¿Cómo hacer más atractiva la carrera docente? La pregunta de siempre desde una mirada OCDE
18.10.2026
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18.10.2026
El autor de esta columna revisa el último informe Education at a Glance de la OCDE, centrado en la escasez de docentes, y advierte que en Chile el problema no se ve en las vacantes sino dentro de las salas de clases. Casi uno de cada cuatro profesores no tiene la calificación completa y casi la mitad de quienes renuncian lleva menos de cinco años en la profesión. Sostiene que el salario no lo explica todo: «Pesa bastante sentirse reconocidos. Sólo el 22% de los docentes de la OCDE cree que su profesión es valorada por la sociedad. En Chile llegamos apenas al 16,7%».
Imagen de portada: Hans Scott / Agencia Uno
Imaginemos a una profesora que con su título recién obtenido llega a su primera escuela. Tiene cursos numerosos, estudiantes con necesidades distintas y una pila de formularios que nadie le ha explicado cómo rellenar. Tres años después, está pensando en dejar la docencia. Entre una cosa y la otra pasaron muchas cosas, y los sistemas educativos suelen enterarse tarde.
La edición 2026 de Education at a Glance, el informe anual de la OCDE sobre educación, dedica su capítulo central a la escasez de docentes. La primera observación sorprende. Casi nunca la escasez aparece como vacantes porque, en todos los países con datos, los cupos sin cubrir son menos de 4%. También se aprecia en que hay más personas enseñando sin cumplir los requisitos de título o certificación (9,1% en promedio).
Otro dolor que se exhibe es que hay más docentes que abandonan antes de consolidar sus carreras. La escasez se esconde en las salas de clases.
Veamos cómo está Chile y nuestros vecinos de la región. Chile es un muy buen ejemplo. El 23% de sus docentes de primaria y secundaria no tiene calificación completa, una de las más altas del informe y subió más de seis puntos desde 2017-2018. Además, el promedio esconde diferencias. El 77% de los estudiantes de primaria va a escuelas públicas donde más del 10% de los docentes está en esa situación. Por ejemplo, en Chañaral la proporción supera a 4 de cada 10 profesores.
También hay un problema de permanencia. De los docentes que renuncian en Chile, el 46% tiene menos de cinco años de experiencia. Buena parte de quienes se van lo hacen al comienzo de sus carreras.
Como suele ocurrir, en el continente se repiten versiones del mismo problema. En Brasil renuncia el 10,3% de los docentes calificados cada año, frente al 6,4% del promedio OCDE; y sólo el 63% de los docentes de secundaria baja tiene contrato permanente (en Costa Rica es de un 56%).
Entre los estudiantes de 15 años, la brecha entre colegios públicos y privados en la proporción que asiste a escuelas donde el ausentismo docente afecta el aprendizaje es de 43 puntos en Chile y supera los 50 en Argentina.
La primera respuesta a la pregunta del inicio suele referirse al salario y el informe no lo descarta. Un docente de secundaria baja obtiene al inicio de su carrera, en promedio, un 61% de lo que ganan otros profesionales con la misma formación. En Chile, los salarios efectivos equivalen entre un 77% y 81% de los salarios de trabajadores con estudios universitarios, mientras que en el promedio OCDE alcanzan entre un 83% y 95%.
Pero el sueldo no lo es todo. En la OCDE, un 68% de los docentes está conforme con sus condiciones sin contar el salario; y cerca del 75% piensa que las ventajas superan las desventajas. Chile muestra algo parecido: el 45,7% está satisfecho con su salario, sobre el promedio OCDE de 39%. Aunque su satisfacción con el trabajo es 21 puntos menor que la de otros profesionales con estudios similares. Si todo se resolviera con dinero esa combinación no se daría.
Pesa bastante sentirse reconocidos. Sólo el 22% de los docentes de la OCDE cree que su profesión es valorada por la sociedad. En Chile llegamos apenas al 16,7%. El informe agrega que los docentes que se sienten valorados tienen más de 10% menos probabilidad de irse en cinco años, restando el efecto del salario, tipo de contrato y satisfacción con las condiciones de trabajo. El reconocimiento influye por sí solo. En Colombia, el 54% de los docentes se siente valorado, lo que muestra que no es una meta imposible para la región.
Reconocer también requiere acompañar. Hoy las salas de clases son mucho más complejas que en el pasado. Entre 2018 y 2024, la proporción de docentes que trabajaba en escuelas con más de 10% de estudiantes con necesidades educativas especiales pasó de 30% a 45%. Los docentes que reportan que deben calmar con frecuencia a estudiantes disruptivos, pasó de 64% a 72%. En Chile es el 91%. Más de la mitad de los docentes acusa exceso de trabajo administrativo.
Frente a toda esta complejidad, el informe sugiere apoyos concretos: especialistas que trabajen junto a los docentes con mentorías para quienes recién parte. También formación en educación inclusiva y bajar la carga de trámites administrativos.
En Chile, falta esa formación. El 62,5% de los docentes dice que quiso participar en una capacitación en el último año y no pudo; frente al 37% de otros profesionales con estudios universitarios. La brecha de más de 25 puntos es una de las mayores en la lista de países con datos. La formación continua no es un extra para quien tiene tiempo; es una vía de apoyo para un docente que busca mantenerse en el aula durante sus primeros años.
El informe no entrega recomendaciones específicas para América Latina, ya que posee datos parciales de la región porque varios países no reportan sobre calificación y vacantes. El reporte ofrece más bien orientaciones que podemos revisar a la luz de lo que se sabe de Chile y el mundo.
Para atraer: se propone abrir caminos de ingreso a profesionales de otros sectores, con formación mientras trabajan y reconocimiento de experiencia previa. En promedio, el 8% de los docentes de secundaria baja llegó por esa vía.
Para retener: apunta a generar contratos estables con inducción y mentoría, que se suele pagar en casi la mitad de los países. En países como Australia, Islandia, Países Bajos y Estados Unidos supera el 16%. Esos docentes tienen más contratos a plazo fijo y sienten menos seguridad, así que un camino de ingreso sin estabilidad puede abrir esa puerta.
Y para reconocer: plantea complementar el salario con autonomía profesional, liderazgo escolar, carrera docente y reconocimiento a nivel público.
Ante todo esto, se plantea una advertencia. El informe no muestra una relación sistemática entre la exigencia de los requisitos para ser docente y cuántos no están realmente calificados. Subir la valla de entrada no resuelve el problema.
Y también, una buena oportunidad. La población de 5 a 14 años caerá cerca de 9% en la OCDE entre 2024 y 2033; 7% en Chile y 28% en Argentina y Costa Rica. Como en la última década muchos países mantuvieron o aumentaron su número de docentes —aunque bajó la matrícula—, la caída abre la opción de redirigir profesores hacia materias, escuelas y territorios donde faltan.
Volvamos a la profesora del inicio. Ninguna medida por sí sola bastaría para que se quede. Quizás se logre con una combinación de colegas que acompañen el primer año, un curso con especialistas, con seguridad laboral y una sociedad que sienta que su trabajo importa y mucho.
¿Cuál de todas esas piezas falta hoy en las escuelas de Chile?