Hilda y Carlos
16.10.2026
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16.10.2026
Señor director:
Hilda y Carlos, dos jóvenes idealistas estudiantes de la Universidad de Concepción, se conocían de niños. Pololeaban bajo el grupo de árboles de buganvilias entre la escuela de Medicina y la Casa del Deporte, lugar que para ellos se transformó en un símbolo. Fue el único amor en sus vidas y se casaron a principios de los años 70. Nació Esteban y la felicidad fue completa.
El 18 de enero de 1975, Carlos Ramón Rioseco Espinoza, de 26años, estudiante de Odontología de la U. de Concepción desapareció para siempre. Fue detenido por la DINA en Viña del Mar. Fue visto por testigos en el Regimiento Maipo y en Villa Grimaldi. En muy mal estado, golpeado y torturado. Luego fue llevado con destino desconocido. Durante más de 50 años Hilda y Esteban lo buscaron: recursos de amparo, querellas, oficios, Corte de Apelaciones, Corte Suprema, Justicia Militar… Todo.
Hay indicios de que fue uno de los detenidos desaparecidos tirados al mar. Todos los años, los 18 de enero, nosotros, sus amigos acompañábamos a Hilda, Esteban y familia a la desembocadura del Biobío a entregar al mar flores de buganvilias. Lo hacían sin odio, como un símbolo de amor, como cuando vamos a colocar flores en las tumbas de nuestros muertos queridos. Nunca quienes los detuvieron han tenido un gesto de humanismo para contarles dónde está Carlos, a pesar de que la DINA lo sabe, porque reconoció en 1977 que ellos lo habían detenido.
Hilda ha muerto ayer. Ha pedido que sus cenizas sean entregadas al mar en el mismo lugar de las buganvilias. Esperemos que puedan encontrarse en las infinitas dimensiones, espacios, misterios y milagros que aún no conocemos y que estén juntos para siempre.