FALLECIÓ EN 2011, PERO SUS HIJOS GRABARON SU TESTIMONIO Y BUSCAN QUE WORLD PRESS PHOTO RECONOZCA SU AUTORÍA
Audio con historia: sargento de la FACH relata que él tomó las últimas fotos de Allende en La Moneda
11.09.2026
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FALLECIÓ EN 2011, PERO SUS HIJOS GRABARON SU TESTIMONIO Y BUSCAN QUE WORLD PRESS PHOTO RECONOZCA SU AUTORÍA
11.09.2026
Durante décadas no se supo quién tomó la icónica foto del Presidente Salvador Allende con casco y metralleta en La Moneda, ganadora del prestigioso premio World Press Photo. En 2007, un periodista chileno aseguró que había sido Orlando “Chico” Lagos, jefe de los fotógrafos de la Presidencia, aunque Lagos jamás se lo confidenció a nadie. Desde entonces, tres hermanos buscan que se reconozca a quien aseguran es el verdadero autor de esas fotos: su padre, Leopoldo Víctor Vargas, sargento segundo de la Fuerza Aérea y fotógrafo en La Moneda en tres periodos presidenciales. Vargas dejó una extensa grabación de audio en la que relata que reveló las últimas fotos de Allende, en secreto, en la sede de la Junta Militar para luego venderlas al New York Times. Además, hizo los retratos oficiales de los miembros de la Junta y tuvo que fichar prisioneros en el Estadio Nacional.
Un atardecer a mediados de junio de 2007, Marcos Vargas Caroca leía La Tercera en línea desde su departamento en Nueva York cuando un titular lo tomó por sorpresa: “Ex fotógrafo de Allende recibió homenaje póstumo por imagen de 1973”.
“Qué raro —pensó—. A mi papá no le han hecho ningún homenaje”.
La noticia no se refería a su padre, pero sabía perfectamente a cuál “imagen de 1973” aludía, porque esa y otras cinco fotografías captadas el 11 de septiembre al interior de La Moneda las vio en enero de 1974, cuando su padre, el sargento segundo de la Fuerza Aérea Leopoldo Víctor Vargas, las llevó a casa. Él mismo tenía guardadas las copias originales que su padre dejó a sus hijos, las últimas imágenes de Allende antes de su muerte.
Una de ellas fue publicada en enero de 1974 por The New York Times y premiada por World Press Photo (WPP) como la mejor imagen de prensa del año entre las 3.532 fotografías enviadas al concurso[1].
En ella se ve a Allende, con vestón y chaleco a rombos, su casco ladeado hacia la derecha y una metralleta colgada al hombro. Detrás de él iban su amigo y jefe del equipo médico en La Moneda, Danilo Bartulín, y el capitán de Carabineros José Muñoz, y adelante, armados con fusiles, los integrantes del Dispositivo de Seguridad Presidencial (GAP), Luis Fernando Rodríguez Riquelme y Héctor Daniel Urrutia Molina, hasta hoy detenidos-desaparecidos. Se asomaban por una de las puertas interiores del palacio presidencial, mirando hacia el cielo, ya que a esa hora sobrevolaban aviones militares.
No era una imagen cualquiera, especialmente cuando se difundió en el extranjero. Un cuarto de siglo después, la periodista y directora de cine francesa, Marie-Monique Robin, la destacaría en su libro “Las 100 fotos del siglo”[2], y muchos años más tarde, la revista Time la incluiría en su libro: “100 fotografías. Las imágenes más influyentes de todos los tiempos”[3].
El autor de la foto siempre se había mantenido en el anonimato.
“Para un país democrático es impactante ver a un presidente que fue democráticamente elegido, con casco y metralleta defendiendo la democracia. Es la imagen de una Latinoamérica que estaba siendo tomada por los militares. Refleja una época. Esa es la importancia de la foto”, comenta Leopoldo (Polo) Vargas Caroca, hijo mayor del fotógrafo Leopoldo Vargas.
En ese atardecer de junio de 2007, Marcos Vargas Caroca leía en el diario cómo se homenajeaba a Orlando “Chico” Lagos Vásquez, fotógrafo de la presidencia y amigo personal de Allende, a quien acompañó en todas sus campañas presidenciales. Lagos, publicó La Tercera, “retrató las últimas horas de Allende en La Moneda y con el rollo escondido abandonó el palacio de gobierno junto a las hijas del mandatario, Beatriz e Isabel. Posteriormente vendió las fotos a The New York Times”.
Marcos Vargas escarbó en Internet y dio con el origen de la información: una publicación del periodista Camilo Taufic en La Nación Domingo de febrero de ese año, un mes después del fallecimiento de Lagos. En su reportaje, “La secreta historia del Chico Lagos”, Taufic anunció que revelaba por primera vez la identidad del hasta entonces anónimo fotógrafo. Sin señalar sus fuentes, Taufic relató que su gran amigo Orlando Lagos logró salir de La Moneda ese día con Beatriz e Isabel Allende, y “llevaba oculto entre los pliegues más íntimos de su ropa el rollo con los negativos”, asegurando erróneamente que fueron publicadas en Estados Unidos tres semanas después[4].
Isabel Allende Bussi no supo de esto, porque, señala, no salió del palacio con el Chico Lagos, sino solo con su hermana Beatriz, Verónica Ahumada, Frida Modak y Nancy Julian. No le consta que Lagos hubiese estado en La Moneda ese día, porque no lo vio, y tampoco quién tomó las últimas fotografías de su padre. “Escuché [que estuvo Lagos], creo, pero no puedo asegurarlo”, afirma.
Fue un “secreto tan bien guardado”, agregó Taufic, pues en ninguno de los homenajes que se le hicieron a Lagos posterior a su muerte, fue mencionada esta hazaña. Sin embargo, aseguró, “su familia más cercana siempre supo que él era el único autor de aquellas fotos para el bronce”.
En realidad, sus familiares no sabían nada al respecto, y así lo comentaron las hijas de Lagos, Julia y Luisa[5], cuatro meses después, durante el homenaje realizado en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Lo organizó el fotógrafo Miguel Ángel Larrea, amigo de Lagos y profesor de la Escuela, respetando el deseo de las hijas de que fuera una ceremonia de carácter privado. World Press Photo envió a una representante.
“Ellas no tenían la más mínima idea que su padre había tomado esas fotos —señala Larrea—. Dijeron que en general, él nunca les contaba de sus actividades fotográficas y que no mezclaba su trabajo con las cosas de la casa. Yo conocí bien al Chico Lagos, era un hombre muy reservado y nunca mencionó que había tomado esas fotos”.
Ningún otro colega lo escuchó hablar alguna vez sobre las fotos en La Moneda el 11 de septiembre, pero les parecía lógico que fuera Orlando Lagos, por su cercanía con Allende y encabezar el equipo de fotógrafos de la Presidencia.

Leopoldo Vargas, cerca de 1973. Cortesía de sus hijos, Marcos y Polo Vargas.
“Un grupo de personas bien intencionadas, pero no la familia de Lagos, fueron a las oficinas de World Press Photo en Holanda y le dijeron a su presidente, Michiel Munneke, que ellos sabían el nombre del fotógrafo. Munneke asumió que ellos sabían de lo que hablaban, y así fue como de la noche a la mañana, sin ninguna investigación o chequeo de antecedentes, la foto pasó de ser anónima a darle crédito a Lagos. Por supuesto que las hijas y muchas otras personas estaban contentas, porque Lagos finalmente recibía el homenaje y reconocimiento que merecía. Creo que se embarcaron en un viaje muy sentimental, pero discutible desde el punto de vista de los hechos y la precisión”, dice el periodista Robert Pledge, co-fundador de la agencia fotográfica Contact Press Images y tres veces jurado del premio de WPP[6].
A partir de junio de 2007, World Press Photo asignó la autoría de la imagen comúnmente descrita como la “última fotografía de Salvador Allende” a Orlando Lagos. The New York Times, que la compró y publicó en 1974, no lo ha hecho.
Y desde entonces, los tres hijos de Leopoldo Víctor Vargas —Polo, Marcos y Alex— se propusieron dar a conocer el relato de su padre, reivindicar su autoría de las fotos, y enmendar lo que consideran un error en el cual, afirman, el propio Lagos no tuvo ninguna responsabilidad.
Pidieron autorización de su padre para hacerlo público, aunque no lo hicieron hasta 2012[7]. Escribieron al entonces director de World Press Photo y llenaron tres casetes con una extensa entrevista a su padre sobre su vida y trabajo.
“Mi papá tenía buena impresión de Orlando Lagos y nos pidió que nunca fuéramos a dañar su reputación y la amistad de trabajo y compañerismo que tenía con él —dice Polo Vargas—. Nunca hemos hablado en contra de Orlando Lagos, porque él no tuvo la culpa de nada. No tenemos una agenda política, económica ni de ninguna especie. No queremos que se politice. Solo queremos resaltar algo que hizo nuestro padre. La verdad no ha salido”.
¿Por qué Leopoldo Víctor Vargas mantuvo el silencio durante tantos años? En 1973 era sargento segundo de la Fuerza Aérea y permaneció ligado a la institución hasta 2005. Siendo militar, había revelado en la sede de la Junta Militar, en secreto, las seis imágenes tomadas en La Moneda y, en total silencio, las vendió al diario The New York Times.

Conjunto de seis fotos originales del presidente Allende durante el golpe de Estado, que Leopoldo Vargas llevó a su casa en 1974 y que dejó a sus hijos. Cortesía de Marcos Vargas.
***
Leopoldo Vargas nació y creció en la Región de Valparaíso, y luego ingresó a la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea en Santiago. Cursó la recientemente creada carrera de Fotografía Aérea en la base aérea de El Bosque.
Al momento del golpe de Estado tenía 40 años y era sargento segundo de la FACH, especializado en fotografía aérea. Para entonces llevaba 17 años casado con Erika Caroca y era padre de cuatro hijos: Leopoldo (Polo), 12 años; Marcos, 11; Alex, 9; y Erika, de 3. Vivían en Maipú.
Por orden superior, desde los últimos meses del gobierno de Jorge Alessandri, en 1964, pasando por el gobierno de Eduardo Frei Montalva y hasta el derrocamiento de Allende en 1973, se desempeñó como fotógrafo, de civil, en la Casa Militar de la Presidencia de la República, registrando actividades oficiales.
En la entrevista grabada por sus hijos en 2007, Vargas relata que el 11 de septiembre de 1973, apenas llegó a La Moneda, se dirigió a la Oficina de Informaciones y Radiodifusión de la Presidencia (OIR), donde estaba el taller fotográfico. Del grupo habitual de fotógrafos de la Presidencia, más dos laboratistas, sólo recuerda haber visto al laboratista Juan Quiroz Bravo ese día. No supo si los demás se encontraban en otros sectores del palacio o cumpliendo otras tareas.
A los minutos, sonó el teléfono, según relató Vargas en el siguiente fragmento de la grabación que le hicieron sus hijos:
En la primera foto que le tomó ese día, se ve al Presidente Allende de pie, con casco militar y la punta de un fusil asomando tras su hombro, poco antes de las 09:00. Hablaba por un teléfono verde, mientras el suboficial mayor de Ejército, Víctor Jorquera Díaz, parece esperar a que termine, sosteniendo un teléfono negro a magneto y tapando el auricular. Con ese teléfono a magneto, poco después, el Presidente Allende se comunicaría con Radio Magallanes y se despediría del pueblo.
Luego, Vargas acompañó a Allende, Bartulín, miembros del GAP, carabineros, soldados y algunos civiles a un recorrido de inspección por La Moneda para ver los sitios para la defensa del palacio. Posicionándose delante del mandatario, Vargas captó otras cinco imágenes durante ese recorrido, incluyendo la icónica y premiada fotografía. Así recordó esos momentos en la entrevista con sus hijos:
En el audio, Leopoldo Vargas cuenta que, cuando el Presidente ordenó la retirada del palacio de los militares y policías, incluyendo a los edecanes, él volvió a la OIR y le entregó su cámara a Juan Quiroz. Le pidió que procesara el rollo y que lo dejara en la sede de la Unión de Reporteros Gráficos, en calle Amunátegui 21. Después pasaría a buscarlo.
Vargas relata que salió del palacio a través de una pequeña puerta de madera por calle Moneda. Encontrándose de frente con un tanque, levantó en alto su Tarjeta de Identificación de las Fuerzas Armadas (TIFA) y se encaminó apresurado hacia el Ministerio de Defensa. Allí, el sargento segundo Vargas se presentó ante la Comandancia en Jefe de la Fuerza Aérea, ya controlada por los golpistas.
En seguida, fue asignado como fotógrafo al edificio de la UNCTAD III, el que, rebautizado como Diego Portales, se constituyó en la sede de la Junta Militar (el actual Centro Gabriela Mistral, GAM). Entre otras tareas, tomó las fotos oficiales de los cuatro miembros de la Junta. Varios días después, cuenta Vargas en la grabación, llegó a Amunátegui 21, vestido de civil, para retirar los negativos. En la puerta del edificio, el laboratorista Juan Quiroz los sacó de su bolsillo y se los entregó, relata Vargas.
Poco después pidió el traslado y lo enviaron al Servicio Aero Fotogramétrico (SAF) de la FACH. Llevaba un día ahí cuando le ordenaron hacerse cargo del fichaje de prisioneros en el Estadio Nacional.
El 22 de septiembre de 1973 fue retratado por colegas de medios extranjeros a la salida de un túnel de acceso a la cancha. Tanto en las imágenes tomadas por el holandés Koen Wessing[8], como en un documental transmitido por la televisión pública francesa[9], Vargas aparece de costado o de espalda, con casco y parka, fotografiando a hombres que sostienen un letrero con un número.
El Estadio Nacional se cerró como campamento de detenidos el 9 de noviembre de 1973, y Vargas volvió a la sede de la Junta Militar. Allí, en el laboratorio fotográfico del edificio, reveló e hizo dos copias, en un grueso papel brillante, de las seis fotos que había tomado en La Moneda: un conjunto de tamaño 20cm x 25cm y otro de 13cm x 18cm. Algunas fotos tienen la imagen recortada. Los márgenes parecen cortados a mano, otros con tijeras.
En una conferencia de prensa en el Diego Portales en enero de 1974, Vargas se acercó a un camarógrafo que conocía, Enrique Mella, y le confidenció que tenía fotos de Allende la mañana del golpe y quería venderlas. Vargas piensa que ya circulaba el dato de que alguien tenía negativos del día del golpe, porque Mella le ofreció un contacto de inmediato.
“Cuando le conversé, él ya sabía qué persona había que contactar —relata en la grabación—. No me dio el nombre, pero me dijo: ‘tenís que ir a esta dirección, llevar las fotos y negativos, porque allá te estarán esperando’ […]. Entré y me estaba esperando un caballero, un gringo”, cuenta Vargas en el siguiente pasaje de la grabación:
El “gringo” era el corresponsal del The New York Times, Jonathan Kandell. Lo recibió en una casa en el barrio alto. En el living, Vargas le pasó las copias en papel de 20cm x 25cm y los negativos. A su vez, Kandell le entregó $3 mil dólares, autorizado por el editor fotográfico del diario, John G. Morris. No se hicieron preguntas.
“No me dijo que tenía que firmar un papel para pagarme, o mi nombre. Ni yo a él le pregunté su nombre […] No preguntó si yo era el fotógrafo, pero el hecho de que yo se las llevaba, eso indicaba que yo era el fotógrafo […] ‘A usted, me dijo, con esas fotos lo van a premiar en Holanda’”, afirmó Vargas en el audio.
Hoy, Kandell no recuerda detalles del encuentro ni cómo se organizó o cuánto dinero le pagó, y dice que no podría reconocer al hombre en una foto. Sin embargo, su descripción de esa reunión coincide con lo relatado por Vargas.
“Tuve una breve reunión con el fotógrafo —dice Kandell—. Apenas hablamos. Yo le pasé el dinero. Tal como se acordó previamente, no le haría ninguna pregunta y, especialmente, no le pediría su nombre”[10].
La familia de Leopoldo Vargas siempre supo que él había tomado las fotos, porque después de revelarlas en la sede de la Junta Militar, las vieron en casa. Y cuando las vendió, señala Polo Vargas, “vimos cuando le mostró los dólares a mi mamá. A mí y a Marcos, que éramos los mayores, nos pidió que no habláramos nada de eso, así que nos quedamos callados”.


Retratos oficiales de los miembros de la Junta Militar, captados por Leopoldo Vargas. Cortesía de sus hijos, Marcos y Polo Vargas.
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La versión del periodista Camilo Taufic difiere drásticamente y se basa en los dichos del corresponsal en Chile del canal CBS en 1973, Frank Manitzas, incluidos en el libro de Marie-Monique Robins “Las Cien Fotos del Siglo”, de 1999.
En él, Manitzas cuenta que tres semanas después del golpe, se contactó con él un hombre que “necesitaba dinero para abandonar el país”. Dijo que se llamaba “David”, tenía unos 40 años, cabellos entrecanos y bigote fino; una descripción que calza con los rasgos de Leopoldo Vargas, pero no de Orlando Lagos, que tenía 60 años, era completamente cano y nunca se dejó bigotes.
Manitzas asegura que él llamó al NYT, que firmó un contrato con el fotógrafo para distribuir las imágenes. “Supe que en tres meses se había desembolsado $12 mil dólares […] El New York Times se niega a darme su nombre, a causa de una cláusula en el contrato”, afirma Manitzas[11].
Esa es la versión que replicó Taufic casi diez años después, lamentando que Lagos nunca recibió la estratosférica suma de $12 mil dólares, e insinuando que algún intermediario se pudo haber quedado con el dinero. “La operación con el NYT pudo haberse hecho a través de un intermediario, del cual nunca más se supo”, escribió[12]. También afirma que el NYT no cumplió con el supuesto “compromiso de no revelar su nombre hasta el día de su muerte”, ya que, tras el fallecimiento de Lagos, las fotos seguían con autoría anónima.
En realidad, no hubo contrato ni compromiso de ese tipo, porque el NYT jamás supo el nombre del fotógrafo, como lo confirman Kandell y el editor de fotografía del NYT en esa época, John G. Morris.
“La foto de Allende es una que jamás olvidaré, porque llegó al New York Times bajo circunstancias muy extrañas […] Esta foto es el verdadero rostro del fin del gobierno de Allende en Chile […] Nunca se me ocurrió que jamás conoceríamos el nombre de ese fotógrafo”, dijo Morris en el documental “Looking for an icon”[13].
Dadas las circunstancias excepcionales que se vivían en Chile, era altamente improbable que un militar como Vargas, que trabajaba en la sede de la Junta, iba a firmar algún recibo o acuerdo.
“Mi papá no iba a firmar un contrato en ninguna parte —afirma Polo Vargas—. Hay que ponerse en el contexto. Fue poco después del golpe, mi papá era de la Fuerza Aérea, y en ese tiempo el gobierno militar estaba destruyendo todo lo que tuviera que ver con la UP y Allende. Entonces para mi papá era como tener una papa caliente en las manos”.
En 2009, los dos hermanos estaban en Miami, cerca de Coral Gables, donde vivía Frank Manitzas. Lo llamaron y le pidieron juntarse para conversar.
“Él se disculpó y no quiso reunirse con nosotros porque, según nos dijo por teléfono, no participó en la transacción. En el libro de Robin, Manitzas se dio un protagonismo que nunca tuvo”, afirma Marcos Vargas.
Fue la corresponsal del NYT en Río de Janeiro, Marvine Howe, quien llevó personalmente las fotografías y los negativos a las oficinas del diario en Nueva York. Howe se había trasladado a Chile temporalmente para apoyar la cobertura noticiosa. Las recibió John Morris en la tercera semana de enero de 1974.
Robert Pledge, amigo estrecho de Morris, recuerda que éste quiso publicarlas de inmediato, y suplicó a los editores del periódico destacarlas en la primera página, pero se resistían. La noticia era vieja: habían pasado cuatro meses desde el golpe militar. Morris insistió y el 26 de enero de 1974 dos de las imágenes aparecieron en la parte inferior de la primera plana de The New York Times con el título: “Registran últimos momentos de Presidente chileno mientras caía su gobierno”. No se consignó ningún crédito para las fotos; el artículo señaló que se habían obtenido de parte de un “ex miembro de su staff”.
Ese año, Morris formaba parte del jurado del premio que la holandesa World Press Photo otorgaría a las mejores fotos de 1973 en varias categorías. El plazo de recepción del concurso ya había pasado, pero como las fotografías habían sido tomadas en septiembre de 1973, Morris llamó a Joop Swart, director de WPP, quien presidía el jurado.
“Hicieron una excepción, y la foto de Allende ganó por votación unánime. Morris me dijo que se abstuvo de votar, porque sintió que no era éticamente correcto, dado que él había presentado las fotos al concurso. Era el premio internacional más importante que existía”, dice Pledge.
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Hace más de diez años, mientras trabajaba en un café en Broadway, Marcos Vargas entabló conversación con un cliente que entró con una cámara profesional. “Conversamos y le conté la historia de mi papá y la foto que ganó el premio de WPP. Él me quedó mirando y me dijo: ‘Mi papá publicó esas fotos en el New York Times’”, cuenta Marcos Vargas. Era Oliver Morris, hijo del exeditor fotográfico del NYT, quien para entonces vivía en París. Vargas eventualmente conoció a John G. Morris a través de su hijo.
“Él nunca supo quién fue el fotógrafo hasta ese momento —asegura Vargas—. Me preguntó si mi papá había recibido el dinero por las fotos. Sí, le dije, $3 mil dólares. ‘Yo autoricé ese pago’, me contó. Preguntó lo que hizo mi papá con el dinero y le conté que compró un station wagon usado, marca Ford. Eso le causó mucha gracia”.

Foto tomada el 22 sept. 1973 en el Estadio Nacional. Aparece Leopoldo Vargas fichando prisioneros con su cámara.
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Cuando en 2007 la WPP asumió la autoría de Orlando Lagos, Leopoldo Víctor Vargas llevaba sólo dos años desligado de la Fuerza Aérea. En 1974, pidió el traslado desde el edificio Diego Portales y regresó al SAF, donde permaneció hasta 1979. Ese año fue enviado a un curso a Estados Unidos y al año siguiente pasó a retiro. Fue recontratado por la FACH como empleado civil para la sala de ventas del SAF hasta su retiro definitivo en 2005. A los 72 años, recién tuvo más libertad para hablar de las fotos que tomó en La Moneda. Falleció seis años después, en 2011, en el hospital de la FACH.
En agosto de 2007, los hermanos Vargas escribieron por primera vez al director de WPP, Michiel Munneke, para plantearle su versión de los hechos. Sin recibir respuesta, lo contactaron dos semanas después, pidiendo que les explicaran lo que constituiría suficiente y necesaria evidencia para demostrar la autoría de su padre.
Munneke respondió el 11 de septiembre de ese año por email: “Desafortunadamente, World Press Photo no está en una posición para evaluar alguna evidencia respecto del origen de las fotografías. No contamos con los negativos originales ni otros materiales y no tenemos acceso a ellos. Como sabe, están en posesión de The New York Times. Sin embargo, estamos comprometidos con la verdad, y si se puede comprobar definitivamente que el periodista que reveló la identidad del fotógrafo ha engañado deliberadamente a la prensa chilena e internacional, World Press Photo ciertamente estará preparada para revisar su posición respecto de la autoría”.
La responsabilidad de reunir evidencia, por lo tanto, quedó en manos de la familia. Contrasta con la iniciativa que tomó WPP el año pasado, cuando abrió una investigación sobre la autoría de la fotografía “El terror de la guerra”, captada en Vietnam en 1972, que muestra a una niña desnuda corriendo tras un ataque con napalm. Lo hizo a raíz del documental “The Stringer”, que sembró dudas respecto de la autoría de Nick Út, fotógrafo de Associated Press, ganador del premio de WPP 1973 y de un Premio Pulitzer. En su informe de 105 páginas, WPP concluyó que había elementos para cuestionar la autoría de Út, pero no suficientes para establecer la identidad del verdadero fotógrafo. De igual forma, eliminaron el nombre de Út en relación a esa imagen.
Robert Pledge está convencido de que las fotografías pertenecen a Leopoldo Víctor Vargas y que las copias que tienen sus hijos son auténticas. Visitó varias veces el NYT para consultar por esas fotos y sus negativos. Lo hizo a mediados de los ochenta, cuando era curador de una muestra retrospectiva de WPP, y también hace una década. Quería ver las copias originales de 20 cm x 25 cm, sin recortes, que compró el NYT, y los negativos.
“Esperaba que podrían indicar qué tipo de cámara y lente se utilizaron, pero los negativos originales no estaban. Los tenían digitalizados, pero los originales desaparecieron. Había una sola persona a cargo del laboratorio, y quedó impactado. ‘No es posible, no es posible’, me repetía”, recuerda Pledge.
La jefa del archivo fotográfico del NYT fue consultada al respecto para este reportaje, pero no hubo respuesta.
Es improbable que se pueda confirmar el tipo de cámara que se ocupó en la época. Leopoldo Vargas afirmó que usó una Canon; Taufic dice que Lagos las tomó con una Leica. Sin embargo, sí se podría examinar el “ADN del papel”, señala Pledge. “Nadie produce papel fotográfico como ese hoy en día. Es muy grueso, con bastante azufre. Hay maneras de determinar la fecha de un negativo o revelado”, dice.
Quienes podrían ayudar a establecer la verdad no recuerdan detalles o ya no están, incluyendo al doctor Danilo Bartulín y al suboficial mayor Víctor Jorquera, quienes aparecen en las fotos. Sin los negativos originales, lo que queda es examinar las copias que Leopoldo Vargas dejó a sus hijos y compararlas con las que están en manos del NYT.
Consultada sobre esta controversia, WPP declaró: “A lo largo de los años, múltiples equipos en World Press Photo han revisado esta disputa. Actualmente estamos revisando nuestros archivos y correspondencia histórica para asegurar que contamos con el cuadro completo”.
La familia Vargas lo pone en duda. “Si hubieran hecho la más mínima investigación al respecto habrían descubierto fácilmente que fueron engañados en 2007 con un reportaje trucho. Además, si hubieran al menos intentado hacer una investigación, se habrían comunicado conmigo para saber con qué evidencia cuento. Pero nada. Lo único que estamos pidiendo es que se investigue”, dice Marcos Vargas.
NOTAS:
[1] Al concurso de World Press Photo 1974 postularon 603 fotógrafos de 38 países. El jurado fue presidido por el holandés Joop Swart.
[2] Marie-Monique Robin, “Les cent photos du siècle”, Editions du Chêne-Hachette Livre, 1999.
[3] Time Magazine, “100 Photographs. The Most Influential Images of All Time”, 2016.
[4] Camilo Taufic, “La secreta historia del Chico Lagos”, La Nación Domingo, 4 de febrero de 2007.
[5] Luisa Lagos ha fallecido, y ha sido imposible contactar a Julia Lagos.
[6] Robert Pledge viajó a Chile y entrevistó al Presidente Allende en 1971. Es co-autor y editor del libro “Septiembre en Chile 1971/1973”, junto con Raymond Depardon y David Burnett, publicado en 2023.
[7] Hermes H. Benítez, “Leopoldo Víctor Vargas, el fotógrafo de las últimas horas de Allende en La Moneda”, Piensachile.com, 26 de marzo de 2012.
[8] Koen Wessing, “Chili September 1973”, De Bezige Bij, Amsterdam, Holanda, octubre 1973.
[9] Jacques Segui, “Spécial Chili du France Télévision”, transmitido en el noticiario central de la televisión pública de Francia, 3 de octubre de 1973.
[10] En octubre de 1974, el corresponsal Jonathan Kandell fue impedido de ingresar a Chile cuando arribó al aeropuerto de Pudahuel desde Lima. El subsecretario del Interior, cdte. Enrique Montero, anunció que a Kandell, con residencia en Buenos Aires, “nunca se le permitirá regresar a Chile”, por sus despachos “tendenciosos”. Hoy escribe obituarios para NYT.
[11] Marie-Monique Robin, “Las cien fotos del siglo”, p. 62. Frank Manitzas falleció en 2017.
[12] Taufic, “La secreta historia del Chico Lagos”.
[13] Hans Pool y Maaik Krijgsman (2005), “Looking for an icon”. John G. Morris falleció en 2017.