Cuando el trabajo enferma: crónica de un desgaste silencioso
12.01.2026
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12.01.2026
Señor Director:
Durante más de tres décadas trabajé en una reconocida escuela internacional de idiomas. Una institución asociada al conocimiento, la comunicación y el entendimiento cultural. Como muchos trabajadores, creí que la lealtad, la constancia y el compromiso sostenido serían suficientes para construir una relación laboral basada en el respeto.
Con el paso de los años, las exigencias aumentaron. Las cargas laborales se intensificaron, los límites se diluyeron y el estrés dejó de ser circunstancial para transformarse en permanente. Lo que se presentaba como “alto estándar profesional” comenzó a operar como presión continua.
No hubo gritos ni agresiones visibles. El daño fue silencioso: sobrecarga, miedo a fallar, normalización del agotamiento y ausencia de escucha frente a las señales de deterioro.
Finalmente, el cuerpo habló. Fui diagnosticado con fibromialgia, una enfermedad crónica asociada al estrés prolongado y al desgaste emocional. No apareció de forma repentina, sino como resultado de años de tensión acumulada.
Cuando mi salud se deterioró y ya no pude rendir como antes, dejé de ser funcional. Y cuando dejé de ser funcional, fui ignorado. No hubo reconocimiento por décadas de trabajo ni un cierre humano.
Este testimonio no es un caso aislado. Refleja un patrón global donde los trabajadores son valorados mientras producen y descartados cuando enferman.
Hablar de esto no es revancha, es prevención. Ningún trabajo debería costar la salud.