¿Cómo gobernar cuando te falta gente?
18.04.2026
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18.04.2026
El autor de esta columna analiza los que a su juicio han sido los problemas del actual gobierno en su primer mes. Los atribuye a los pocos militantes del Partido Republicano. «En síntesis, el partido de gobierno tiene un problema de número: les falta gente, les faltan profesionales competentes y para saber cómo solucionar todo esto, les falta calle», sostiene.
Imagen de portada: Sebastián Beltrán / Agencia Uno
Por primera vez, al menos desde el retorno a la democracia, Chile está siendo gobernado por un partido político pequeño. Así como suena: el Partido Republicano de Chile ocupa el undécimo lugar entre 24 movimientos, lo que lo sitúa en la mitad de la tabla. Este dato no es menor; por el contrario, resulta clave para comprender por qué su gobierno puede constituir un riesgo para el correcto funcionamiento de los organismos públicos y la adecuada satisfacción de las necesidades de la población.
Si observamos el gobierno anterior, encontramos a un Frente Amplio fortalecido tras la fusión de Convergencia Social y Revolución Democrática en 2024, sumando por sí solos más de 56 mil militantes. A ello se agregaba un gabinete transversal, con participación del Partido Comunista, el Partido Socialista y el PPD, entre otros. En total, ese ecosistema político y técnico superaba los 200 mil militantes. Esa magnitud no garantizaba calidad, pero al menos, sí una amplia reserva de capital humano: en ella se pudo encontrar tanto lo mejor como lo peor, aumentando significativamente la probabilidad de encontrar personas con alto valor profesional y vocación pública.
Si retrocedemos aún más, llegamos al gobierno del santificado Sebastián Piñera, cuyo principal respaldo provenía de los dos grandes partidos de la derecha: la UDI y Renovación Nacional. Juntos, y sumando aliados menores, hoy superan los 80 mil militantes. Si bien es una base menor que la anterior, sigue siendo considerable y permitió cierto grado de gobernabilidad en su primer mandato, aunque no evitó el estallido en el segundo. Entre los factores que contribuyeron a la crisis de 2019 estuvo la falta de integrantes con competencias adecuadas para implementar políticas públicas. Se trató de un gobierno que algunos calificaron como tecnócrata y otros derechamente como capturado por el sector privado, cuyas lógicas difieren profundamente de las del sector público. Esa limitación también se tradujo en la incorporación de figuras sin sensibilidad social, con discursos altaneros y arrogantes, que causaron ronchas en la población que sufre con los tacos en el transporte, la salud y la educación.
Ahora bien, miremos el presente: el entorno del presidente José Kast y su Partido Republicano, con aproximadamente 22.500 militantes. ¿Qué se puede esperar de un equipo de ese tamaño? Lo primero es evidente: resulta difícil cubrir todas las necesidades de gestión política y técnica. Faltan rostros, faltan especialistas, y el gobierno queda estructuralmente limitado. Es cierto que los gobiernos suelen articularse mediante coaliciones, lo que podría compensar esa carencia. Sin embargo, aquí surge un segundo problema: la trayectoria del Partido Republicano ha estado marcada por posiciones rígidas, con escasa disposición a negociar o construir acuerdos. Ejemplo de esto, es la incapacidad de lograr la aprobación de proyectos de ley de redacción propia.
¿Cómo se gobierna cuando faltan personas? ¿Cómo se gobierna cuando quienes están disponibles no siempre cuentan con las competencias necesarias? La solución de Kast ha sido “robar” figuras de otros partidos políticos que se han mostrado rebeldes a sus propias militancias, ofreciendo suculentas posiciones de gobierno y gran exposición mediática, quebrando la fidelidad de estos personeros que prefieren estar siempre en la palestra, antes que demostrar coherencia y consecuencia. Pero esta fórmula es insuficiente: no alcanza para cubrir la diversidad de funciones que exige el aparato estatal a lo largo de todo el país.
Otra alternativa ha sido recurrir al sector privado, replicando en parte la lógica observada durante el gobierno de Chile Vamos. Esta decisión no es neutra: responde también a vínculos de financiamiento político y a intereses que buscan incidir en decisiones regulatorias que benefician a los grandes conglomerados. Pero esta receta ya la conocemos, sabemos que aplicar lógicas empresariales al Estado no funciona, la hemos visto en acción y es caldo de cultivo para reavivar ronchas sociales con violentas consecuencias.
En definitiva, ser gobernados por un partido pequeño no es un detalle anecdótico, sino un factor de riesgo. La mayoría electoral que votó por Kast no necesariamente se identifica con él o con los republicanos, y eso agrava la desconexión entre representación política y capacidad de gestión. A este equipo le faltan liderazgos con oficio político, profesionales con compromiso ético y personas que reflejen la diversidad del país. Este último punto es gravísimo, sin necesidad de hablar de minorías, es ejemplo de esta falencia el ver cuántas mujeres integran el partido de gobierno: un 31%, sólo superado por el 26% de su partido ideológicamente más cercano, el Nacional Libertario.
Es probable que existan personas con currículums destacados y formación sólida. Pero el Estado no se sostiene sobre casos aislados: requiere una red amplia y diversa de profesionales: científicos, abogados, economistas, médicos, artistas, deportistas, psicólogos; distribuidos estratégicamente en todo el territorio y en funciones acordes a sus competencias. No ganas nada con poner a un titulado de leyes encabezando una subsecretaria de Hacienda o a la única mujer que tienes entre tus contactos en el ministerio de la Mujer (a pesar de ser una persona religiosa de ideas antifeministas), ni hablar de instalar a emprendedores de dudosa reputación en carteras como la de Ciencia y mucho menos, anunciar a cualquier sujeto que se diga ser de derecha en las distintas seremías sin siquiera verificar antecedentes o prontuario.
En síntesis, el partido de gobierno tiene un problema de número: les falta gente, les faltan profesionales competentes y para saber cómo solucionar todo esto, les falta calle.