¿Por qué debiera importarnos lo que ocurre en Venezuela?
05.01.2026
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05.01.2026
La autora de esta columna sostiene que lo ocurrido en Venezuela es un llamado de alerta para el resto del mundo: «Esto nos importa porque hay venezolanos que sufren y cuyas expectativas y esperanzas son muy difíciles de cumplirse pese a la caída de Maduro. Nos interesa porque un mundo en que los poderosos imponen su voluntad a los más débiles, nos retrotrae a la época de las guerras de conquista y de colonización. Porque hoy es Venezuela y mañana podrá ser otro. Porque el equilibrio del poder y la disuasión funcionan con tomadores de decisión racionales y, por lo observado, poco es el criterio geopolítico que está funcionando».
Créditos imagen de portada: Hans Scott / Agencia Uno
Millones de venezolanos han sufrido el régimen déspota, criminal y dictatorial de Nicolás Maduro. No sólo los casi 8 millones de expatriados sino también quienes han sido perseguidos, torturados, asesinados, violados y reprimidos en el país por ser disidentes del régimen. Un caso se encuentra abierto en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. Con la justificación de narcoterrorismo y reinstauración de la democracia, el presidente Donald Trump ordenó el ataque y secuestro (captura, le llama EE. UU.), del máximo líder del país caribeño. Se trata de un ataque armado de un Estado en contra de otro. La Carta de la ONU establece la prohibición del uso y amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y obliga a la solución pacífica de controversias. Sólo dos excepciones admite la Carta: la autorización del Consejo de Seguridad y la legítima defensa. Ninguno de los dos supuestos se presenta en este caso por lo que la intervención armada es contraria al Derecho Internacional.
No son pocos los que, sobre todo por redes sociales, dan por muerto el Derecho Internacional o le echan la culpa de la existencia de dictadores o injusticias en el mundo, ignorando todo lo que es regulado por normas internacionales y que nos afectan diariamente en nuestras vidas. La American Society of International Law estudió 100 casos de nuestras rutinas que no serían posibles si no hubiera tratados y acuerdos que los regularan.
Lo clave aquí es entender que el Derecho Internacional es un ordenamiento jurídico que indica cuál debe ser el comportamiento de los sujetos del Derecho Internacional, especialmente los Estados. Son estos, en definitiva, quienes tienen la obligación de cumplirlo. Como pasa con el Derecho de un país, las normas se infringen pero no por eso se discute la validez de ellas. ¿Por qué esta mayor exigencia al Derecho Internacional? El Estado de Naturaleza, en la que reina el más fuerte, ya nos habría llevado a la extinción.
Hace unas semanas el Presidente Trump presentó el corolario a la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) pero agregando que el “pueblo estadounidense – no las naciones extranjeras ni las instituciones globalistas- siempre controlará su propio destino en nuestro hemisferio”. Sumado a lo establecido en la Estrategia de Seguridad Nacional, negro sobre blanco, Trump vino a gritar al mundo que impondría su propia interpretación de interés nacional en América. Lo ocurrido en Venezuela tiene más que ver con esta visión del mundo y la lucha de potencias que con narcotráfico o democratización. Si su preocupación fuera de verdad el narcotráfico, no habría indultado al ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de cárcel por este delito durante su presidencia. Tampoco el argumento del fentanilo es creíble cuando no es Venezuela por donde sale esta droga y, si es por cocaína, Colombia es un mayor productor. Venezuela es el escenario de choque de potencias. Trump no quiere que un país latinoamericano esté influenciado por China, Rusia o Irán, menos aún cuando en él existen grandes reservas petroleras.
Aún quedan más preguntas que respuestas. Los argumentos dados para el ataque y sustraerse de la petición de autorización al Congreso de Estados Unidos (que ni siquiera fue advertido de la acción) o de las normas de Derecho Internacional, caen por el propio peso de las palabras de Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio. Éste, al ser consultado sobre cuándo habría elecciones, respondió que no era una prioridad. Que tenían metas, pero no plazos y que aún era prematuro pensar en ese tema. Trump, por su parte, desechó la alternativa de reconocer como jefe de gobierno a Edmundo González o María Corina Machado, interactuando con la vicepresidenta encargada, Delcy Rodríguez. El Ejército bolivariano reafirmó el poder en manos de Rodríguez quien, según medios extranjeros, habría negociado con Estados Unidos junto con su hermano Jorge en Qatar.
Un ataque solo para atrapar a Maduro y aplicarle la legislación estadounidense por supuestos delitos cometidos en Venezuela viola las normas internacionales por aplicación extraterritorial. ¿Se quedará aquí la acción del gobierno estadounidense? Trump ha dicho que no. Incluso mencionó al mismo tiempo que necesita el territorio de Groenlandia (de soberanía danesa) para bases militares, cual “Lebensraum” (Espacio Vital) que tan funestas consecuencias acarreó a la humanidad.
Esto nos importa porque hay venezolanos que sufren y cuyas expectativas y esperanzas son muy difíciles de cumplirse pese a la caída de Maduro. Nos interesa porque un mundo en que los poderosos imponen su voluntad a los más débiles, nos retrotrae a la época de las guerras de conquista y de colonización. Porque hoy es Venezuela y mañana podrá ser otro. Porque el equilibrio del poder y la disuasión funcionan con tomadores de decisión racionales y, por lo observado, poco es el criterio geopolítico que está funcionando.
Como ha dicho mi apreciado colega, el Dr. Andrés Malamud: “Si Venezuela se estabiliza sin Maduro, será una victoria para Marco Rubio. Si se torna Libia, punto para JD Vance. Lo que están disputando no es la democratización venezolana sino la candidatura presidencial republicana”. Esto, más recursos naturales y disputas geopolíticas, no son buenas noticias para venezolanos ni para el mundo. El nuevo (des) orden se vuelve más turbulento. ¡Qué inicio del 2026! Abrochémonos los cinturones.