Harald Beyer

24.04.2008

Por Harald Beyer

Frente a los últimos casos de corrupción, el investigador del CEP plantea la atracción que representa para políticos y privados influir en las decisiones de asignación de un presupuesto nacional que pasó de US$ 6.400 millones en 1990 a US$ 34.000 millones en 2008. Lo “urgente” –afirma- es reformar la debilidad del Estado, que es una invitación a la corrupción. Y pone el acento en un factor del que pocos hablan: que “algunas empresas, en lugar de competir por calidad y precio, lo hagan ‘capturando’ a los encargados de adjudicar los valiosos contratos estatales”.
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