Los nuevos rostros de la solidaridad: cuando los influencers llegan antes que el Estado
22.01.2026
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22.01.2026
Señor Director:
En medio de los recientes y devastadores incendios que han afectado a las regiones de Ñuble, Bio Bio y la Araucanía, los denominados influencers, que a día de hoy han sido actores sociales capaces de movilizar recursos en cuestión de horas gracias a sus comunidades digitales. Entre ellas, figuras como Naya Fácil, que ha reunido toneladas de agua y de alimentos para donar a las zonas afectadas y al mismo tiempo planteando una crítica muy potente: “No he visto ningún político ni empresario acá”.
Otros influencers como Otakin y Ariel Osses hicieron lo suyo y también brindaron su ayuda, logrando recaudar 10 millones de pesos en solo una tarde. Estos ejemplos demuestran que los influencers no solo entretienen, sino que también son actores sociales que pueden congregar con eficacia. En un contexto de emergencia, esa capacidad de reacción marca la diferencia.
Por supuesto, todo tiene su lado B y hay que decir que este fenómeno no está exento de riesgos:
Falta de regulación: No existe un marco o algo que garantice que realmente los recursos que se aportan a los influencers se utilicen de la manera adecuada. Todo depende de la buena fe del influencer y de la reputación de este.
Personalización del ayuda: la solidaridad acaba centrándose más en la figura individual que en la acción por sí misma o bien en la construcción de un mecanismo sostenible en el tiempo.
La desconfianza hacia las instituciones.
No obstante, surge una interrogante y un fenómeno social llamativo que poco se habla y mas bien se critica sin profundizar. ¿Por qué la gente prefiere donar a un influencer antes que, a una fundación, o al Estado? La respuesta parece más estar en la crisis de confianza institucional: Las fundaciones han sido golpeadas por los casos de corrupción, y los organismos públicos son más percibidos como burocráticos, pocos transparentes, lentos y distantes, incluso se podría decir que las autoridades son indolentes, como cuando el alcalde de la comuna de Penco afirmó en una entrevista que se contactó con un ministro del gobierno el domingo en la mañana y este le respondió “Lo vamos a ver el lunes”. En cambio, el influencer transmite cercanía, muestran en tiempo real, la ayuda generando transparencia y apelando a la emoción de sus seguidores y, por otra parte, el Estado apenas redactando el oficio para la ayuda, mientras la sociedad se reúne por medio de grupo de WhatsApp, la autoridad promete “verlo el día lunes a las 9:00 am”. Dicho lo anterior, ¿La clase política inspira esta misma confianza que así lo hace un influencer?
Mas que en demonizar a los influencers, el desafío debiese ser doble: avanzar en recuperar la confianza en las instituciones públicas, mejorando los mecanismos de transparencia, trazabilidad de los recursos y así al mismo tiempo que el Estado, las autoridades y los políticos aprendan de esa cercanía, rapidez y comunicación directa que hoy están marcando la diferencia en medio de la emergencia.
La solidaridad no puede depender solo de popularidades, debe ser un esfuerzo consolidado, coordinado donde la sociedad civil y de los individuos que puedan trabajar en conjunto y no depender de una transmisión en vivo, de seguidores y de likes. Porque mientras la confianza siga por los suelos las personas seguirán buscando a quienes, desde su smartphone o dispositivo inteligente, se muestran donde las autoridades no pueden o no quieren llegar y, por lo tanto, los influencers continuaran desnudando esa desconfianza social. Si el Estado no puede lograr la misma confianza que un influencer con un smartphone, entonces la catástrofe no está solamente en los incendios y en los bosques, sino que también está en la política.