Primer gabinete de Kast: gobernando con los vecinos
23.01.2026
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23.01.2026
El autor de esta columna analiza las particularidades del gabinete anunciado por José Antonio Kast y los desafíos que enfrentará en sus primeros meses, debido a sus promesas de campaña. Sostiene que «el nuevo gabinete deberá convivir con la idea de un gobierno de emergencia. A esta observación, el brío narrativo se mantendrá vigente en la medida que, durante los primeros 90 días, el gobierno muestre resultados medibles sobre su gestión (…) existe una posibilidad cierta de que el incumplimiento de las expectativas termine por aunar a la izquierda y, en algún grado, a los sectores más radicales de derecha. De esta manera, lo que en un inicio parecían criterios razonables para configurar el gabinete, la implementación del modelo ministerial podría convertirse en la principal debilidad del gobierno. Comenzó la cuenta regresiva».
Créditos imagen de portada: Víctor Huenante / Agencia Uno
Luego de un periodo de incertidumbre y especulaciones, el presidente electo, José Antonio Kast, presentó esta semana a sus ministros que lo acompañarán—al menos durante los primeros meses—en su proclamado gobierno de emergencia. Algunos nombres sorprendieron y otros fueron refrendados en el acto de anuncio. Un diseño de gabinete que llamó la atención debido a la gran cantidad de independientes, la designación de figuras de la ex Nueva Mayoría y, contrario a las advertencias del actual oficialismo, con una importante presencia de mujeres.
La arquitectura ministerial expresa algunas señales que pretendo abordar, en orden a contribuir a la discusión sobre cuáles fueron los criterios que se emplearon para seleccionar los perfiles de los remozados ministros. Ciertamente, como indicó un reconocido columnista, Kast, un vecino despojado de abstracciones e ideas enrevesadas, busca imprimir en su gobierno un sello fiel al conservadurismo sin complejos: la expresión de una derecha pragmática, una idea del ejercicio de la autoridad que, so pena de parecer despiadado, no ceja ante presiones oportunistas ni admite impericias.
La fórmula de los independientes. De un total de 24 ministros , 16 secretarios de Estado no cuentan con militancia política. Un hecho que se explica a partir de la necesidad de cristalizar dos aspectos relacionados a la retórica de la campaña del Republicano en 2025: capacidad de gestión y conocimiento acabado en las áreas desempeñadas. Presumiblemente, ante la ausencia de intermediación partidaria, acompasado de la experiencia y preparación en sus respectivos temas, los independientes facilitarán la toma de decisión y ejecución de las medidas impulsadas por el gobierno. Del mismo modo, en situaciones de crisis que requieran la remoción de un ministro, figuras sin adscripción política permiten que los costos se diluyan. Por lo tanto, la relación con los partidos se mantendría invariable. Aunque el riesgo supone un desequilibrio a la hora de avanzar en la agenda legislativa en el Congreso. Una debilidad que podría ser resuelta con el nombramiento de dos representantes con vasta trayectoria política en Chile Vamos: Claudio Alvarado (UDI) y José García Ruminot (RN), Interior y SEGPRES, respectivamente.
El espíritu conservador. A pesar de la marginación de dirigentes que provienen de la extrema derecha en el gabinete, como los libertarios, el conservadurismo se encarna en dos ministros que reactivan un pasado autoritario de la derecha chilena: Fernando Rabat y Fernando Barros, Justicia y Defensa, correspondientemente. Ambos cuentan con un historial asociado a causas judiciales que enfrentó Augusto Pinochet. La lectura de estos nombramientos se puede interpretar como un gesto hacia los sectores más nostálgicos de lo que fue la derecha conservadora y una manifiesta señal de inclusión al gobierno. De esta manera, Kast pretende congraciarse con un segmento de la población que observa en Kaiser una representación fidedigna de sus posturas. Después de todo, si el nuevo gobierno se distancia en exceso de sus convicciones originales, los libertarios podrían ser una oposición férrea para lo que resta de administración.
Apóstatas al poder. En 2010, Jaime Ravinet, ex militante de la Democracia Cristiana (DC), asumió como Ministro de Defensa en el primer gobierno de Sebastián Piñera. Un acontecimiento que consolidó el mensaje de unidad y compromiso por Chile que pronunció el presidente de la época durante su campaña. Sin embargo, lejos de ser una excepción, hoy se tradujo en una realidad sin escrúpulos. Ximena Rincón (Demócratas) y Jaime Campos (Partido Radical), ex ministros del segundo gobierno de Michelle Bachelet, pasaron a engrosar el listado de nombres al gabinete. La señal es clara: aumentar la base de apoyo y consolidar la legitimidad de su gobierno. En un sistema de partidos cada vez más fragmentado, la receta para converger, al parecer según el futuro mandatario, es incorporar la mayor cantidad de corrientes, partidos y figuras al gobierno. El peligro está en asegurar la estabilidad de la alianza y contener las eventuales fugas que atenten contra el diseño político del Ejecutivo. Una tarea que exige humildad para quienes la integran y destreza de quienes la administran.
Cerrando flancos. Algunas particularidades del evento se significaron a través de un amplio contingente de mujeres en los ministerios, el nombramiento de una autoridad de origen mapuche y la drástica decisión de bajar a un ministro que fue anunciado tempranamente por una empresa minera. En primer lugar, el gabinete se distribuyó en 11 mujeres y 13 hombres. Una cantidad que, a pesar de ser menor que el primer gabinete de Boric, deja con escaso margen a quienes podrían acusar de ausencia de mujeres. A su vez, se suma una ministra con ascendencia mapuche a la cartera de Ciencias. Un nombramiento que interpela directamente al actual oficialismo. Por otro lado, lo que parecía una modesta declaración de buenos deseos por parte de Andes Cooper al sucesor de Aurora Williams en Minería, terminó por sepultar las aspiraciones de Santiago Montt. El presidente electo decidió bajar su designación, nombrando, de manera interina, a Daniel Mas. Una decisión que amagó de inmediato cualquier crítica a su elenco ministerial. Así, la composición del gabinete y las medidas adoptadas por Kast anularon la posibilidad de cuestionar y resistir la propuesta ministerial.
Con todo, dejando de lado las presunciones que recaen sobre los gobiernos de extrema derecha, el nuevo gabinete deberá convivir con la idea de un gobierno de emergencia. A esta observación, el brío narrativo se mantendrá vigente en la medida que, durante los primeros 90 días, el gobierno muestre resultados medibles sobre su gestión. De lo contrario, la apuesta realizada por Kast podría no superar incluso lo que fue la experiencia del primer gabinete del presidente Boric. Por otro lado, la dura derrota que asestó a la futura oposición y los conflictos internos que se han tenido lugar durante las últimas semanas, si bien le concede un periodo de alivio a la nueva administración, existe una posibilidad cierta que el incumplimiento de las expectativas termine por aunar a la izquierda y, en algún grado, a los sectores más radicales de derecha. De esta manera, lo que en un inicio parecían criterios razonables para configurar el gabinete, la implementación del modelo ministerial podría convertirse en la principal debilidad del gobierno. Comenzó la cuenta regresiva.