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Comentarios (5)

ginger | 03.05.2021
excelente articulo, muchas gracias
Victor | 10.02.2021
La realidad es interdisciplinar, transdisciplinar , multidisciplinar, infinitamente compleja, dinámica, dialéctica .. por lo tanto la formación debe ser ad hoc.
Gabriel Francisco Kejaya Tello | 22.06.2020
Se pregunta si acaso la ciencia está en condiciones de dar respuesta a las expectativas que plantea la toma de decisiones en el contexto de complejidad que estamos enfrentando. La imagen del quehacer científico se corresponde con la actividad de una comunidad aislada del drama humano y del devenir social y político, encerrada en la punta de una torre de marfil que llamamos sistema-universidad/centros de investigación. En este régimen, la comunidad científica evacua saber altamente especializado, pero infértil y sin mayor atención a la capacidad de resolver problemas complejos. Se achaca tal condición a cierto enfoque disciplinario cuya finalidad sería la de garantizar la autonomía y la libertad del quehacer científico frente a los poderes políticos (Kant establece la tesis en 1794 como resistencia frente al poder conservador). Eventualmente, esta orientación sería diversa y refractaria de un enfoque interdisciplinario. Pues bien. Cabe precisar, in extenso, que el mismo Kant entiende por ocupación de la Universidad la del “interés científico, es decir, la verdad, donde la razón debe tener el derecho de hablar públicamente: pues sin una facultad así, la verdad (incluso en detrimento del propio gobierno) no podría manifestarse, ya que la razón es libre por naturaleza y no admite ninguna orden para tener alguna cosa por verdadera (ningún credo, sino solamente un libre credo)” Según se desprende del análisis de Kant, el quehacer científico genera no sólo límites, sino que describe condiciones de esos límites que circunscriben y orientan el quehacer científico. De un lado, el límite exterior conlleva una imposición interior: la autonomía frente a todo poder político es fruto de la imposición interna e interés mismo de la actividad científica, es decir, la verdad. Sin embargo, aquí ocurre algo importante que no cabe ni olvidar ni subestimar. Ocurre que la imposición interna del quehacer científico es un limite externo activo contra la intromisión de cualquier forma de poder, político o no. En efecto, el enfoque crítico plantea que el poder juzgar de forma autónoma significa garantizar la verdad, esto es, asegurar o precautelar la verdad de las enseñanzas socializadas. Eso es todo. Se trata de un marco regulatorio del quehacer público científico; se trata, entonces, de un deber más que de un derecho o bien, se trata de la obligación de juzgar públicamente en el espacio político las políticas de enseñanza e investigación; en una palabra: generar protección de la verdad es, por sí mismo, una actividad práctica, de lo contrario el quehacer universidad es meramente fingido y falso. Por cierto. El Káiser, Federico-Guillermo II, mediante Edicto, prohibió y reprimió la libertad de prensa y, como era de esperar, Kant, eludiendo la censura publicó en 1792 una obra que le valió la reprimenda del mismo emperador. Ahora bien. Quizás surjan dudas sobre el nexo entre un enfoque disciplinario y otro interdisciplinario. Al respecto se puede conjeturar que la contribución a la investigación científica puede estar sujeta a dos campos de elaboración: un núcleo sólido y un espacio intersticial o núcleo líquido de fecunda contribución entre los diversos saberes. Así, por ejemplo, la contribución de la teoría referencial del significado de Gottlob Frege (1892) describe las condiciones de uso del término verdadero, aporte que en el sistema del derecho previene de la existencia de términos no sólo vagos sino también valorativos que carecen de referencia objetiva y que expresan más bien las actitudes y valoraciones subjetivas de quien las pronuncia antes que un hecho verificable. Quizás un ejemplo contingente ilustre mejor. Si la presunción de inocencia no es sólo una garantía de libertad y de verdad, sino también una garantía de seguridad y defensa de las personas frente al arbitrio punitivo de la autoridad, entonces de qué otro modo se justifican las sanciones penales para quienes infrinjan las medidas sanitarias, sino menoscabando esa confianza esencial de un estado de derecho. ¿Se trata, entonces, de un signo inconfundible de la pérdida de legitimidad política de la jurisdicción y del gobierno de la sin razón, de prejuicios y valoraciones ajenos a la labor jurídica? Al respecto, cabe esperar un juicio oportuno y pronto de la dogmática jurídica nacional, de la comunidad científica. Por lo comentado más arriba, cabe esperar del enfoque interdisciplinario un nexo transversal a las diversas disciplinas del quehacer universitario y tal nexo no puede ser otro que uno ético y estético. El quehacer universitario no es universal por la extensión de los participantes, sino por la unidad que genera la comunidad en torno al bien de la verdad; no otra cosa es la universalidad del quehacer científico o más bien de la filosofía misma, expresada a través de las más diversas formas del conocimiento. Finalmente. No hemos querido hablar sobre lo que es disponible para el mercado, para la política y para los diversos intereses privados (aquello ya es materia de una critica implacable y bien informada), sino que quisimos centrar nuestra opinión en el núcleo indisponible para el mercado y para la política; fue nuestra intención generar una reflexión sobre aquellos bienes indisponibles que hacen la vida Universitaria y que no son transables y disponibles a otro precio, sino de aquel que les da su propia identidad y que, sin embargo, representan el ejercicio activo de una comunidad que hace tiempo parece anestesiada y que le debe mucho a la sociedad. Gabriel Francisco Kejaya Tello. San José de los Lingues, San Fernando, Chile
Isabel | 19.06.2020
Lamentable es que la investigación científica no está enfocada a presentar investigaciones para resolver los problemas que os aquejan, si no que su objetivo último es publicar para ser mejor calificado por la a ademia. Invirtiendo recursos en publicaciones demasiado caras, que sólo favorecen a los que regulan y lucran con estas publicaciones. Al final, todos se venden. El dinero siempre gana.
Héctor | 18.06.2020
Un buen artículo que refleja una realidad que se viene arrastrando por décadas y que se relaciona con la incapacidad de la universidad Chilena para contribuir a solucionar problemáticas complejas y territoriales/contextuales. El sistema educativo terciario actual no está aún preparado para afrontar este cambio paradigmático. El tránsito de una universidad centrada en la disciplina a una que se enfoque en la contribución a la resolución de problemas reales utilizando la discusión interdisciplinar y transdisciplinar (que ojalá incluya distintos tipos de saberes, no sólo los de la academia tradicional) requiere de un esfuerzo administrativo e intelectual importante que nos permita repensar los objetivos de la investigación y también de los procesos formativos. Buena columna, felicitaciones al equipo.
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