que el Movimiento de Países no Alineados es un grupo que pasó a ser una pieza de museo de la guerra fría. El argumento que Francisco Pérez-Mackenna plantea frente al retiro de Chile del MNOAL plantea que “la decisión responde a que la organización se creó como movimiento político en otro contexto global y no responde a los nuevos desafíos o la realidad internacional actual”. Este argumento resulta obtuso en términos analíticos si observamos atentamente el panorama actual a nivel global a contrapelo de la composición doctrinaria que dicho movimiento buscó promover.
El Movimiento de Países no Alineados se presentó como un movimiento a la vanguardia a la hora de proteger (o a lo menos intentar) los derechos y principios elementales de las pequeñas naciones. Por ejemplo, para lograr una adscripción al MNOAL las naciones interesadas debían respetar los derechos fundamentales de derechos humanos de 1948, el reconocimiento de la soberanía territorial de las naciones, adherir a la igualdad racial de todos sus ciudadanos y a dirimir cualquier conflicto internacional a través de mecanismos pacíficos, en conformidad con la Asamblea General de Naciones Unidas. El argumento esgrimido por cancillería parece obviar que a la hora de estudiar los principios fundantes del Movimiento de Países no Alineados parecen ser más atingentes que nunca a la hora de construir una hoja de ruta que permita la obtención de certezas y protecciones jurídicas y políticas de las naciones en vías de desarrollo frente a la arbitrariedad de las grandes potencias. Los principios que esta agrupación buscó promover son aún temas atingentes dentro del panorama actual.
Pensar que la participación de Chile en el MNOAL no responde a los nuevos desafíos o la realidad internacional actual es también una desconexión con la historia que Chile ha sostenido como socio confiable frente a instancias deliberativas de la comunidad internacional que han, desde finales de los años 60, permitido mantener una agenda multilateral que se dedique a defender elementos tales como el derecho al control soberano de los recursos.
El atender el rol vanguardista que tuvo Chile frente a la adopción de políticas internacionales que permitieron exponer la necesidad de sostener garantías económicas de autodeterminación fue es y será un patrimonio y razón de orgullo que la administración actual intenta borrar con el codo. Las naciones pequeñas están al frente de los nuevos desafíos en materia de política internacional, y la participación de Chile en estas instancias debería ser una razón de Estado para proteger la integridad soberana a través de una sola voz que se haga escuchar a oídos de un imperio que está tambaleando y otro que está naciendo. Independientemente de estar o no dentro del Movimiento de Países no Alineados, el edificio de Alameda 277 nos servirá para recordar y no olvidar el rol vanguardista que Chile sostuvo ante el escenario del multilateralismo de las naciones del sur.