Diferencias de criterios de evaluadores abren nuevas dudas sobre Becas Chile
16.10.2009
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16.10.2009

Las quejas por el proceso de asignación de becas estatales de postgrado en el extranjero siguen creciendo, agregando nuevos cuestionamientos. CIPER reunió y estudió una treintena de puntajes de postulantes rechazados y tuvo acceso a una versión preliminar del “Manual del Evaluador”. El análisis da cuenta de que el nivel de discrecionalidad en la valoración de las postulaciones permite que candidatos con perfiles y preferencias similares obtengan puntajes muy diferentes. En una competencia que se definió por centésimas, esta constatación abre un nuevo flanco de dudas para Becas Chile.
Manuel Ruiz y Claudia Pérez no lo podían creer cuando recibieron sus cartas de rechazo a la Beca Chile para un doctorado en España. Están casados y sus postulaciones eran casi idénticas: sus trayectorias profesionales como arquitectos son similares, sus cartas de recomendación fueron hechas por las mismas personas y postulaban exactamente al mismo programa, donde ya se encuentran aceptados. Sin embargo, obtuvieron puntajes distintos en la evaluación
Otras dos parejas han reclamado por situaciones similares en las páginas de Facebook que se encuentran abarrotadas de mensajes que cuestionan el proceso de asignación de financiamiento estatal para magíster y doctorado en el extranjero, el que acaba de beneficiar a 639 y 539 personas respectivamente. CIPER reunió una treintena de cartas de rechazo de distintos postulantes y tuvo acceso a una versión preliminar del “Manual del Evaluador”, fechado en julio de 2009. Las dudas no apuntan sólo a las críticas conocidas hasta ahora –cambio en las ponderaciones y del puntaje de corte- sino que ponen en duda los niveles de discrecionalidad de los criterios de los evaluadores.
El análisis de los datos da cuenta de cómo candidatos con similares perfiles e instituciones de educación superior pueden obtener puntajes muy distintos. En el caso de los arquitectos Manuel y Claudia, sus cartas de recomendación fueron hechas por los mismos profesionales, pero a él le asignaron 23,25 puntos y a ella sólo 19,5 puntos.
Cuando ambos compararon sus resultados con los de su amigo, el también arquitecto Esteban Skármeta, inscrito en el mismo programa, se dieron cuenta de que sus resultados también eran distintos. Los tres están inscritos en un doctorado en Gestión y Valoración urbana y Arquitectónica en la Universidad Politécnica de Cataluña, el que pusieron como única opción en el formulario de postulación. Cuando se evaluó la calidad de la universidad y programa, Manuel obtuvo 22,5 puntos sobre 30, Claudia 20 puntos y Esteban 22. La diferencia puede parecer menor, pero en una competencia que se cortó por centésimas, cada punto vale.
Si bien en la carta de rechazo este ítem se describe como “nivel y calidad internacional de la universidad o centro de estudios”, en las bases se consigna que incluye tanto los ranking internacionales “como la opinión de los evaluadores respectivos según la disciplina y calidad de los programas específicos propuestos”. De acuerdo al manual preliminar del evaluador, en el caso de los doctorados los ranking sólo constituyen el 30% del puntaje total, mientras que el 70% se define se acuerdo a la “percepción del evaluador”. Dicha percepción se desglosa en la valoración de la universidad (20%), el programa (40%) y su contribución (40%).
La explicación de los criterios en el manual es exigua: “La evaluación en este aspecto busca relevar aquellos centros de estudios o Universidades que han demostrado una destacada trayectoria en el área específica de interés del postulante. En caso que el Centro de estudios o la Universidad no esté posicionado en ranking internacionales, la evaluación debe destacar la calidad del programa de estudios o perfeccionamiento en virtud del reconocimiento internacional que tengan dentro de su disciplina y las herramientas de apoyo necesarias para que el estudiante pueda culminar exitosamente sus estudios”.
Si en la evaluación de las universidades los criterios fueron disímiles, las mayores quejas de los postulantes se centran en la medición de la experiencia laboral, un área más difícil de objetivar debido a las particularidades de cada caso. La pauta de evaluación de magíster se desglosaba asignando un 25% a la experiencia profesional, 25% a la experiencia académica, 15% a perfeccionamiento y capacitación, 15% a las publicaciones, 5% a congresos y 15% a premios.
Aún así, la aplicación de los criterios sorprende. Una postulante que pidió reserva de su nombre pero puso a disposición de CIPER todos sus antecedentes, grafica las inconsistencias que pueden presentarse en este ítem: después de ocho años de destacada labor en una empresa importante de su rubro, emigró a una universidad privada donde ejerce como investigadora y académica. En los últimos años ha publicado dos libros vinculados al área del magíster al que postuló, ambos ampliamente difundidos y valorados por sus pares. Sólo le asignaron 15,75 puntos a su trayectoria laboral, un poco más de la mitad del máximo. Lo extraño es que, dos de sus ex alumnos, egresados en los últimos tres años y por lo tanto con escasa experiencia profesional y sin publicaciones, obtuvieron un puntaje más alto que el suyo: 16,31 y 19,23.
La evaluación académica de los postulantes también abre ciertas dudas. En el manual preliminar –no tenemos certeza de que exista uno posterior– no se especifica claramente la forma en que se asigna cada puntaje. Se hace hincapié en la falta de homogeneidad entre las áreas e instituciones de las que vienen los egresados, pero no se hacen sugerencias respecto a ranking o criterios objetivos. En caso de que el postulante tenga un postgrado, las notas de éste equivalen al 20% de la categoría y las del pregrado un 80%. Como reclama un profesional con grado de magíster, si en el postgrado se obtuvo peor nota que en el pregrado, “es mejor no haber estudiado nada después de salir de la universidad… da más puntos”, pues no se valora el grado académico en forma separada a las notas.

Los puntajes de evaluación también sufrieron diferencias entre el proceso de Becas Chile que cerró en febrero y el que culminó en octubre. Un profesional del área científica que postuló sin éxito la primera vez, obtuvo 17,1 puntos en sus antecedentes académicos y en la suma final quedó sólo a décimas del puntaje de cortes. Esperanzado, volvió a intentarlo, obteniendo peores resultados. Pese a que sus antecedentes académicos no variaron en el último año, esta vez sólo le asignaron 14 puntos, lo que lo alejó de la lista de seleccionados.
Otros tuvieron mejor suerte. Un profesional del área humanista obtuvo 14,03 puntos en su evaluación académica de febrero, los que aumentaron a 15 puntos en octubre. Aún así, no le alcanzó para ser seleccionado como beneficiario a la beca.
En los últimos días el gobierno ha reconocido que hubo un error al cambiar los porcentajes de ponderación de las áreas evaluadas, aumentando de 25% a 30% la valoración del nivel del centro de estudios y bajando de 25% a 20% el peso de la declaración de intenciones y las cartas de recomendación. La modificación no se hizo a última hora, pues ya estaba considerada esa estructura en el manual preliminar repartido a los evaluadores en julio pasado, mes en que se cerraron las postulaciones.
Lo importante es que el cambio se mantuvo pese a que el gobierno ya había recibido un dictamen de la Contraloría que explicitaba que no podían tomarse decisiones que se apartaran de las bases elaboradas por Becas Chile. Después del proceso anterior, la presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, había consultado al ente contralor si era posible entregar la beca a una postulante que ingresaría a una universidad distinta a la que marcó entre sus tres preferencias. La respuesta fue negativa, pues las bases no lo permitían. “La licitación en examen constituye un procedimiento administrativo cuyo objeto es la selección de los interesados en postular a un beneficio económico, destinado al financiamiento de estudios de postgrado en centros educacionales extranjeros, el cual se rige por etapas y requisitos que deben observar los preceptos que lo regulan, como fuente de derechos y obligaciones, en tanto expresión de los principios de juridicidad y certeza, y de igualdad de los participantes, como manifestación del derecho a la igualdad, reconocido constitucionalmente”, dice el dictamen de la Contraloría fechado el 24 de julio pasado.
Si bien en la Contraloría declinaron pronunciarse en profundidad respecto al cambio realizado ahora a las bases, una fuente aclaró que en el actual proceso el organismo fiscalizador no entregó ninguna instrucción que pudiera hacer suponer a Conicyt que podía cambiar las ponderaciones.
El gobierno ya ha anunciado que intentará enmendar el error. Su primera medida fue remover al encargado del proceso, Andrés Molina, director de Formación de Capital Humano de Conicyt. También se inició una auditoría y se anunciaron más becas. Pero esto no ha calmado los ánimos de los cientos de profesionales que se sienten perjudicados y que se han organizado a través de grupos de Facebook para exigir total transparencia en el proceso. Además, armaron una base de datos pública donde pueden comparar sus puntajes.
*Francisca Skoknic es editora de CIPER y postuló sin éxito a una Beca Chile. No cuestiona el puntaje asignado en su propia evaluación y su caso no fue tomado en cuenta para este reportaje.