Casen 2024: cuando la baja de la pobreza no basta
13.01.2026
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13.01.2026
El autor de esta columna pone el foco en el estancamiento e incluso retroceso de los ingresos laborales en los hogares más pobres que reveló la Encuesta de Caracterización Socieconómica Nacional. Dice que “celebrar la baja de la pobreza es legítimo. Pero hacerlo sin atender estas señales de alerta sería un error. La Casen 2024 no solo confirma que Chile ha sido capaz de reducir la pobreza; también nos recuerda que la sostenibilidad de ese logro depende, en última instancia, de la capacidad de ofrecer empleos dignos, estables y con proyección a quienes hoy siguen estando más lejos del desarrollo”.
Créditos imagen de portada: Hans Scott / Agencia Uno
La Encuesta Casen 2024 entrega una buena noticia para el país: la pobreza vuelve a disminuir. Chile retoma así una trayectoria que había sido sostenida durante más de una década y que se vio interrumpida por la pandemia. En apenas 15 años, la tasa de pobreza se ha reducido a un quinto de lo que era en 2009, una evolución que sitúa al país —junto con Uruguay— entre los de menores niveles de pobreza en América Latina.
El dato es relevante y debe ser reconocido, más aún en un contexto de bajo crecimiento económico. La reducción de la pobreza se observa tanto con la metodología antigua como con la nueva, y tanto en la medición por ingresos como en la pobreza multidimensional. Sin embargo, una lectura responsable de la Casen exige ir más allá del titular y observar con atención qué hay detrás de esta mejora.
Uno de los principales focos de preocupación es el estancamiento —e incluso retroceso— de los ingresos laborales de los hogares más pobres. Entre 2017 y 2024, los ingresos del trabajo del primer quintil cayeron cerca de un 60% en términos reales. En los deciles siguientes, las variaciones también son negativas o marginales, mientras que el total país muestra un aumento real. No se trata, por tanto, de una mejora generalizada del mercado laboral, sino de una recuperación profundamente desigual.
Este deterioro se refleja también en la calidad y estabilidad del empleo. Los hogares más pobres mantienen tasas de participación laboral significativamente más bajas que el promedio nacional, con niveles de desocupación que han aumentado de manera preocupante. A ello se suma una mayor presencia de empleo por cuenta propia y una caída en el peso del trabajo asalariado, lo que refuerza la precariedad y la vulnerabilidad frente a shocks económicos.
En este contexto, no resulta sorprendente que la reducción de la pobreza por ingresos se explique en gran medida por el fuerte aumento de los subsidios monetarios. Entre 2017 y 2024, estos se han duplicado en prácticamente todos los deciles y han pasado a representar la principal fuente de ingresos del primer decil. Hoy, cerca del 70% del ingreso total de los hogares más pobres proviene de transferencias del Estado.
La política social focalizada ha sido clave para contener la pobreza, y los datos así lo confirman. Pero esta misma evidencia abre una pregunta inevitable: ¿es sostenible en el tiempo una estrategia que descansa crecientemente en subsidios, sin una recuperación equivalente del empleo y los ingresos laborales? Más aún, ¿qué incentivos —o desincentivos— se están generando en un mercado laboral que ya muestra señales de fragilidad estructural?
Otro elemento que no puede perderse de vista es que, pese a la baja en las tasas, la pobreza sigue afectando a un número significativo de personas y hogares en términos absolutos. La nueva metodología de medición revela que millones de personas continúan enfrentando privaciones relevantes, especialmente en dimensiones asociadas al trabajo, la seguridad social, la vivienda, el acceso a alimentos y las redes de apoyo.
La Casen 2024 también muestra avances en desigualdad, con mejoras en algunos indicadores como el coeficiente de Gini. Sin embargo, estos progresos conviven con brechas persistentes y con un escenario donde la movilidad social sigue estrechamente vinculada a la calidad del empleo y a las oportunidades de participación laboral efectiva.
La principal lección que deja esta encuesta es clara: la política social del futuro debe seguir siendo focalizada, pero necesita reequilibrar su centro de gravedad. La reducción de la pobreza no puede descansar indefinidamente en transferencias monetarias. Es indispensable avanzar con decisión en políticas que mejoren la inserción laboral de los primeros deciles, fortalezcan el empleo formal, reduzcan la precariedad y devuelvan al trabajo su rol central como vía de integración social.
Celebrar la baja de la pobreza es legítimo. Pero hacerlo sin atender estas señales de alerta sería un error. La Casen 2024 no solo confirma que Chile ha sido capaz de reducir la pobreza; también nos recuerda que la sostenibilidad de ese logro depende, en última instancia, de la capacidad de ofrecer empleos dignos, estables y con proyección a quienes hoy siguen estando más lejos del desarrollo.