Manuela Martelli: “Hasta ahora, la gente en la calle me dice Machuca”
06.09.2026
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06.09.2026
Protagonista de una de las películas chilenas más importantes de este primer cuarto de siglo, la mujer saltó de la actuación -sin abandonarla plenamente- a la dirección. “El Deshielo”, su segundo filme y candidato local al premio Oscar, se centra en 1992, en los inicios de la transición a la democracia, a través de la mirada de una niña de nueve años y una extraña desaparición. De fina habilidad narrativa, su nueva obra ratifica el talento de su debut –“1976” (2022)- y es la segunda parte de una trilogía sobre tres décadas que moldearon al Chile contemporáneo. “En mis películas, siempre pienso en los jóvenes, en transmitir la memoria de nuestra historia”, dice la cineasta.
Imagen de portada: Martelli con su equipo durante la filmación (gentileza «El Deshielo»
Meses antes de rodar “El Deshielo”, Manuela Martelli y sus colaboradores se reunieron a estudiar los comportamientos climáticos en el centro de ski Antillanca, en la región de Los Lagos, donde transcurre la película. Según todos los indicadores, agosto era el mes perfecto para lo que buscaban: exceso de nieve. Cuando llegaron a grabar, ocurrió lo impensado. No había lluvias ni nevadas. Solo sequedad. “Sentí que estábamos en el desierto de Atacama. Nos sentamos en un tronco en medio del bosque con mi asistente de dirección y nos pusimos a llorar. La película se llama El Deshielo y no había nieve. Pensé que todo podía desarmarse. Tuvimos que modificar el guion y empezar por otras escenas. Cada día de rodaje es carísimo y hay que estar concentrado. Hacer cine es como el deporte de alto rendimiento y estábamos en el desierto. Afortunadamente, dos días después empezó a nevar. Y pudimos hacer todo lo planeado”, recuerda Martelli.
“El Deshielo”, su segunda película y candidata chilena al Oscar, nació en la adversidad. La primera postulación a un fondo fue en 2016, hace diez años. Y parecía una hazaña imposible porque debía superar varias dificultades para su realización. La protagonista era una niña de nueve años, debía haber -mucha- nieve y aparecían dos perros. Todas, pruebas sorteadas. “Fue un trabajo riguroso. Por ejemplo, hicimos casting a unas 500 niñas hasta dar con la indicada”, señala.
Si su debut, “1976” (2022), se anclaba en el hallazgo de Marta Ugarte, profesora comunista que fue encontrada hace 50 años en una playa de la Quinta Región, con un brazo cortado con un corvo, despojada de las uñas de sus manos, con la mitad de su lengua cercenada y ahorcada con unos alambres, “El Deshielo” va por otro camino. En el inicio, aparecen imágenes de la ExpoSevilla de 1992, que más que el recuerdo del gran trozo de hielo, simboliza la vuelta de Chile al mundo tras los años oscuros de la dictadura.
Para Martelli, quien ese año tenía nueve años, los recuerdos se asocian a un invierno en un centro de ski en Chillán, cuyos dueños eran sus parientes y donde sus amigos eran los nietos de los propietarios del lugar. Un retrato muy similar al que vive la pequeña protagonista que circula con soltura y libertad por el lado B de un hotel: allí donde hierven ollas, cortan la leña o camina por los pasillos donde pasan los turistas. “Es una colección de recuerdos de infancia. Tiene una cuota de autobiografía. En esos años había un espacio de libertad que hoy los niños no tienen porque nos cuidábamos solos. Ahora no. Lo veo con los hijos de mis amigos. La crianza es muy autoexigente con los hijos. Antes había más niños y teníamos más hermanos. No estabas pegado a una pantalla. Había menos miedo. Quizás el mundo era menos violento. Ahora el miedo es más grande”, señala.
De fina habilidad narrativa, la película cambia cuando uno de los personajes centrales desaparece. Con su búsqueda, el filme muta en un thriller convincente, astuto y que siempre mantiene alerta al espectador. La ambientación del lugar, con la nieve como aspecto central, es un recurso pocas veces visto en el cine chileno y los personajes de distintas nacionalidades -se hablan tres idiomas- logran imprimirle a la cinta un carácter universal. Esa es, por cierto, una de las grandes virtudes de “El Deshielo”. Su temática se puede entender en Tokio, Praga o Guadalajara, pese a detalles que incorporan la chilenidad como una celebración de Fiestas Patrias, un tema de Nicole en su adolescencia o un carabinero que habla con resabios de la época de Pinochet. “En Francia, donde hicimos varios conversatorios, la gente nos decía que no tenían idea que en Sudamérica había nieve. Mostrar un paisaje poco visto en Chile llama la atención. La película tiene ese rótulo más universal. Todos comprendieron que el deshielo es el paso de la infancia a la adolescencia de la protagonista”, asegura.
-¿Qué es lo que buscas mostrar con tus películas?
-Quiero mostrar desde el golpe militar a la vuelta a la democracia porque creo que son tres décadas fundamentales para definir al país que tenemos hoy. No es menor que en esa época se escribe una constitución autoritaria que nos rige hasta ahora; que se implanta un sistema económico neoliberal y que Chile se transforma en un laboratorio para el mundo de una construcción social. Y también hay heridas que todavía son definitorias de nuestra sociedad.
-¿Las personas que tienen 30 años no se imaginan lo que fueron esas décadas?
-Por eso es que en mis películas siempre pienso en los jóvenes, en transmitir la memoria de nuestra historia. En Chile tenemos dificultad en transmitirla, incluso la reciente. No nos damos el tiempo de observar, de mirar esos traumas que seguimos arrastrando, aunque no los queramos ver.
Radicada hace tres años en Berlín, donde vive junto a su pareja, Martelli cuenta que los primeros pasos en el cine se debieron a su madre, quien tenía una cámara de video y siempre estaba grabando y la llevaba al cine. De esos años, recuerda películas como “Adiós a los niños” o “Casablanca”. En la adolescencia, descubrió el cine de autor y comenzó a fijar su atención en películas que no eran de Hollywood. Así, descubrió cines como Espaciocal, Lo Castillo, El Biógrafo y Normandie. “Era muy poca oferta de ese otro cine y me gustaba mucho”, indica. Ese fue el germen de sus ganas de dirigir. Hasta que le llegó una oportunidad que casi desestima: hacer su primer protagónico cuando aún era escolar. Un amigo de su hermana conocía al director de casting de “BHappy” (2003) de Gonzalo Justiniano. “El me mandó al casting porque buscaban alguien con mis características. Fui, hice la prueba, pensé que lo había pésimo. Y me dejaron. Creo que la vida me fue empujando hacia el cine. Cuando quedé, no quería hacer la película. Incluso el director del colegio me dijo que faltaría mucho a clases y que no era posible. Le dije al director de la película que no podía y como habíamos estudiado en el mismo colegio, pudo hacer la movida”.
-Luego hiciste “Machuca” y fue un fenómeno…
-Fue una experiencia maravillosa. Hasta ahora, la gente en la calle me dice Machuca. Me pasa siempre. A la gente la marcó esa película y a mí me cambió la vida. Hizo que me dieran ganas de dirigir. Sentí que la actuación era una práctica y aprender del oficio con el director fue de mucha ayuda.
-Andrés Wood, director de “Machuca”, participa como productor en tus películas…
-Es un gran maestro. Estoy muy agradecida que esté en mis dos películas, que siempre crea en mí.
Después de “Machuca”, Manuela Martelli estudió actuación en Chile e hizo un año de dirección en Estados Unidos. Aunque su carrera está centrada como realizadora, no ha dejado de actuar. En 2025 ganó el premio a la mejor interpretación en el festival de Locarno por su protagónico en el filme croata “Dios no te ayudará”. “La directora me había visto en un corto que hice en 2019 en Italia y escribió ese personaje pensando en mí. Me ofreció ser directora de casting y, cuando le dije que el personaje se parecía mucho a mí, me contó que esperaba que fuera la protagonista. Pero que por pudor no me lo había ofrecido”.
-¿Cómo ves a Chile con la perspectiva que da la distancia?
-Paso la mitad del año en Chile, pero siento que tenemos la sensación que los problemas nos pasan solo a nosotros. Pero hay muchos procesos que son globales. Las extremas derechas, las crisis económicas. Siempre nos golpea lo que pasa en otros lados.
-¿Tienes confianza en el cine chileno?
-Estoy muy esperanzada. Se han abierto espacios. Los triunfos de Sebastián Lelio, Maite Alberdi, la mirada muy particular de Diego Céspedes. Me gusta el cine chileno. Este año hay muy buenas cosas. Dominga Sotomayor con “La Perra”, Alicia Scherson con “La guerra de verano”. Cuentan historias personales, crean mundos propios. Lo que todavía cuesta es mantener una carrera. Puedes financiar una película y cuesta hacer la siguiente. Tienes que buscar fondos, pero debes vivir. Necesitas mantener una familia. Si no hay sustento, debes cambiar de giro.
-Todo es muy precario aún…
Hay grandes avances en los 25 años que llevo de cine. La ley de cine es fundamental, un gran paso. El ministerio de cultura, el aumento de fondos. Esta es una industria compuesta por personas que empujan, que desean expresarse, dar más. Hay una búsqueda de tener más voces y relatos novedosos de narrar.
-Los recortes en cultura hacen todo más difícil…
-Cuando comencé se hacían diez películas al año. Hoy son más de 40. Los recortes hacen tambalear lo que hemos construido. Estamos al filo. Si no te ganas un fondo, no puedes avanzar. Esto es un movimiento global de la ultraderecha. No es un fenómeno exclusivo de Chile. Si bien hay deudas con la justicia, los derechos sociales, la igualdad de género, la equidad, hay cosas buenas. El GES que le cambió la vida a mucha gente. Cuando se ponen en riesgo los avances, nos damos cuenta lo importante que son. Estos problemas pasan cuando ponemos de presidente a un ultraderechista. Se ponen en jaque hechos trascendentes como la gratuidad. O el aborto en tres causales.
-¿Qué opinas de la ley “Escucha su corazón” que promovieron los republicanos?
-No tengo palabras para expresar la impotencia que me da que lleguemos a ese nivel de discurso. Lo siento agresivo, me deja sin palabras. No puedo creer que se llegue a esa discusión, me parecía imposible que eso se hablara. Es ridículo.
-Hiciste una película sobre los 70 y otra sobre los 90. Quedan los 80 para cerrar la trilogía de esas tres décadas. ¿Tienes listo lo que quieres hacer?
-Tengo una idea, pero todavía es muy embrionaria. Lo que más deseo es que mis películas y el cine chileno sea una expresión de identidad y pertenencia con este país, que los que nos vean sientan que esto es Chile. Sé que es un trabajo paulatino, pero vamos avanzando. Si la gente supiera que invertir en cine genera que conozcan como somos, que acá hay creatividad y pasión, sería magnífico. Con eso me sentiría realizada.