Colombia: ¿giro a la Derecha o voto del desencanto?
06.06.2026
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06.06.2026
La autora de esta columna comenta el resultado de la primera vuelta presidencial en Colombia, y sostiene que aunque el candidato opositor Abelardo De la Espriella logró imponerse sobre el oficialista Iván Cepeda Castro, los datos sugieren una realidad más compleja. La consolidación del voto opositor, las dificultades del gobierno para ampliar sus alianzas y el creciente descontento ciudadano configuran un escenario donde la segunda vuelta no solo definirá un presidente, sino también el alcance y la estabilidad del proyecto político iniciado por Gustavo Petro.
Imagen de portada: Gustavo Petro, presidente de Colombia, en su vista a Chile en 2025 (Víctor Huenante / Agencia Uno)
La primera vuelta presidencial en Colombia dejó una pregunta abierta: ¿el país está girando hacia la derecha o estamos frente a un voto de desencanto hacia el gobierno actual? Una respuesta parece sugerir que hay un poco de ambas. Con el 43,74% de los votos, Abelardo De la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, logró imponerse sobre Iván Cepeda Castro, candidato oficialista del Pacto Histórico, que obtuvo el 40,09%. La diferencia apenas de tres puntos porcentuales, aunque estrecha, es suficiente para instalar una narrativa que marcará las próximas semanas: la posibilidad de una alternancia política después del primer gobierno de izquierda en la historia reciente de Colombia. Sin embargo, interpretar estos resultados únicamente como un giro ideológico hacia la derecha podría resultar apresurado.
Aunque la elección contó con 11 candidaturas presidenciales, la competencia terminó concentrándose en dos proyectos políticos claramente enfrentados. La fragmentación inicial dio paso a una fuerte polarización entre quienes buscan la continuidad del proyecto político del Pacto Histórico, y quienes ven en De la Espriella una alternativa frente al actual gobierno. Las opciones de centro quedaron relegadas, aunque sus resultados podrían resultar decisivos en la segunda vuelta. Paloma Valencia candidata del centro democrático obtuvo un 6,92%, mientras que Sergio Fajardo alcanzó el 4,26%. Se trata de un caudal electoral que hoy queda en libertad de optar por cualquiera de las dos candidaturas o por el voto en blanco, una alternativa simbólica, pero sin efectos prácticos en segunda vuelta presidencial.
Una de las explicaciones del resultado radica en la capacidad del candidato De la Espriella para consolidar el electorado de derecha. Durante los últimos meses de campaña, las encuestas mostraron un crecimiento sostenido de su candidatura, quitándole votos principalmente a la candidata Paloma Valencia, quien llegó a registrar porcentajes cercanos al 20% en algunos sondeos durante los primeros meses del año y obtuvo finalmente un 6,92% en las urnas. Parte de ese electorado parece haberse concentrado estratégicamente en la candidatura con mayores posibilidades de disputar el liderazgo electoral, en una lógica de voto útil frente al candidato oficialista, que encabezaba las encuestas en primera vuelta.
A esta explicación se suma el aumento de la participación electoral. Mientras en la primera vuelta presidencial de 2022 votó el 54,56% del padrón electoral, en 2026 la participación alcanzó el 57,88%. Aunque todavía es temprano para determinar con precisión el comportamiento de esos nuevos votantes, los resultados sugieren que el incremento en la participación benefició principalmente a la oposición y a sectores de centro- derecha, mientras que el oficialismo mostró un crecimiento más limitado.
Interpretar estos resultados únicamente como un avance ideológico de la derecha sería una lectura incompleta. Los datos muestran también señales de desgaste del oficialismo. La seguridad, la crisis del sistema de salud, las denuncias por corrupción y la dificultad para construir acuerdos con sectores de centro se han convertido en preocupaciones clave para una parte importante del electorado. En este contexto, De la Espriella logró capitalizar un voto crítico que no necesariamente expresa adhesión ideológica a la derecha, sino descontento con la gestión gubernamental.
Esta lectura resulta especialmente relevante porque el oficialismo enfrenta dificultades para atraer a sectores de centro de cara a esta segunda vuelta. La limitada incorporación de fuerzas de centro a la coalición gobernante durante los últimos años ha reducido los márgenes de crecimiento electoral de Cepeda Castro precisamente en un momento en que esos votos podrían definir el resultado final, tal cual como ocurrió en las elecciones de 2022, cuando la campaña de Gustavo Petro buscó atraer al centro con el discurso del cambio, que posteriormente no incorporó plenamente a su gestión gubernamental.
El mapa electoral también aporta elementos importantes en la configuración del voto en Colombia. A pesar de la ventaja obtenida por la derecha, no se observa una transformación radical respecto a las elecciones anteriores. Los departamentos periféricos continúan mostrando un respaldo significativo al Pacto Histórico, mientras que regiones como Antioquia, Norte de Santander y buena parte del Eje cafetero mantienen una inclinación hacia candidaturas de derecha. Bogotá, la capital colombiana, sigue favoreciendo al oficialismo, aunque con señales de desgaste. El apoyo a Cepeda alcanzó el 41,67% , una cifra considerablemente menor al 47,05% obtenido por Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022.
Más que un cambio profundo en las preferencias ideológicas de los colombianos, esta relativa estabilidad territorial parece reflejar variaciones en la intensidad del apoyo electoral y en la capacidad de movilización de determinados sectores políticos. En este escenario, la estrategia digital de la campaña de De la Espriella parece haber jugado un papel importante para atraer a votantes indecisos, contrastando con una campaña oficialista más apoyada en actos públicos y movilización territorial. La experiencia reciente en América Latina ha mostrado que el éxito de las campañas en espacios públicos no siempre se traduce automáticamente en votos. Algo similar ocurrió en la denominada “ola verde” de Antanas Mockus en 2010, que, pese a movilizar amplios sectores de jóvenes y generar una gran expectativa electoral, no logró traducir ese entusiasmo en victoria presidencial frente a Juan Manuel Santos.
El comportamiento electoral de los colombianos en el exterior también ofrece pistas interesantes. Aunque De la Espriella obtuvo el 54,36% de los votos frente al 28,46% alcanzado por Cepeda Castro, los resultados muestran diferencias importantes según el país de residencia. El candidato de derecha logró amplias ventajas en Estados Unidos, Chile, Inglaterra, México y Perú; mientras que Cepeda obtuvo mejores resultados en Francia, Alemania, Rusia, Argentina y Brasil. Estas diferencias parecen reflejar trayectorias migratorias, experiencias políticas y percepciones distintas sobre los desafíos que enfrenta actualmente Colombia.
La disputa electoral entra ahora en una nueva fase. En las próximas semanas, ambos candidatos deberán ampliar sus bases de apoyo en un contexto de alta polarización y en medio de un escenario marcado por la atención pública que genera el Mundial de Fútbol. Cepeda Castro necesitará atraer principalmente a votantes de centro y movilizar sectores abstencionistas, especialmente entre los jóvenes y las zonas urbanas. De la Espriella, por su parte, buscará consolidar la ventaja obtenida en primera vuelta y fortalecer el apoyo de quienes ven en su candidatura una alternativa al gobierno actual.
La discusión no es ajena a Chile ni al resto de América Latina. Al igual que en otros países de la región, Colombia enfrenta una ciudadanía cada vez más crítica de los gobiernos en ejercicio y una creciente polarización política. La elección presidencial en Colombia parece formar parte de una tendencia regional, donde las alternativas políticas se explican menos por adhesiones ideológicas permanentes y más por evaluaciones ciudadanas sobre el desempeño de quienes gobiernan. Sin embargo, el caso colombiano presenta una particularidad relevante. A diferencia de Chile, donde desde el retorno a la democracia se han alternado gobiernos de centroizquierda y centroderecha, la llegada de Gustavo Petro en 2022 representó el primer gobierno de izquierda en la historia reciente del país. Por ello, la posibilidad de que la izquierda no logre mantenerse en el poder tras solo un período presidencial plantea interrogantes sobre su capacidad para consolidarse como una fuerza gobernante a largo plazo. Más allá de los avances o limitaciones de la actual administración, los resultados sugieren que el oficialismo no logró construir alianzas políticas ni consensos sociales necesarios para dar continuidad a su proyecto político.
La segunda vuelta mostrará si la ventaja obtenida por De la Espriella expresa una transformación más duradera de las preferencias políticas de los colombianos o si constituye, más bien, una manifestación del desgaste que enfrentan los gobiernos en América Latina. Lo cierto es que, independientemente del resultado, el próximo presidente recibirá un país marcado por la polarización, con crecientes demandas en materia de seguridad, salud y sostenibilidad fiscal. El desafío no será únicamente ganar las elecciones, sino construir mayorías necesarias para gobernar un país que parece estar cada vez más fragmentado y dividido.