Londres 2026: la frontera humana se mueve
07.05.2026
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07.05.2026
El autor de esta columna comenta el hito histórico de los dos atletas que rebajaron las dos horas en el maratón, comentando que «lo ocurrido en Londres no admite una lectura simple (…) es el resultado de múltiples factores, como la innovación tecnológica, la profesionalización extrema, la optimización fisiológica y la memoria histórica de prácticas indebidas. Pero, también nos plantea preguntas de difícil respuesta, como si estamos viendo el verdadero límite humano, o viviendo un nuevo estándar condicionado por la tecnología y el mercado.
Imagen de portada: news.adidas.com
El Maratón de Londres 2026 dejó de ser una competencia más para transformarse en un hito histórico. En una jornada que desafía los límites conocidos de la resistencia humana, tres atletas rompieron una barrera que hasta hace poco parecía inalcanzable en condiciones oficiales: correr el maratón en torno a las dos horas.
Sabastian Sawe, de Kenia, detuvo el cronómetro en 1:59:30, seguido por el etíope Yomif Kejelcha con 1:59:41 y por Jacob Kiplimo, de Uganda, con 2:00:28. Tres marcas extraordinarias que dejan atrás el récord de Kelvin Kiptum (2:00:35 en 2023) y consolidan una tendencia que genera tanto admiración como preguntas: ¿el rendimiento en el fondo está avanzando más rápido que nunca?
Una parte fundamental de esta evolución tiene explicación científica. Desde la irrupción de las zapatillas con placa de carbono, alrededor de 2017, el atletismo ha experimentado una transformación profunda.
Los estudios coinciden en dos efectos clave: reducción del gasto energético entre 2% y 3% y mejoras en el rendimiento entre 1% y 3% En el alto rendimiento, esa diferencia es enorme. No se trata de segundos: son minutos en una prueba como el maratón.
Estas zapatillas —popularmente conocidas como “zapatillas voladoras”— combinan espumas de alto retorno de energía con placas rígidas de carbono que optimizan la mecánica de carrera. El resultado es una mayor eficiencia biomecánica que permite sostener ritmos más altos con menor costo fisiológico.
Los datos agregados refuerzan esta idea. Antes de 2017, sólo un atleta había bajado de 2:03, seis lo habían hecho en 2:04 y otros 15 en 2:05. Pero el salto entre 2017 y 2026 es brutal: además de estos dos que ahora bajaron de las dos horas, hay 17 que corren bajo 2:03, 40 en 2:04 y 110 rebajaron ya los 2:05.
El salto no es incremental: es estructural.
A este escenario se suma un factor decisivo y a menudo subestimado: la profesionalización extrema del atletismo de fondo.
En las últimas dos décadas, el circuito global de maratones y carreras de ruta se ha multiplicado. Hoy existen cientos de eventos a nivel mundial, con una industria que moviliza miles de millones de dólares entre patrocinadores, derechos televisivos, turismo deportivo y premios.
Este crecimiento ha cambiado la naturaleza del deporte: ahora, correr ya no es solo vocación, es profesión; se ha consolidado una economía global del maratón, y los atletas compiten en calendarios internacionales altamente exigentes
En países como Kenia o Etiopía, este fenómeno tiene una dimensión aún más profunda. Para miles de corredores, el atletismo no es solo una carrera deportiva, sino una vía concreta de movilidad social.
En ese contexto, el incentivo competitivo es extremo. La profesionalización no solo eleva el nivel de rendimiento: también aumenta la presión por resultados.
Pero atribuir todo a la tecnología o al mercado sería incompleto. La historia del atletismo muestra que los grandes saltos de rendimiento suelen coincidir con cambios estructurales más amplios.
Uno de los más relevantes ocurrió a fines de los años 80 y comienzos de los 90 con la introducción de la eritropoyetina (EPO), una sustancia que aumenta la producción de glóbulos rojos y mejora el transporte de oxígeno. Su impacto en el mediofondo y fondo fue evidente en la evolución de las marcas.
Ese precedente sigue siendo una referencia incómoda: evidencia que el progreso deportivo no siempre responde únicamente a mejoras legítimas.
Desde la fisiología del ejercicio, los avances en métodos de entrenamiento han sido determinantes, especialmente entre los años 90 y 2010. Periodización, control de cargas, entrenamiento en altura, nutrición y recuperación permitieron optimizar el rendimiento al máximo nivel.
Sin embargo, muchos especialistas coinciden en que ese campo ha alcanzado una relativa madurez. Las mejoras actuales existen, pero son marginales en comparación con el impacto que hoy generan la tecnología y la estructura profesional del deporte.
En este contexto, el atletismo se mueve en una línea delgada. Conviven avances legítimos con la necesidad permanente de control.
Diversos informes internacionales han señalado que una proporción relevante de sanciones por dopaje en el fondo se concentra en atletas de Kenia, una de las mayores potencias de la disciplina. Esto no implica, en ningún caso, una generalización sobre el conjunto de corredores, pero sí plantea un desafío institucional claro: sostener sistemas de control robustos, creíbles y globales.
Lo ocurrido en Londres no admite una lectura simple. Como hemos señalado, es el resultado de múltiples factores, como la innovación tecnológica, la profesionalización extrema, la optimización fisiológica y la memoria histórica de prácticas indebidas. Pero, también nos plantea preguntas de difícil respuesta, como si estamos viendo el verdadero límite humano, o viviendo un nuevo estándar condicionado por la tecnología y el mercado. En ese contexto, ¿es posible comparar estas marcas con las de otras épocas?
Londres 2026 no solo coronó a tres atletas excepcionales. Redefinió el contexto en que entendemos el rendimiento. El maratón, símbolo clásico del esfuerzo humano, está cambiando. Y lo hace en un equilibrio complejo entre progreso, incentivos económicos y regulación.
Porque si algo queda claro tras esta jornada histórica, es que el cronómetro sigue bajando.
La verdadera discusión ya no es si caerán nuevos récords, sino bajo qué condiciones —tecnológicas, económicas y éticas. Los que amamos el deporte queremos que esos récords sean validados por la historia.