Chile y el deporte: más allá del entusiasmo mundialista
20.07.2026
Hoy nuestra principal fuente de financiamiento son nuestros socios. ¡ÚNETE a la Comunidad +CIPER!
20.07.2026
El autor de esta columna sostiene que mientras las potencias deportivas construyen resultados a partir de sistemas sostenidos de formación, investigación y planificación, Chile sigue dependiendo en gran medida del esfuerzo individual y de iniciativas aisladas. El desafío no es solo producir más talentos, sino construir una estructura capaz de desarrollarlos, acompañarlos y sostenerlos en el tiempo. Dice que “Chile debe dejar de mirar el deporte solo desde la emoción del resultado y comenzar a entenderlo como un sistema de desarrollo humano, social y competitivo”.
Imagen de portada: Dmytro Aksonov / Getty Images / Canva
Cada Mundial invita a hablar de fútbol, talento y resultados, pero también permite preguntarnos qué condiciones construye un país para desarrollar el deporte de manera sistemática. Cuando veíamos avanzar a selecciones como Francia, España, Inglaterra, Noruega, Suiza, Marruecos o Argentina, no observábamos solo buenos jugadores, sino sistemas, clubes, escuelas, infraestructura, federaciones, investigación aplicada y políticas públicas que sostienen la práctica desde la base hasta el alto rendimiento.
Chile no carece de instituciones, programas ni discursos sobre acceso, inclusión, salud, equidad territorial y alto rendimiento. El problema está en la distancia entre ese discurso y la experiencia concreta de quienes practican, enseñan, entrenan y compiten. Mientras otros países han logrado que el deporte no dependa únicamente del esfuerzo de las familias, entrenadores o dirigentes voluntarios, en Chile muchas trayectorias siguen dependiendo demasiado del azar: del colegio, la comuna, el club disponible, la capacidad económica familiar o la posibilidad de encontrar un proceso en el cual las federaciones se puedan sostener en el tiempo sin mayores inconvenientes.
Esa es una de nuestras principales debilidades. Tenemos deportistas, entrenadores y profesores capaces, pero no siempre tenemos sistema. La ruta entre escuela, club, competencia comunal, selección regional, federación, centro de entrenamiento y alto rendimiento es frágil, discontinua y desigual. Hay iniciativas valiosas, pero demasiadas veces funcionan como islas. Lo que debería ser una trayectoria formativa se transforma en una suma de esfuerzos desconectados, los cuales, muchas veces, dependen además de rifas, colectas y voluntades de terceros.
Por otra parte, también necesitamos discutir con mayor seriedad la relación entre educación física y deporte. La educación física escolar cumple un rol fundamental que es la formación de la corporalidad, hábitos de movimiento, alfabetización motriz, convivencia, salud y vínculo positivo con la actividad física. Su objetivo es educar a partir del movimiento y generar con esto una adherencia y conocimientos básicos para desarrollarse dentro del deporte, la danza, la expresión corporal y el acondicionamiento físico de forma autónoma, pero no puede cargar sola con la responsabilidad del desarrollo deportivo nacional. Aun así, la cultura chilena sigue exigiendo este atributo, mientras que las estadísticas en salud pública nos demuestran el gran número de niños y niñas sedentarios y carentes de la participación deportiva.
Por su parte, el deporte competitivo, el entrenamiento, la detección de talentos, la preparación física, la planificación de cargas, el análisis del rendimiento, la recuperación y la prevención de lesiones requieren otro campo específico: las ciencias del deporte. Si bien existe como disciplina en Chile, aún se encuentra en un incipiente desarrollo y, lo peor, sin una normativa que la sostenga. Es así como el diseño de políticas, de estrategias, el control de los entrenamientos, entre otros elementos esenciales, muchas veces siguen a cargo de profesores o profesoras de educación física con algún tipo de especialidad específica en su disciplina deportiva (cursos de entrenamiento de algún deporte en particular) pero no una profesión o especialización profunda en ciencias del deporte (magister y/o doctorado).
Chile necesita fortalecer decididamente la investigación en ciencias del deporte, no como lujo académico, sino como herramienta de política pública. No basta con tener intuiciones, experiencias o voluntades. Necesitamos datos sobre participación, abandono, carga de entrenamiento, maduración, lesiones, acceso territorial, brechas de género, calidad de entrenadores, infraestructura efectiva y trayectorias de deportistas. Sin investigación aplicada, seguimos tomando decisiones a ciegas o copiando modelos extranjeros sin comprender nuestra realidad.
Esto exige universidades vinculadas al territorio, federaciones abiertas a la evaluación, centros de entrenamiento que produzcan conocimiento, municipios que registren y analicen sus programas, y políticas públicas capaces de aprender de la evidencia. Las ciencias del deporte deben dialogar con la educación física, pero no confundirse con ella. Una cosa es formar ciudadanos activos; otra, construir procesos sistemáticos de desarrollo deportivo. Ambas son necesarias, pero requieren objetivos, profesionales, métodos y evaluaciones distintas.
El Mundial de fútbol nos recuerda que el éxito deportivo no aparece de la nada: detrás de cada selección competitiva hay años de trabajo, organización y decisiones institucionales. Chile debe dejar de mirar el deporte solo desde la emoción del resultado y comenzar a entenderlo como un sistema de desarrollo humano, social y competitivo. Tenemos talento, vocación y experiencias valiosas; lo que falta es transformarlas en una estructura sostenida, evaluada y científicamente acompañada. El problema no es que Chile no pueda, sino que todavía no hemos decidido construir el sistema que permitiría competir mejor, participar más y sostener el deporte como una verdadera política de Estado.