TRADUCCIÓN DEL ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN LA PÁGINA DEL ARCHIVO DE SEGURIDAD NACIONAL
El caso Letelier-Moffitt cumple 50 años: el veredicto de la historia sobre el papel de Pinochet
21.09.2026
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TRADUCCIÓN DEL ARTÍCULO ORIGINAL PUBLICADO EN LA PÁGINA DEL ARCHIVO DE SEGURIDAD NACIONAL
21.09.2026
Con motivo de la conmemoración del 50º aniversario del atentado que acabó con la vida del exembajador chileno Orlando Letelier y de su joven colega, Ronni Karpen Moffitt, en Washington, D. C., el Archivo de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés) publicó una serie de documentos del FBI obtenidos en respuesta a solicitudes presentadas, hace más de una década, en virtud de la Ley de Libertad de Información. El artículo revela que agentes del FBI entrevistaron a Henry Kissinger sobre el papel de Pinochet en el atentado; que, en 1987, el secretario de Estado George Shultz planteó la posibilidad de procesar a Pinochet por este caso; y que, en 1999, la fiscal general Janet Reno autorizó una investigación “de gran envergadura”.
*Este artículo corresponde a una traducción del original, publicado en la página del Archivo de Seguridad Nacional. Visite ese reportaje haciendo clic aquí.
Como parte de una investigación sobre el papel del general Augusto Pinochet en un acto de terrorismo en Washington, D.C., el FBI entrevistó al exsecretario de Estado Henry Kissinger, según documentos desclasificados del FBI publicados hoy por el Archivo de Seguridad Nacional (NSA). En una reunión con agentes del FBI el 25 de mayo de 2000, en Nueva York, Kissinger relató una reunión privada que tuvo con Pinochet en Santiago apenas tres meses antes del asesinato, de acuerdo con un resumen de la entrevista del FBI recientemente revelado. “Kissinger recordó que Pinochet mencionó el nombre de Orlando Letelier cuando se refirió a los contactos que estaban estableciendo los demócratas cristianos y los opositores al régimen de Pinochet con miembros del Congreso de los Estados Unidos. Kissinger no pudo recordar si Pinochet se enojó al hablar de Orlando Letelier”.
La publicación del Archivo conmemora el 50.º aniversario del atentado con auto bomba que acabó con la vida del exembajador chileno Orlando Letelier y de su joven colega, Ronni Karpen Moffitt, en Washington, D.C. Los documentos del FBI se obtuvieron en respuesta a solicitudes presentadas en virtud de la Ley de Libertad de Información hace más de una década por el Proyecto de Documentación sobre Chile del Archivo.
Con el nombre en clave “CHILBOM”, la nueva investigación del FBI y del Departamento de Justicia (DOJ) fue autorizada por la fiscal general Janet Reno el 8 de febrero de 1999, varios meses después de que el general Pinochet fuera detenido en Londres en virtud de una orden de la Interpol solicitada por España en el marco del Convenio Europeo contra el Terrorismo. “El objetivo de la nueva investigación es determinar si existen pruebas admisibles y creíbles suficientes para establecer que una o más personas adicionales, incluyendo al general Augusto Pinochet, estuvieron involucradas en los homicidios [de Letelier y Moffitt]”, afirma un resumen del FBI sobre la investigación, publicado hoy. “Aún hay aspectos sin resolver del caso”, señala otro informe del FBI con fecha del 27 de marzo de 2000. “Se sigue buscando a los autores intelectuales del crimen, y esto podría conducir a los más altos niveles del antiguo gobierno chileno, que en el momento del atentado estaba dirigido por el general Augusto Pinochet”.
Orlando Letelier y Ronni Karpen Moffitt fueron asesinados la mañana del 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba colocada bajo el chasis del auto de Letelier explotó mientras se dirigían al trabajo por un tramo de la avenida Massachusetts conocido como “Embassy Row”. Letelier había sido embajador del presidente Salvador Allende en Washington y ministro de Defensa antes del golpe de Estado, y era ampliamente reconocido como la voz internacional más destacada de la oposición al régimen de Pinochet. Ronni Moffitt, de 25 años, se dedicaba a la recaudación de fondos en el Instituto de Estudios Políticos, donde ambos trabajaban. Su esposo, Michael Moffitt, asistente de investigación de Letelier, fue el único sobreviviente del atentado.

Créditos imagen: Archivo de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés)
A los siete días del atentado con auto bomba, el agregado del FBI en Buenos Aires, Robert Scherrer, obtuvo una pista concreta de una fuente de inteligencia argentina: la existencia de la Operación Cóndor, una colaboración entre las agencias de policía secreta del Cono Sur para rastrear y eliminar a sus opositores en la región y en todo el mundo. “Chile es el centro de la ‘Operación Cóndor’”, informó Scherrer en su cable de inteligencia del 28 de septiembre de 1976. “No es imposible que el reciente asesinato de Orlando Letelier en Washington, D.C., haya sido llevado a cabo como una acción de la tercera fase de la ‘Operación Cóndor’”.
Durante casi veinte años, este cable secreto del Operativo Cóndor fue el único documento de dominio público que vinculaba a Chile con el asesinato de Letelier. Fue obtenido y citado por primera vez por el periodista de investigación John Dinges, quien, junto con Saul Landau, escribió el primer libro sobre el caso Letelier-Moffitt: Assassination on Embassy Row.
A pesar de esta información temprana, el FBI tardó casi dos años en identificar concretamente a la policía secreta chilena, la DINA, como responsable del atentado con auto bomba. El avance en la investigación se produjo después de que se publicaran en la portada de un periódico de Washington, D.C., fotografías de dos agentes chilenos que, en el marco de la colaboración del Operativo Cóndor, habían solicitado visas falsas en Paraguay para una misión en Estados Unidos en agosto de 1976. En cuestión de horas, los dos fueron identificados como agentes de la DINA: Michael Townley, nacido en Estados Unidos, y el mayor Armando Fernández Larios.
La administración de Carter exigió que Townley, ciudadano estadounidense, fuera entregado a la custodia de Estados Unidos. Tras meses de demoras y evasivas, el régimen de Pinochet finalmente lo entregó al FBI, pero solo después de que las autoridades estadounidenses aceptaran no interrogarlo sobre operaciones de la DINA distintas a la misión de Letelier. Con base en las detalladas confesiones de Townley sobre la responsabilidad de la DINA en el atentado con auto bomba, el Departamento de Justicia de EE. UU. acusó formalmente al director de la DINA, el coronel Manuel Contreras, y a su subdirector, Pedro Espinoza, junto con Armando Fernández Larios. Estados Unidos presentó solicitudes formales a Chile para que fueran extraditados a ese país a fin de ser juzgados, lo que generó lo que un miembro de la junta militar de Pinochet denominó “un Watergate chileno”.
En ese momento, el general Pinochet encabezó un gran encubrimiento de su papel y el de la DINA en el atentado con bomba contra el automóvil, según informes detallados de inteligencia de la CIA. Pinochet planeaba “bloquear” cualquier investigación, según informó la estación de la CIA en Santiago en junio de 1978, utilizando la siguiente estrategia: “A. Proteger al general (r) Manuel Contreras de un enjuiciamiento exitoso; B. Bloquear cualquier solicitud adicional del Gobierno de EE. UU.; C. Seguir ‘presionando’ a los magistrados de la Corte Suprema [chilena] para garantizar que se rechacen las solicitudes de extradición de ciudadanos chilenos tras las acusaciones previstas. D. Seguir explotando el nacionalismo chileno con una campaña de acciones encubiertas para presentar la investigación sobre Letelier como motivada políticamente —otro pretexto para desestabilizar el régimen de Pinochet”. La CIA también informó que Contreras “admitió su culpabilidad” por el crimen ante el investigador militar oficial chileno, pero “amenazó con alegar que actuaba bajo órdenes de Pinochet en caso de que fuera procesado”. Según fuentes de la CIA, Contreras “afirmó que había ocultado de manera segura documentación para respaldar su alegato. Esta amenaza de chantaje funcionó”, informó la estación de la CIA. “Así comenzó el encubrimiento”.
Este documento y otra información de inteligencia que la CIA recopiló sobre el papel de Pinochet permanecieron en secreto durante décadas, lo que permitió, en la práctica, que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos eludieran la presión pública para que se procesara al general Pinochet. Pero la atención internacional sobre la criminalidad de Pinochet como autor intelectual del asesinato de Letelier y Moffitt se reavivó con la deserción, a principios de 1987, de uno de los agentes originales de la DINA en el caso: Armando Fernández Larios. En octubre de 1986, las autoridades estadounidenses se pusieron en contacto con Fernández Larios en Chile, a través de un intermediario por canales no oficiales, para ofrecerle un trato: asilo en Estados Unidos a cambio de un testimonio completo y sincero sobre el atentado con bomba contra el automóvil. Un pequeño equipo de funcionarios estadounidenses viajó en secreto a Santiago y entrevistó a Fernández durante diez horas en un refugio de la CIA el 14 de enero de 1987. Según dos informes detallados de las entrevistas publicados hoy por primera vez por el Archivo, Fernández Larios implicó a Pinochet como responsable de ordenar el asesinato de Letelier y de orquestar un encubrimiento concertado de ese crimen.
En reuniones cara a cara con Pinochet en 1978, según los informes de los interrogatorios, Fernández Larios le dijo a Pinochet que iba a viajar a Estados Unidos para confesar su participación en la operación contra Letelier. “Pinochet se molestó porque Fernández había adoptado esa actitud”, según el informe de la sesión informativa. Pinochet “le dijo que tenía que ser un buen soldado, que continuara con esta lucha y que este problema tendría un final feliz”. En dos ocasiones, según Fernández Larios, le pidió a Pinochet que le permitiera renunciar al ejército; y en ambas ocasiones Pinochet “se negó a permitirle separarse de la jurisdicción del Ejército”.
Más importante aún, Fernández Larios relató detalles que había escuchado y presenciado del ex subdirector de la DINA, Pedro Espinoza. Espinoza le contó que el director de la DINA, Manuel Contreras, había admitido ante el investigador militar oficial del caso Letelier, Héctor Orozco, que él había “dado la orden” de matar a Letelier. “Cuando se le preguntó por qué, afirmó que él (Contreras) había recibido una orden. Al preguntarle de quién, le aconsejó a Orozco que ‘le preguntara al jefe’. Dado que Contreras reportaba directamente a Pinochet, la referencia al jefe es bastante clara”.
Esta información se hizo pública el 4 de febrero de 1987, cuando Fernández Larios compareció ante el Tribunal de Distrito de Washington para declararse culpable de “ser cómplice después del hecho” en el asesinato de Letelier. (Fue condenado a hasta siete años de prisión y quedó en libertad tras solo cinco meses). Esta información figuraba en una “propuesta” legal de testimonio que Fernández Larios presentó como parte de su acuerdo de negociación de culpabilidad con el Departamento de Justicia. Aunque de escaso valor probatorio, la propuesta generó titulares en todo el mundo sobre el papel de Pinochet en el ataque terrorista y se convirtió, dentro de la administración Reagan, en el catalizador de un gran esfuerzo para poner fin de una vez por todas al apoyo de Estados Unidos a su régimen.
El secretario de Estado George Shultz, uno de los principales defensores de romper los lazos de Washington con la dictadura de Pinochet, utilizó la evidencia de Fernández Larios para presionar al presidente Reagan a que abandonara el régimen militar y apoyara el retorno al gobierno civil. Para obtener argumentos a favor de esta postura, Shultz solicitó a la CIA que realizara una revisión exhaustiva de sus archivos de inteligencia sin procesar sobre el asesinato de Letelier y Moffitt. El 1 de mayo de 1987, la CIA entregó al secretario de Estado lo que sigue siendo el documento desclasificado de mayor trascendencia entre los miles de registros sobre el caso Letelier-Moffitt: un informe secreto titulado “El papel de Pinochet en el asesinato de Letelier y el encubrimiento posterior” (publicado nuevamente hoy).

Créditos imagen: Archivo de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés)
“Una revisión de nuestros expedientes sobre el asesinato de Letelier”, concluyó la CIA, “ha proporcionado lo que consideramos evidencia convincente de que el presidente Pinochet ordenó personalmente a su jefe de inteligencia que llevara a cabo el asesinato”. La evaluación agregaba que Pinochet posteriormente “decidió hacer un bloqueo informativo sobre el caso para ocultar su participación… con el fin de proteger su control sobre la presidencia”. Pinochet incluso había considerado asesinar a Manuel Contreras, el jefe de la DINA, porque era el único hombre que podía testificar que Pinochet había ordenado el asesinato.
Shultz resumió entonces las conclusiones de la CIA en un contundente memorándum dirigido al presidente Reagan titulado “Pinochet y los asesinatos de Letelier y Moffitt: implicaciones para la política de EE. UU.”. El atentado con auto bomba fue “un ejemplo flagrante de la participación directa de un jefe de Estado en un acto de terrorismo de Estado, lo cual resulta particularmente inquietante tanto porque ocurrió en nuestra capital como porque su gobierno es considerado en general como amigo”, argumentó Shultz. “Lo que ahora sabemos sobre el papel de Pinochet en este asesinato es de la mayor gravedad y refuerza aún más la necesidad de trabajar por la democratización completa de Chile”.
El secretario de Estado también planteó la idea de procesar a Pinochet como autor intelectual de un ataque terrorista en las calles de Washington, D.C. “La CIA nunca antes había llegado a la conclusión de que existieran pruebas tan sólidas de su papel de liderazgo en este acto de terrorismo”, informó Shultz a Reagan. Pero “no está claro si podemos o si querríamos considerar la posibilidad de procesar a Pinochet, incluso si tuviéramos más fuentes públicas de evidencia”.

Créditos imagen: Archivo de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés)
En ese momento, el gobierno de Estados Unidos no tomó ninguna medida para procesar a Pinochet; por el contrario, la política estadounidense se centró en apoyar la transición a la democracia en Chile en 1990 y en presionar al nuevo gobierno civil chileno para que procesara a los altos mandos de la DINA, Manuel Contreras y su segundo, Pedro Espinoza. En un proceso judicial de gran repercusión a principios de la década de 1990, ambos fueron declarados culpables y condenados a siete y seis años, respectivamente, en una prisión de lujo construida especialmente para albergarlos.
Solo después de que Pinochet fuera detenido en Londres el 16 de octubre de 1998, la administración Clinton —bajo la presión de las familias Letelier y Moffitt y de defensores de los derechos humanos— volvió a considerar la idea de procesar a Pinochet como “autor intelectual” de un acto de terrorismo en Washington, D.C. Con la autorización de la fiscal general Reno, en febrero de 1999, para llevar a cabo una investigación “de gran envergadura”, el Departamento de Justicia estableció un “grupo de trabajo especial contra el terrorismo” para recabar pruebas sobre el papel de Pinochet en el transcurso de una investigación de 18 meses. En marzo/abril de 2000, un equipo de abogados del Departamento de Justicia e investigadores del FBI pasó casi un mes en Chile tomando declaración a exfuncionarios del régimen militar, entre ellos el exdirector de la DINA, Manuel Contreras, quien fue interrogado oficialmente en la prisión de lujo de Punto Peuco.
El resumen desclasificado del FBI sobre la declaración de Contreras está casi totalmente censurado. Sin embargo, un funcionario estadounidense que estuvo presente afirmó que Contreras proporcionó a los investigadores la versión oficial del régimen sobre el asesinato de Letelier: que la CIA era la responsable del atentado con auto bomba. Los periodistas pro-Pinochet a quienes Contreras había invitado a la prisión tendieron una emboscada al equipo de la fuerza especial cuando se retiraban, convirtiendo la declaración en una oportunidad de propaganda mediática para eximir al régimen militar de toda responsabilidad por el ataque terrorista.
Alrededor de agosto de 2000, solo unos meses después de que Pinochet regresara de más de un año de arresto domiciliario en Londres, los abogados del Departamento de Justicia que lo investigaban presentaron a la fiscal general Reno resúmenes de las pruebas y recomendaciones para imputar al exdictador. Pero Reno aplazó la decisión de procesar a Pinochet hasta la llegada del gobierno de George W. Bush, quien asumió la presidencia en enero de 2001. La administración de Bush parece haber archivado la investigación sobre Pinochet. “El caso Letelier desapareció en un agujero negro”, le dijo un funcionario estadounidense a la periodista chilena Pascale Bonnefoy en 2002.
Cincuenta años después del atentado con auto bomba ocurrido en Embassy Row, ninguno de los expedientes probatorios del FBI ni las recomendaciones del Departamento de Justicia han sido desclasificados. Un memorándum del FBI de diciembre de 2000 mencionaba “un resumen de la investigación sobre el caso CHILBOM” que se estaba archivando. Sin embargo, ese resumen no fue desclasificado para el Archivo de Seguridad Nacional.
En el 50.º aniversario del asesinato, el Archivo instó al Departamento de Justicia a dar a conocer todos los expedientes restantes sobre la investigación y sus conclusiones. “El caso Letelier-Moffitt sigue siendo la atrocidad más infame y emblemática de los numerosos y atroces crímenes contra los derechos humanos cometidos por el régimen de Pinochet”, afirmó Peter Kornbluh, director del Proyecto de Documentación sobre Chile del Archivo. “El veredicto de la historia sobre el papel del general Pinochet como terrorista internacional está a la espera de que se desclasifiquen estos documentos finales”.
-Documento 1: FBI, resumen de la entrevista, [Entrevista formal del FBI con Henry Kissinger], 25 de mayo de 2000
Fuente: Solicitud en virtud de la Ley de Libertad de Información presentada por el Archivo de Seguridad Nacional
Como parte de la investigación del FBI y el Departamento de Justicia sobre el papel de Pinochet en el asesinato de Letelier y Moffitt, varios agregados especiales del FBI entrevistaron a Henry Kissinger en su oficina de Nueva York el 25 de mayo de 2000. Kissinger les dijo que se había reunido con el general Pinochet en Santiago, Chile, apenas unos meses antes del asesinato, acompañado por su principal asesor para América Latina, el subsecretario de Asuntos Interamericanos William Rogers (cuyo nombre aparece ocultado en el documento). Según este resumen de la conversación, «Kissinger recordó que Pinochet mencionó el nombre de Orlando Letelier cuando se refirió a los contactos que estaban estableciendo los demócratas cristianos y los opositores al régimen de Pinochet con miembros del Congreso de los Estados Unidos. Kissinger no pudo recordar si Pinochet se enojó al hablar de Orlando Letelier».
-Documento 2: FBI, informe de situación, «Investigación CHILBOM: Resumen/Actualización», aprox. mayo de 2000
Fuente: Solicitud en virtud de la Ley de Libertad de Información presentada por el Archivo de Seguridad Nacional
En este informe de actualización sobre el estado de la investigación del caso CHILBOM, el FBI brinda detalles sobre el papel de Pinochet. El resumen de tres páginas —en el que, inexplicablemente, se han ocultado los nombres de conocidos funcionarios y agentes chilenos de la DINA, así como los de sus colaboradores cubanos anticastristas en la operación del auto bomba— presenta una declaración específica de la misión: «En febrero de 1999, la fiscal general Janet Reno autorizó la reapertura de la investigación sobre los asesinatos de Letelier y Moffitt. El objetivo de la reapertura de la investigación es determinar si existen pruebas admisibles y creíbles suficientes para establecer que una o más personas adicionales, incluyendo al general Augusto Pinochet, estuvieron involucradas en los homicidios». El informe indica que los agentes han viajado a Chile y Argentina para revisar miles de documentos sobre el caso, y que una delegación especial del Departamento de Justicia y el FBI pasó un mes en Chile —del 20 de marzo al 20 de abril de 2000— «tomando declaración jurada a 38 de los 46 testigos solicitados. Se constató que cinco de los 46 habían fallecido», informó el FBI, «y dos son fugitivos por asuntos no relacionados».
-Documento 3: FBI, [Solicitud para que tres investigadores viajen a Chile a fin de llevar a cabo una investigación], 20 de marzo de 2000
El Grupo de Trabajo contra el Terrorismo del FBI se prepara para un segundo viaje de investigación prolongado a Chile, tal como se describe en este informe. El informe menciona el primer viaje, en enero de 2000, de investigadores del FBI que se desplazaron a Santiago para llevar a cabo una «revisión completa» de los documentos de archivo. Ahora, los investigadores viajarán a Chile para tomar declaración oficialmente a unas 50 personas que «estuvieron involucradas con la Junta de Pinochet entre 1973 y 1990». A los investigadores no se les permitirá interrogar directamente a los testigos; esa tarea la realizará un abogado chileno, Alfredo Etcheberry, quien representa al gobierno de Estados Unidos. Los funcionarios del FBI y del Departamento de Justicia observarán el proceso a través de un sistema de televisión de circuito cerrado desde una sala adyacente en el juzgado.
-Documento 4: FBI, cable, [Solicitud de autorización del Fiscal General para entrevistar a testigos en Chile], Secreto, 27 de marzo de 2000
Fuente: Solicitud FOIA del Archivo de Seguridad Nacional
Este cable informa sobre las actividades de un equipo del Departamento de Justicia (DOJ) y del FBI que ha llegado a Chile para investigar formalmente el papel de Pinochet en el atentado con bomba contra el automóvil de Letelier y Moffitt. El equipo ha solicitado a los tribunales chilenos que coordinen las declaraciones de 46 excolaboradores de Pinochet y del exjefe de la DINA, el general Manuel Contreras. «El asesinato», afirma el cable, «fue un acto criminal particularmente notorio y despiadado cometido en territorio estadounidense». «Aún hay aspectos sin resolver del caso», señala el investigador del FBI. «Se sigue buscando a los autores intelectuales del crimen, y esto podría conducir a los más altos niveles del exgobierno chileno, que en el momento del atentado estaba liderado por el general Augusto Pinochet».
-Documento 5: FBI, resumen, [Declaración del exdirector de la DINA, el general Manuel Contreras], 3 de mayo de 2000
Fuente: Solicitud FOIA del Archivo de Seguridad Nacional
El 10 de abril de 2000, el equipo de investigadores del FBI y el Departamento de Justicia tomó declaración al exjefe de la DINA, Manuel Contreras, en Punto Peuco, la prisión de lujo que se construyó para él cuando fue condenado por primera vez por el asesinato de Orlando Letelier en 1993. La totalidad del testimonio de Contreras ha sido censurada. El día antes del interrogatorio oficial, los investigadores del FBI y del Departamento de Justicia se reunieron con Contreras en la prisión. Según uno de los investigadores, Contreras culpó a la CIA del asesinato, reiterando la historia de encubrimiento que él y Pinochet habían inventado en 1978 —cuando se identificó a agentes de la DINA como responsables— de que la CIA había infiltrado al autor del atentado, el agente de la DINA nacido en Estados Unidos Michael Townley, dentro de la policía secreta chilena para avergonzar al régimen chileno.
-Documento 6: FBI, «Resumen de la investigación sobre el caso CHILBOM», 11 de diciembre de 2000
Fuente: Solicitud FOIA del Archivo de Seguridad Nacional
Casi dos años después de que la fiscal general Janet Reno autorizara la investigación sobre CHILBOM, y mientras la nueva administración de Bush se prepara para asumir el cargo, el FBI presenta una copia de un «resumen de la investigación» sobre el caso. El resumen, que presumiblemente recopila las pruebas sobre el papel de Pinochet, ha sido elaborado en la Oficina de Campo de Washington (WFO) del FBI; sin embargo, el nombre de la persona o agencia que lo elaboró ha sido ocultado. El resumen sigue siendo secreto cincuenta años después del atentado con bomba contra el auto de Letelier y Moffitt.
Fuente: Desclasificación especial de la administración de Obama sobre el caso Letelier
A principios de enero, un pequeño equipo estadounidense llegó a Chile para llevar a cabo una sesión secreta de interrogatorio con Armando Fernández Larios, con el objetivo de llegar a un acuerdo con él para que proporcionara pruebas sobre el asesinato de Letelier y Moffitt. Este cable resume la información más importante que él proporcionó durante una reunión de diez horas. Fernández Larios compartió detalles sobre los esfuerzos de Pinochet por impedir que viajara a Estados Unidos para enfrentar cargos por el atentado con auto bomba. «Pinochet estaba molesto porque Fernández había adoptado esta actitud», según el resumen de la sesión informativa con Fernández. Pinochet también rechazó sus intentos de renunciar al ejército. Fernández también relató haber oído que Pinochet, identificado como «el jefe», le había dado la orden al director de la DINA, Manuel Contreras, de asesinar a Letelier. «Pinochet fue implicado por haber ordenado el asesinato», según este informe.
-Documento 8: Departamento de Estado, cable, «Caso Letelier», Canal Secreto Roger, 22 de enero de 1987
Fuente: Desclasificación especial de la administración de Obama sobre el caso Letelier
Este resumen de nueve páginas del interrogatorio a Armando Fernández Larios, realizado el 14 de enero de 1987 en un refugio en Santiago, Chile, indica que se trata de una «transcripción de la entrevista con Fernández». Sin embargo, más que una transcripción literal, es un resumen de la reunión de diez horas, de cómo se desarrolló y de quién dijo qué. El extenso memorándum recorre todo el interrogatorio de principio a fin, incluyendo la descripción que hace Fernández Larios de: la misión inicial a Paraguay con el agente de la DINA Michael Townley para obtener pasaportes falsos para Estados Unidos antes del asesinato; el encuentro con Townley en un baño de hombres en el aeropuerto JFK para entregarle dinero en efectivo e información de vigilancia para la misión contra Letelier; y sus interacciones con el general Pinochet y el coronel Contreras después del asesinato. En esta primera reunión con funcionarios estadounidenses, Fernández afirma que solo se le había dicho que la misión en EE. UU. consistía en vigilar a Letelier, no en causarle daño. Sin embargo, una semana después, en Brasil, falló repetidamente en una prueba de polígrafo cuando se le preguntó si sabía cuál era el verdadero objetivo: asesinar a Letelier.
Fuente: Desclasificación de Obama sobre Chile
A petición del secretario de Estado George Shultz, la CIA revisó sus interceptaciones de inteligencia sin procesar y sus informes sobre el papel del general Augusto Pinochet en el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt, ocurrido el 21 de septiembre de 1976 mediante un atentado con auto bomba. A partir de 1978, la agencia recopiló información de inteligencia —que aún se mantiene clasificada— proporcionada por informantes de alto nivel cercanos a Pinochet y al jefe de su policía secreta, Manuel Contreras. Los informantes proporcionaron información detallada sobre la relación entre Contreras y Pinochet, así como sobre el papel personal de Pinochet en el encubrimiento de su responsabilidad en el asesinato. «Una revisión de nuestros expedientes sobre el asesinato de Letelier», informó la CIA, «ha proporcionado lo que consideramos evidencia convincente de que el presidente Pinochet ordenó personalmente a su jefe de inteligencia que llevara a cabo el asesinato». La evaluación agregaba que Pinochet posteriormente «decidió hacer un bloqueo total en el caso para ocultar su participación… a fin de proteger su control sobre la presidencia» e incluso consideró asesinar a Manuel Contreras, el jefe de la DINA, porque era el único hombre que sabía que Pinochet había ordenado el asesinato.
Para convencer al presidente Reagan de que ha llegado el momento de poner fin al apoyo de Estados Unidos al régimen de Pinochet, el secretario de Estado George Shultz informa que la CIA cuenta con «pruebas convincentes» de que Pinochet «ordenó personalmente» el asesinato de Orlando Letelier en Washington. Shultz califica el atentado con bomba contra el automóvil como «quizás el único caso claro de terrorismo respaldado por el Estado que ha ocurrido en Washington, D.C.». Según Shultz, «este es un ejemplo flagrante de la participación directa de un jefe de Estado en un acto de terrorismo de Estado, lo cual es particularmente inquietante tanto porque ocurrió en nuestra capital como porque su gobierno es considerado en general como amigo». El secretario Shultz le advierte al presidente que «la participación directa de Pinochet debe afectar… nuestra política general hacia Chile». Insta a Reagan a cambiar la política de Estados Unidos, pasando del apoyo a la dictadura a impulsar un gobierno civil. «Lo que ahora sabemos sobre el papel de Pinochet en estos asesinatos», concluye Shultz, «es de la mayor gravedad y da un nuevo impulso a la necesidad de trabajar por la democratización completa de Chile».
Fuente: Proyecto de Clinton de Desclasificación sobre Chile
A medida que se difundían en Chile las revelaciones sobre el papel de la DINA en el asesinato de Letelier y Moffitt, la oficina de la CIA en Santiago transmitió un informe detallado sobre los esfuerzos de Pinochet por “obstaculizar” cualquier investigación sobre su propio papel y bloquear el enjuiciamiento de sus funcionarios. Basándose en fuentes de la CIA dentro de las fuerzas armadas, el informe resume la estrategia de Pinochet: “A. Proteger al general (r) Manuel Contreras de un enjuiciamiento exitoso; B. Obstaculizar cualquier solicitud adicional del Gobierno de Estados Unidos; C. Continuar «presionando» a los magistrados de la Corte Suprema [chilena] para garantizar que se rechacen las solicitudes de extradición de ciudadanos chilenos tras las acusaciones previstas. D. Seguir aprovechando el nacionalismo chileno con una campaña de acciones encubiertas para presentar la investigación sobre Letelier como motivada políticamente —otro pretexto para desestabilizar el régimen de Pinochet». La CIA también informa que Contreras «admitió su culpabilidad» por el crimen ante el investigador militar oficial chileno, pero «amenazó con alegar que actuaba bajo órdenes de Pinochet en caso de que fuera procesado». Según la CIA, Contreras «afirmó que había ocultado a buen recaudo documentación que respaldaba su versión. Esta amenaza de chantaje funcionó», informó la CIA. «Así comenzó el encubrimiento».
-Documento 12: CIA, Evaluación de inteligencia, «Chile: Implicaciones del caso Letelier», Secreto-Confidencial, mayo de 1978
Fuente: Proyecto de Clinton de Desclasificación sobre Chile
Después de que el FBI identificara a la policía secreta chilena, la DINA, como responsable del asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt, la CIA elaboró un análisis exhaustivo sobre cómo Pinochet intentaría ocultar el papel de su régimen en un acto de terrorismo internacional y tomaría medidas para proteger su poder en caso de que se le implicara en esta atrocidad. «La reacción del gobierno [chileno] ante las pruebas de la complicidad de Pinochet en el asesinato de Letelier podría tomar varios rumbos», según el informe, que predice acertadamente «un intento de encubrimiento, con acusaciones de que Estados Unidos está tratando de desestabilizar al régimen». El informe cita a un miembro de la junta militar que califica el escándalo como «un Watergate chileno».