LA NUEVA PRESIDENTA DE LA CORTE SUPREMA HABLA DE VIVANCO, SIMPERTIGUE, ULLOA Y MUÑOZ
Chevesich: “Puedo asegurar que cada denuncia de faltas a la probidad que me llegue, incluso si son anónimas, las voy a llevar al pleno”
09.01.2026
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LA NUEVA PRESIDENTA DE LA CORTE SUPREMA HABLA DE VIVANCO, SIMPERTIGUE, ULLOA Y MUÑOZ
09.01.2026
Sus votos y comentarios sobre los ministros involucrados en el Caso Hermosilla la pusieron en el centro de las disputas internas antes de que llegara a convertirse en la primera mujer que preside la Corte Suprema. Entre algunos miembros de ese tribunal causa incomodidad lo severa que ella puede ser cuando debaten a puertas cerradas sobre corrupción. En esta entrevista dice que el exjuez Antonio Ulloa tenía una “camarilla”, con una suerte de “agencia” de nombramientos judiciales, junto a Luis Hermosilla. También sostiene que Diego Simpertigue debió transparentar su vínculo con los abogados Lagos y Vargas. Y revela que, cuando Ángela Vivanco dio una entrevista sobre los excedentes de las isapres, sostuvo ante sus pares que eso podía constituir prevaricación. Gloria Ana Chevesich cree que los problemas de corrupción están acotados a los cinco ministros destituidos. Pero, asegura que, si le llegan denuncias, aunque sean anónimas, las someterá al pleno para que decida si se abre una investigación.
Créditos imagen de portada: Miguel Candia
Gloria Ana Chevesich llega con dos ideas para enfrentar la grave crisis por los casos de corrupción que afectan al Poder Judicial, el que encabeza desde el martes 6 de enero, día en que asumió como la primera mujer presidenta de la Corte Suprema. Por un lado, quiere implementar que las denuncias anónimas sean investigadas (hasta ahora no era así). Y, por otro, se compromete a que todas las que le lleguen, las llevará al pleno para que ahí se decida si se abre un procedimiento disciplinario.
En 2025, la exministra del Caso MOP-Gate, la jueza que limpió una trenza de corrupción incrustada en ese ministerio durante el gobierno de Ricardo Lagos, empujó todo lo que pudo las investigaciones contra magistrados que aparecían vinculados al Caso Hermosilla. Si algún medio de comunicación revelaba un hecho relacionado con algún ministro o ministra, ella era una de las que pedía que se viera en el pleno para someterlo a análisis.
Lo mismo hizo en 2023, cuando Ángela Vivanco apareció públicamente interpretando el fallo sobre los excedentes de las isapres y acotando que los pagos debían hacerse solo a las personas que demandaron. Chevesich lo encontró inaudito. Ahora desclasifica que, al pleno siguiente tras esa entrevista, llegó con un dossier de artículos y normas que rigen a los jueces y que chocaban con el actuar de la ahora exministra. Dice que, incluso, sostuvo ante sus pares que podía constituir prevaricación.
Nunca se hizo amiga de Vivanco.
– ¿Cómo era su relación con Vivanco?
Era una ministra más, con la cual tenía una relación de colega. Y no más. O sea, nunca fui a su casa, hablaba con ella los típicos asuntos que pasan en el pleno. O sea, más bien, mi relación con ella era en el pleno, porque ella creo que muy pocas veces integró la Cuarta Sala (que Chevesich presidía). Creo que una sola vez.
– ¿No es verdad que no se llevaba bien con ella?
En realidad, no había posibilidad de decir que me llevaba bien con ella o no me llevaba bien con ella.
– Usted fue crítica de la manera en que Vivanco ejerció como vocera de la Corte Suprema. Especialmente cuando ella dio una entrevista interpretando el fallo sobre el cálculo para los excedentes de las Isapres.
Bueno, efectivamente, tan pronto yo tomé conocimiento de esa entrevista, y el presidente, señor [Juan Eduardo] Fuentes, llamó a pleno -un pleno especial-, por supuesto yo ahí dije que eso era muy, pero muy grave: andar anticipando una eventual modificación a un fallo que tenía el carácter ejecutoriado. Dije que, incluso, eso podía constituir una causal de prevaricación. Di a conocer todas las normas legales que están en el Código Orgánico de Tribunales, donde se señala cómo debe actuar un miembro de la judicatura, que no puede andar participando ni invitando a nadie a que venga a formular recursos para modificar un fallo que está ejecutoriado.
– ¿Por qué, a su juicio, podía haber prevaricación en lo planteado por la entonces ministra?
Anticipando opinión, pues. Y después, eventualmente, [Vivanco] iba a entrar a conocer de esa solicitud de aclaración. O sea, ¡ahí qué más claro! Pero, no entró [a votar]. No sé cómo, qué pasó, no entró. Pero, ella tendría que haber entrado, porque era parte de una sentencia que quería ser aclarada.
– Después de esa embestida uno podría presumir que usted y ella no tenían una buena relación.
O sea, yo seguí después exactamente igual. Ignoro qué pensaba ella en su fuero íntimo de mí, pero yo actué como creo que debía actuar.
– ¿Cómo era su relación con Diego Simpertigue?
También, de colegas. Él estuvo en nuestra sala un tiempo, bastante tiempo. Pero siempre tuvo una conducta normal. En mi sala, la Cuarta Sala, yo creo que somos muy amenos, tenemos un buen trato. Nunca tuve una diferencia de opinión (con Simpertigue). Estuve más tiempo con él, tuve más posibilidades de compartir con él.
– ¿Y con el ministro Sergio Muñoz?
Bueno, a él lo conozco muchos, muchos años. Creo que fuimos relatores juntos de la Corte de Santiago. Después no recuerdo si coincidimos también en la Corte Suprema. Siempre tuvimos una muy buena relación.
– ¿Le parece justo que ellos tres estén fuera del Poder Judicial?
Bueno, el exministro Muñoz fue destituido por el Congreso Nacional. Yo no voy a entrar a calificar ni descalificar esa decisión. Fue una atribución propia del Congreso Nacional. Es que yo no voy a entrar a hacer excepciones. O sea, la decisión está tomada en otra sede. Otra fue tomada en esta sede. Yo me hago cargo de la tomada en esta sede.
– Me dice que en su sala hay una relación amena. ¿Es verdad que existe bullying entre los ministros de la Corte Suprema?
Yo no lo he experimentado.
-Pero en el pleno, en esas conversaciones, en los intercambios del debate, se dicen cosas que nunca vamos a conocer porque todo es secreto. ¿Ocurre ahí un clima laboral tenso?
Que ha habido climas laborales tensos al interior del pleno, eso no lo puedo desconocer. Porque se han visto temas muy complejos, que han afectado enormemente a la Corte Suprema. Pero, como cuerpo colegiado que es la Corte Suprema, cada uno tiene sus propias opiniones y convicciones. Puede que en algún momento no coincidamos, pero nada eso te puede llevar a concluir que hay bullying.
– O sea, es respetuoso el trato interno.
Sí, efectivamente. Ha habido algunos excesos, pero bueno, forma parte del debate.

Gloria Ana Chevesich, presidenta de la Corte Suprema (Créditos: Miguel Candia)
Según la RAE, la palabra “camarilla” se define como un “conjunto de personas que influyen subrepticiamente en los asuntos de Estado o en las decisiones de alguna autoridad superior”. Chevesich cree que ese concepto define lo que hacía el destituido juez de la Corte de Apelaciones de Santiago, Antonio Ulloa, junto al entonces principal asesor jurídico del Ministerio del Interior, Luis Hermosilla, cuando se ponían de acuerdo para nombrar a determinadas personas en altos cargos judiciales.
“En mi concepto, la conducta desplegada por un ministro sancionado por la Corte Suprema y destituido por el Senado [Ulloa] daba cuenta de que tenía una especie de agencia de votos o de favores, lo que manifesté efectivamente en el pleno, conducta que considero de la máxima gravedad, porque, inevitablemente, se genera una suerte de camarilla”.
– ¿Teme que existan algo así como “agencias” de nombramientos al interior del Poder Judicial y que se estén pagando comisiones?
No me puedo pronunciar por otras prácticas, por desconocerlas. Y no tengo cómo saber si se están repitiendo en alguna corte o tribunal de instancia. Espero que no. Y creo que la gran mayoría de los funcionarios judiciales son probos, honestos y comprometidos con su función.
– ¿Qué le parece la frase “nadie ha llegado hasta acá por obra y gracia del Espíritu Santo”? Es de la exministra María Teresa Letelier y la dijo en referencia a cómo han llegado a sus puestos los miembros de la Corte Suprema. Lo que quiso decir es que todos han pedido ayuda para nombramientos.
Me pareció y me parece una expresión desafortunada. No me sentí ni me siento interpelada y creo que tampoco varios colegas que estaban presentes. Al respecto, rige una normativa de la Corte Suprema que aborda, en cierto aspecto, aquello a que aludes, conforme a la cual debemos actuar. Y ese tipo de gestiones puede afectar la independencia de los miembros de la judicatura, que es lo que siempre hay que preservar.
– ¿Pero, la idea detrás de la frase? ¿Es realista pensar que la mayoría de las personas que llegan a la máxima magistratura o a las cortes de apelaciones, necesitan ayuda de otros, moverse, llamar a abogados? ¿Es aterrizada la mirada de la ministra Letelier?
A ver, en mi caso concreto no aplica. Yo era funcionaria y llegué a la Corte de Apelaciones de Santiago como relatora porque faltaba un relator y el presidente de la corte, en su momento, dijo: “Bueno, ¿a quién vamos a acudir? A la señora Chevesich, que fue muy buena alumna en su universidad, podría ser”. Bueno, entré a relatar. Después me nombraron interina, suplente y titular. Después faltaba un relator en esta Corte Suprema. Ya llevaba años en la Corte de Apelaciones y el secretario de la Corte Suprema, que era Carlos Meneses, que había sido ministro en la corte de Santiago, dijo: «Conozco a una relatora que puede hacerlo bien«. Y me trajeron. Ahí fui suplente, interina, titular.
– ¿Usted no tuvo que hacer nada para llegar hasta aquí?
Yo llevaba bastante tiempo en esta corte [Suprema] como relatora y se abrió un cargo para ministro en la corte de Santiago. Entonces, me dije: “No, si yo estoy bien acá”. Y un ministro de esta corte me dijo: “Gloria Ana, tienes que postular, porque si no parece como que tú simplemente no quieres seguir adelante en la carrera, no quieres asumir nuevos desafíos, así que tienes que hacerlo”.
– ¿Qué ministro?
Domingo Kokisch… Entonces, me hizo pensar. Se lo planteé en su momento al que era presidente de la Corte y me dijo: “Sí, yo creo que es conveniente que lo haga”. Muy bien, postulé [2013]. Y, precisamente, para no colocar a los 21 ministros en una situación incómoda, porque estaba postulando la relatora del pleno, tomé mis vacaciones. Y estando fuera del país, mi marido me dice: “Te trasladaron”. Y así fue. Postulé para ministra de Corte Suprema. En esa época no estaba esta norma que te prohíbe, que te impide hablar con los ministros. Me presenté con todos los ministros de la corte, les manifesté mi interés en el cargo.
– ¿Una reunión con cada uno?
No es un besamanos. Yo nunca lo he entendido como un besamanos, sino que decirles: “Estoy interesada, creo que tengo las capacidades”. O sea, una conversación.
– ¿No es lo mismo que hacen ministros hoy día, pero vía WhatsApp, en cenas o en encuentros privados?
Es que ahora está prohibido.
– Pero, se prohibió por algo.
Porque, precisamente, la asociación de magistrados no quería que esta práctica siguiera. Y se tomó un acuerdo por el pleno en ese sentido. Pero en esa época, cuando yo estaba postulando para ministra suprema, no existía. Bueno, me pusieron en quina. Y a la semana siguiente me llama la ministra de Justicia y me dice que yo he sido nominada. Y tú sabes todo lo que pasó, que con el caso MOP Gate tenía a muchos senadores que estaban en mi contra y creo que obtuve el piso mínimo para ser ministra suprema. Creo que nadie ha tenido menos votos para ser ministra.
– ¿Tomó contacto con senadores para su nominación?
No, no.
– ¿Ni un mensajero por usted?
Bueno, es que en ese momento ya estaba claro que había la mitad. O sea, la derecha, obviamente, respaldando la propuesta del Presidente de la República [Sebastián Piñera] y la otra mitad, que estaba en contra mía. Bueno, al final creo que gané por uno o dos votos.

Gloria Ana Chevesich, presidenta de la Corte Suprema (Créditos: Miguel Candia)
– Votos clave. Gestionar esos dos o tres votos muchas veces provocan los nombramientos.
Yo no tenía llegada con ningún senador.
– ¿Tampoco alguien que le ayudara a tener llegada?
Que hubo, tiene que haber habido. O sea, me imagino que el Ministerio de Justicia de la época tiene que haber instado para obtener votos y no ser rechazado, me imagino.
– ¿Alguno de sus pares le ha pedido el voto para alguien?
Cuando me han pedido he dicho “esto no corresponde. Yo voy a votar de acuerdo a los antecedentes”. Pero, creo que ya se dieron cuenta de que conmigo no pasaba nada.
– Ante la dividida votación de los supremos que desestimó la remoción del juez Ulloa, quedó instalada la idea de que existen ministros más permisivos respecto de la práctica de pedir votos para cargos y otros más restrictivos.
En cuanto a la remoción de Ulloa, cuando se adoptó esa sentencia, los siete que estábamos por remover dimos nuestros argumentos por los que estimábamos que su conducta no hacía posible que se mantuviera en el Poder Judicial. Los otros siete ministros tenían sus argumentos para decir que la sanción que se le impuso era suficiente para hacerle ver al ministro que su conducta se apartaba de las normas legales, que rigen su actuar constitucional. Y eso hay que respetarlo.
– Que haya comidas, reuniones, WhatsApp o que se manden currículos para nombramientos, para usted no corresponde, ¿no?
Obviamente, ahí está mi postura, que sumó seis votos más.
– ¿La persona que manda su CV para postular a ser supremo o juez de apelaciones, debiera salir del Poder Judicial?
Lo que planteas es hipotético. Si hay una denuncia en torno a una persona que actuó de esa manera, tengo la obligación de llevarla al pleno. Y el pleno decidirá si corresponde abrir o no un cuaderno disciplinario, porque no está dentro mi facultad ni mi atribución. O sea, yo siempre voy a estar de acuerdo, cada vez que haya una denuncia, en que hay que investigar. ¿Y sabes por qué? Porque es la mejor garantía para el investigado, para la persona que están denunciando, porque en una investigación puede ejercer el derecho a la defensa. Va a tener la posibilidad de formular sus descargos, de rendir prueba y puede que todo lo que se dice de él no sea efectivo. Qué mejor que haya una investigación. Esa siempre ha sido mi postura.
– Usted tiene una postura que ha sido percibida como severa o dura frente a estos hechos, al igual que las de Ricardo Blanco y Andrea Muñoz. ¿Su mandato como presidenta tendrá ese rasgo: ser severa con estos casos?
Es que la severidad va a depender de si los hechos denunciados ameritan aquello. Para nosotros, que somos jueces y juezas, tratándose de una investigación disciplinaria, la manera de apreciar la prueba debe ser conforme a las reglas de la sana crítica. No podemos actuar de manera caprichosa o arbitraria. Tenemos que dar las razones de por qué estimamos que un determinado hecho importa una grave infracción de las normas que nos rigen, en este caso el Código Orgánico de Tribunales. Y también que esa persona cometió un acto deleznable, ya sea como autor, cómplice o encubridor. Entonces, no puedo yo anticipar algo, todo va a depender del caso concreto.
– Un caso concreto: el ministro supremo Jean Pierre Matus admitió que él envió un currículo al señor Hermosilla, pero que no le pidió nada. Uno piensa, entonces, ¿para qué se lo envió si no le pide nada? ¿Eso es sancionable?
Eso fue materia de una investigación en la Comisión de Ética y en su momento se tomó una decisión y se llevó al pleno. Y el pleno también decidió qué había que hacer.
– ¿Cuál era su postura?
Todo lo que obraba en la Comisión de Ética es secreto. Lo que yo pensé y lo que yo plasmé en una decisión que adoptó la Comisión de Ética y después en el pleno, yo no te lo puedo revelar ahora, porque, precisamente, la comisión estableció que todas las decisiones que se tomaran sobre la materia no pueden ser publicadas.
– ¿Qué pensó cuando vio publicado en CIPER que la pareja de la ministra Vivanco, Gonzalo Migueles, estaba haciendo un ofrecimiento vía WhatsApp a un aspirante a fiscal nacional, Carlos Palma?
Que había que investigarlo para saber si lo que ahí se decía era efectivo. Y eso fue lo que se hizo. Eso está siendo, además, materia de un proceso penal. Entonces, ahí se tiene que determinar si eso es efectivo o no.
– ¿Y qué pensó cuando también vio en CIPER los mensajes por WhatsApp entre la entonces magistrada Vivanco y el abogado Hermosilla?
Yo creo que lo que a mí me pasó, le pasó a todos los colegas de la Corte Suprema, que inmediatamente ordenamos instruir una investigación, porque en ese momento estábamos todos en la Comisión de Ética, o sea, actuando vía Comisión de Ética, pues se estimó que era de tal gravedad, cuando se puso en conocimiento del tribunal pleno, que se ordenó instruir un cuaderno de remoción.
– ¿Qué espera de sus dos años en la presidencia? ¿Cree que tiene la misión de limpiar la Corte Suprema? Y de ser así, ¿cómo lo hará?
Estimo que hay tres aspectos que abordar: recuperar la confianza pública, la credibilidad ante la sociedad, disponiendo el pleno la instrucción de sumarios disciplinarios para investigar hechos que podrían importar faltas a la probidad y que sean materia de una denuncia, pues todas las que reciba las pondré en su conocimiento [del pleno]; los atrasos en la dictación de sentencias y en las vistas de las causas, en tribunales de instancia y cortes, porque la justicia que no es oportuna, no es justicia; y la ética del cuidado, pues si la función de la institución es administrar justicia, hay que cuidar a quienes lo hacen posible, por lo que estimo que debemos fortalecer el diálogo, la escucha y la colaboración, generando espacios donde todas las voces sean consideradas y, para eso, es menester generar un proyecto, su aprobación en la instancia correspondiente y su implementación.

Gloria Ana Chevesich, presidenta de la Corte Suprema (Créditos: Miguel Candia)
El removido ministro Diego Simpertigue alegó que ignoraba que los abogados Mario Vargas y Eduardo Lagos intervenían en las causas donde, con su voto, ganaron los clientes de ambos (Consorcio Belaz Movitec e Inmobiliaria Fundamenta). En Canal 13 dijo que no pensó que debía inhabilitarse por su cercanía con Lagos y Vargas, porque la inhabilidad, según planteó, no es por la relación con los abogados, sino con las partes. Chevesich se irrita al escuchar esos argumentos y piensa que Simpertigue debió transparentar esos vínculos desde que entró a su cargo de supremo.
La inhabilidad y la implicancia, sostiene la nueva presidenta de la Corte Suprema, deben ser interpretadas de la manera más amplia posible: “En mi concepto, las normas que establecen causales de implicancia y de recusación no deben ser interpretadas de manera restrictiva, sino extensiva”.
– El exministro Simpertigue aprobó el nuevo Código de Ética y la creación del nuevo consejo. En ese código se señala que no es ético reunirse o comunicarse con las partes de un caso en el que un juez debe fallar, como tampoco con sus abogados. A la fecha en que este texto se aprobó, nadie sabía que él había navegado en cruceros dos veces con Lagos y una con Vargas.
Es nuestra obligación declarar las inhabilidades que nos afectan cuando asumimos un cargo de la judicatura, sea de implicancia o de recusación, para que el tribunal, tratándose de la primera, así la declare. O para que, tratándose de la segunda, las partes tengan la información y puedan plantear el respectivo incidente de recusación. En consecuencia, lo que corresponde es hacer una declaración completa y exhaustiva de las inhabilidades que nos afectan. Y quien no la hace, incumple una obligación legal.
– Lo descrito en la pregunta anterior es un ejemplo de que, si nadie denuncia, si el ministro o ministra no quiere transparentar, o si la prensa no detecta a un juez con algún tipo de relaciones como estas, nunca sabremos sobre estos vínculos. ¿Qué medidas impulsará usted para que ahora los ministros sí respeten las orientaciones éticas que ellos mismos proponen?
Al asumir un cargo de la judicatura juramos o prometemos cumplir la Constitución y las leyes de la República, entre ellas el Código Orgánico de Tribunales, que es nuestra ley orgánica constitucional, que regula nuestro quehacer.
– Pero, a la luz de lo que ahora sabemos eso es romántico, ministra, porque claramente no se estaba respetando.
Ya, bueno. Pero, por eso la cuestión es que, precisamente, tienen que estar las denuncias para ponerlas en conocimiento del tribunal respectivo, para que se inicien las investigaciones.
– ¿Qué efecto se espera con el nuevo Código de Ética? Es un texto solo orientador.
El Código de Ética Judicial hay que difundirlo. Se está en eso. Lo que sí te puedo asegurar es que cada denuncia de faltas a la probidad de ministros de esta corte, de ministros de cortes de apelaciones, de jueces de instancia, de funcionarios, que me lleguen a mí, incluso si son anónimas, las voy a llevar al pleno. Y el pleno tendrá que decidir. Eso sí te lo puedo asegurar. Es la mayoría la que va a decidir. Voy a estar atenta para lo que a mí me llegue, llevarlo al pleno.
– Comentó en CNN que había recorrido más de 400 tribunales y asegura que la mayoría de los funcionarios son probos. Algo puede estar fallando ministra, porque a Antonio Ulloa la corte que usted ahora preside le puso un 6,7 en su última calificación.
Es que, para los efectos de que la Corte Suprema pueda tomar conocimiento de que alguien está faltando gravemente a sus deberes y obligaciones, es menester que exista una denuncia que ponga en movimiento todo el aparato, ya sea de las cortes de apelaciones o de la Corte Suprema, para investigar aquellos hechos. No hay otra manera. Incluso más: es menester que, según el reglamento que nos rige, para los efectos de poder investigar infracciones de orden disciplinario, se tiene que hacer una denuncia no anónima.

Gloria Ana Chevesich, presidenta de la Corte Suprema (Créditos: Miguel Candia)
– ¿Hay temor a denunciar o una sensación de que si alguien denuncia puede quedar fuera del Poder Judicial?
Esa sensación no sé de dónde la has sacado. Porque las denuncias que se han presentado se han investigado y se han tomado decisiones. Y eso da cuenta, precisamente, de que aquí, esta Corte Suprema tomó decisiones respecto de aquellos ministros que estaban involucrados en actos que implicaba faltar gravemente a la probidad, tratándose el caso de la de la exministra Vivanco. Respecto del exministro Simpertigue, tan pronto se tomó conocimiento de una denuncia, de hechos dados a conocer por los medios de comunicación social (lea ese reportaje), inmediatamente se inició el sumario administrativo dándole orden de investigar al fiscal judicial. Tratándose del ministro Ulloa, bueno, obviamente eso estaba dentro del funcionamiento de las competencias de la Corte de Apelaciones de Santiago, que tomó sus medidas y fueron revisadas por la Corte Suprema.
– Todo esto pasó gracias a que se incautó el teléfono de uno de los abogados más influyente o mejor conectado con jueces, notarios, fiscales. ¿Cree que se necesita hacer ajustes para erradicar esas prácticas?
Tal vez habría que avanzar en estudiar la posibilidad de que se reciban denuncias anónimas. Pero eso tendríamos que conversarlo en el tribunal pleno, porque yo no puedo simplemente decir “aquí se van a recibir las denuncias anónimas”. Soy partidaria de que eso debería pasar. Pero, lo voy a plantear en el pleno y que el pleno, bueno, lo analice, lo estudie y lo determine. En todo caso, quiero hacer presente que la Corporación Administrativa del Poder Judicial tiene un canal de denuncias para los efectos de velar por la correcta implementación y aplicación de la Ley de Compras Públicas. Y ahí se permiten no solo denuncias debidamente identificado el denunciante, sino también con reserva protegida.
– Cuando fue elegida presidenta de la Corte Suprema, usted dijo que los jueces deben actuar con transparencia, pleno respeto a las normas legales que regulan su actuar, teniendo “una vida pública y privada que dé cuenta de que acatan los principios éticos que los rigen”. ¿Va a normar la vida privada de los jueces?
La mujer del César no solo debe serlo, sino que parecerlo. No se puede privar que un ministro, una ministra, un juez, o quien sea miembro de la judicatura, tenga relaciones de amistad con un abogado. Eso es imposible. Pero si esa relación es una relación de amistad, tiene que necesariamente manifestarla invocando alguna causal de implicancia o recusación. Así, la parte contraria tenga la posibilidad de plantear el incidente de recusación o de implicancia, para que el mismo tribunal del cual forma parte ese ministro, pueda declararlo.
– Pero, se ha interpretado siempre que eso es con las partes en disputa, no con sus abogados.
Bueno, pero para eso está la interpretación que debe hacer cada una de las partes y, además, la doctrina siempre ha dicho que la parte no puede defenderse por sí sola y, consecuencialmente, está también involucrado el abogado. Eso es una interpretación que cada uno debe darle a las normas. Pero, hay que darle una interpretación extensiva, no restrictiva, precisamente para asegurar la imparcialidad y la independencia del llamado a resolver un asunto determinado.
– Pero no siempre lo hacen.
Es que es obligación. O sea, tan pronto tú asumes un tribunal, tienes que decir con quiénes hay vínculo de parentesco o vínculo de pareja, con o sin convivencia, o vínculo de amistad.
– ¿Eso está funcionando, a su criterio?
Está funcionando.
– Esa norma está sujeta a la “estrecha familiaridad”, es decir, aplica cuando el miembro de la judicatura tiene una estrecha familiaridad con alguien. Y eso es subjetivo. En TV el ministro Simpertigue hizo un escalafón de grados de amistad. Le pregunto a usted, ¿qué es una estrecha familiaridad?
Es que yo no puedo decirle. Sobre ese punto, en concreto, no puedo decir. Yo no tengo estrecha familiaridad con ningún abogado, sí con algunos que son compañeros de mi pareja (el ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Carlos Gajardo), respecto a los cuales no voy a entrar jamás a ver una causa. Y se supone que esas personas, amigos de mi pareja, me van a manifestar, eventualmente, que van a entrar en la causa para el efecto de yo inhabilitarme.
Mira, piensa una cosa: cuando yo inicié mi relación de pareja con el ministro Gajardo, había una norma del Código Orgánico de Tribunales que decía que no podían pertenecer a un mismo tribunal, a una misma corte de apelaciones, dos ministros o dos personas ligadas por vínculo de matrimonio. En mi caso, estaba recién iniciando una relación y obviamente no me aplicaba. Sin embargo, mi interpretación fue extensiva: estábamos recién iniciando una relación y se puso en conocimiento de todos los ministros de la Corte Suprema. Y, una vez que estimáramos que la cosa estaba un poco más asentada, simplemente se iba a pedir el traslado de uno de los dos para cumplir con la norma, aun cuando la norma no lo decía. O sea, ahí está claro cómo actúo yo. Y eso, en ese momento, motivó que se dictara una norma que dijera que también esto se aplicaba respecto de aquellas relaciones de pareja con o sin convivencia. En mi caso, hasta ahora es sin convivencia. Yo podría haberlo mantenido oculto, pero me dije: “Yo no estoy dispuesta a pasar por eso”.