La verdadera aula protegida
19.05.2026
Hoy nuestra principal fuente de financiamiento son nuestros socios. ¡ÚNETE a la Comunidad +CIPER!
19.05.2026
Señor Director:
Chile vuelve a discutir cómo proteger las escuelas. Se habla de protocolos, sanciones, expulsiones y nuevas facultades para enfrentar la violencia escolar. Pero quizás estamos mirando el problema desde demasiado lejos del corazón de la escuela.
No existe aula más protegida que aquella donde los padres todavía están presentes.
La educación no se salva únicamente con leyes que castigan. Se salva cuando una madre aparece en el acto de su hijo aunque venga cansada del trabajo. Se salva cuando un padre acompaña una reunión, cuando un abuelo espera a la salida, cuando una familia conoce el nombre del profesor y el profesor conoce la historia de esa familia. Ahí nace la verdadera seguridad.
Porque la violencia escolar no comenzó en las salas. Comenzó cuando lentamente las comunidades dejaron de encontrarse.
Hoy discutimos cómo sacar estudiantes conflictivos, pero poco hablamos de cómo volver a entrar como familia a la escuela. Hemos llenado los colegios de protocolos, pero vaciado muchos patios de comunidad.
Quizás la próxima gran ley educativa no debería llamarse “Aulas Protegidas”. Tal vez debería garantizar el derecho y el deber de las familias a habitar la escuela: permisos laborales para asistir a reuniones y actos escolares, incentivos para la participación familiar, espacios permanentes de acompañamiento comunitario, presencia activa en recreos, talleres y actividades formativas.
Porque ningún inspector reemplaza el abrazo de una madre.
Ninguna cámara reemplaza la mirada de un padre atento.
Ningún protocolo supera el poder de una comunidad unida.
La convivencia no se decreta: se cultiva.
Y si Chile realmente quiere proteger sus escuelas, el primer paso no es endurecer los castigos. Es volver a llenar de comunidad los pasillos vacíos.
Porque cuando las familias entran a la escuela, la violencia empieza a retroceder.