El humo que no vemos: lo que la ciencia sabe sobre la leña y la salud de las próximas generaciones
18.07.2026
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18.07.2026
Mientras cada invierno las ciudades del sur enfrentan episodios críticos de contaminación, la ciencia comienza a revelar un costo mucho más profundo que las enfermedades respiratorias: el humo de la leña podría estar condicionando, silenciosamente, la salud y el desarrollo de las futuras generaciones. El autor de esta columna sostiene que «la regulación sobre uso de leña húmeda todavía no se implementa de manera plena, en parte porque este combustible es parte de la identidad cultural y económica de muchas comunidades del sur. Es una tensión legítima, y no se resuelve solo con prohibiciones ni con recomendaciones de mascarilla en días de preemergencia. Se resuelve con recambio efectivo de calefactores, con acceso a leña certificada y seca a precios competitivos, con aislación térmica de las viviendas, y con una comprensión pública -no solo experta- de que el costo de este contaminante no se mide únicamente en índices de calidad del aire, sino en la biología de quienes hoy están gestando, naciendo o aprendiendo en las ciudades más afectadas del país».
Imagen de portada: preemergencia ambiental en Osorno, durante mayo (Alexis Carvajal / Agencia Uno)
Esta semana, mientras Osorno amanecía bajo Emergencia Ambiental y Coyhaique registraba niveles de material particulado fino (PM2.5) que triplicaban el umbral de preemergencia, la escena se repitió con la puntualidad de un ritual invernal: prohibición de humos visibles, suspensión de actividad física escolar, recomendaciones de mascarilla para adultos mayores y embarazadas. Es una fotografía que el sur de Chile conoce bien desde hace más de una década, y que cada año reaparece con la primera ola de frío. Lo que rara vez se discute con el mismo nivel de detalle es qué le ocurre al organismo humano, y, en particular, al organismo en desarrollo, durante los meses en que esa fotografía se repite.
Desde nuestro laboratorio en el Instituto de Biología de la PUCV hemos dedicado los últimos años a responder precisamente esa pregunta, usando un modelo experimental murino que reproduce, con fidelidad razonable, las condiciones reales de exposición en Temuco: cámaras de aire filtrado y no filtrado que permiten aislar el efecto del PM2.5 proveniente específicamente de la combustión de leña, la fuente dominante de polución del aire en el sur del país. Nuestros resultados, publicados en revistas científicas, dibujan un panorama que debiese inquietar tanto a los formuladores de política pública como a cualquier familia que hoy calienta su hogar con leña húmeda.
El primer hallazgo, tal vez el más contraintuitivo, es que los efectos más severos no aparecen necesariamente en el pulmón adulto, sino en la ventana reproductiva y gestacional. En modelos de rata, la exposición crónica a PM2.5 derivado de humo de leña altera la ciclicidad estral, reduce el número de folículos ováricos antrales y en crecimiento, y aumenta las pérdidas post-implantación, incluso cuando las tasas globales de fertilidad se mantienen aparentemente normales. Es decir, el daño reproductivo puede estar ocurriendo de forma silenciosa, sin traducirse todavía en la estadística más visible, cuántas crías nacen, pero sí en la calidad biológica de ese proceso.
Ese daño continúa durante la gestación misma. Hemos documentado que la exposición gestacional reduce la expresión de transportadores placentarios clave, como GLUT1 y SVCT2, comprometiendo el transporte de glucosa y la protección antioxidante hacia el feto en desarrollo; que se producen cambios vasculares en la placenta asociados a una reducción del tamaño fetal; y que incluso el útero de hembras nulíparas – es decir, antes del primer embarazo – muestra remodelación de matriz extracelular, desregulación angiogénica y menor capacidad de reparación del ADN tras exposición crónica. En paralelo, observamos alteraciones estructurales en la aorta materna y trayectorias de presión arterial sistólica elevadas durante la gestación y cambios en la morfología renal y adrenal materna durante el embarazo lo que sugiere que el sistema cardiovascular y renal materno también pagan un costo. A nivel de órganos fetales, la exposición prenatal a humo de leña se asocia con una disminución de las vías aéreas de conducción en el pulmón fetal y con una asociación con el retraso en la osificación de los huesos del cráneo.
Ninguno de estos hallazgos, tomados en aislado, resulta sorprendente para la toxicología ambiental. Lo que resulta relevante, a nuestro juicio, es su acumulación: cuando se observan de forma consistente alteraciones en el eje reproductivo, la placenta, el útero, el sistema vascular materno y el pulmón fetal -todos generados por el mismo contaminante, en el mismo modelo experimental, replicando la fuente real de exposición de una ciudad chilena- la evidencia deja de ser anecdótica y empieza a describir un patrón de vulnerabilidad transgeneracional. Y este patrón no se detiene al nacer: en un estudio reciente sobre escolares chilenos de octavo básico, encontramos que el rendimiento académico en matemáticas y lenguaje fue menor en las zonas con mayor contaminación por PM2.5, un efecto que se concentró particularmente en colegios subvencionados, no así en colegios privados o municipales. La contaminación, en otras palabras, no solo enferma: también profundiza brechas educativas ya existentes.
¿Qué hacemos con esta evidencia? La política pública chilena de gestión de episodios críticos – vigente en Temuco, Osorno, Coyhaique y otras zonas saturadas entre abril y septiembre – ha logrado avances reales en la reducción de contaminantes como el SO₂ y en la fiscalización de fuentes industriales. Pero, como reconocen investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, la regulación sobre uso de leña húmeda todavía no se implementa de manera plena, en parte porque este combustible es parte de la identidad cultural y económica de muchas comunidades del sur. Es una tensión legítima, y no se resuelve solo con prohibiciones ni con recomendaciones de mascarilla en días de preemergencia. Se resuelve con recambio efectivo de calefactores, con acceso a leña certificada y seca a precios competitivos, con aislación térmica de las viviendas, y con una comprensión pública -no solo experta- de que el costo de este contaminante no se mide únicamente en índices de calidad del aire, sino en la biología de quienes hoy están gestando, naciendo o aprendiendo en las ciudades más afectadas del país.
La ciencia reproductiva no reemplaza a la epidemiología ni a la economía de la energía doméstica, pero sí aporta algo que estas disciplinas no pueden ofrecer por sí solas: evidencia mecanística de que el humo que se ve desde la ventana en una tarde de julio no es solo una molestia respiratoria estacional, sino un factor que puede estar modelando, silenciosamente, la salud de la próxima generación de chilenos y chilenas del sur.