Oda al desmantelamiento
05.05.2026
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05.05.2026
Señor Director:
Recuerdo aquel 21 de diciembre de 2024, cuando en el Estadio Nacional, la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), dirigida por el maestro Christian Lorca, abrió el concierto sinfónico Oda a la Fraternidad, una de las puestas en escena más grandes del país, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile.
En ese tiempo yo trabajaba en el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC), coordinando el área educativa, por lo que ese concierto fue para mí una experiencia profundamente significativa, tanto en lo personal como en lo profesional. Me permitió ver in situ procesos, trayectorias, nerviosismo, familias orgullosas observando a sus hijos y nietos sobre el escenario, y, sobre todo, la cantidad de oportunidades artísticas, educativas y culturales para comunidades, territorios y para el país en su conjunto.
Esa noche, el maestro Lorca expresó que era un honor tocar en el mismo escenario de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, y que para los niños y niñas aquello era doblemente emocionante. Esto no es un detalle menor, ya que muchos de ellos provenían de regiones como Biobío, La Araucanía, Maule y Los Ríos, y por primera vez pisaban ese escenario. Ese momento no fue solo un concierto, fue la materialización de un derecho y de una posibilidad.
Hoy, a casi un año y medio de ese acontecimiento, llega a mis manos el Anexo Presupuestario 2026, parte del Proyecto de Ley de Presupuestos, que propone descontinuar las orquestas de FOJI, con una reducción de más de $4.200 millones de pesos. La cifra es enorme, pero su significado lo es aún más, ya que simboliza una verdadera oda al desmantelamiento.
El documento además señala que más del 50% de los programas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio serían recortados o eliminados, lo que se traduce en más de $97.000 millones de pesos menos para cultura y patrimonio. Esto implica dejar a niños y niñas sin orquesta, interrumpiendo procesos formativos justo cuando comienzan.
Se mantienen programas como Acciona, FONDART, Fondo Audiovisual y FAE, desplazando gran parte de la creación al ámbito de los fondos concursables. Esto me lleva a pensar que la educación artística, mi espacio de trabajo, no puede depender de lógicas concursables, sino que requieren de continuidad y estabilidad. La educación artística requiere de políticas sostenidas en el tiempo, que garanticen que niños y niñas accedan a las culturas y las artes, tengan experiencias en ese ámbito, y que en caso de haber intereses vocacionales, se formen para ser protagonistas de las artes y culturas de Chile.
El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño es claro y reconoce el Derecho al descanso, al juego y a participar libremente en la vida cultural y artística. Este no es un derecho opcional, es una obligación directa del Estado, que debe garantizarlo de manera continua y permanente, asegurando condiciones reales para su ejercicio. Pero cuando estos espacios se reducen o desaparecen, como es lo que ocurre con este ajuste presupuestario, ese derecho deja de ser tal y se transforma en privilegio.
Quienes habitamos la educación artística sabemos que estos procesos son complejos y profundamente estructurales. No se trata únicamente de formar músicos o artistas, sino de construir vínculos, identidades y posibilidades de futuro. Lo que hoy está en juego no es solo una decisión presupuestaria, sino una cuestión ética. Cada programa recortado es una experiencia que desaparece, un proceso que se interrumpe, una trayectoria que se desvanece.
Como chilenos, si queremos ser escuchados, debemos sonar en conjunto, como una orquesta, más allá de nuestras diferencias políticas. El acceso de niños y niñas a experiencias artísticas debería ser un propósito común y no podemos permitir que las artes, la cultura y la educación artística temprana sigan siendo desmanteladas.
Si dejamos de tocar juntos, de pensar juntos, esta “oda al desmantelamiento” dejará de ser una metáfora y se transformará en un silencio no será solo musical, sino social, cultural y humano.