Jibia artesanal: la ventaja competitiva que Chile no puede perder
05.06.2026
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05.06.2026
Señor Director:
Hace 20 años, la jibia era considerada una plaga, hoy es la séptima pesquería más importante del país: en 2025, cerca de 80 empresas, la mayoría pymes exportaron más de 70.000 toneladas procesadas a países como España, Japón y Corea, generando ingresos superiores a los 260 millones de dólares y empleo directo para más de 8.000 pescadores. Sin embargo, una caída internacional en los precios, el alza de los combustibles y los cuellos de botella en las plantas procesadoras están configurando una tormenta perfecta justo cuando el sector más necesitaba estabilidad.
¿Cómo se produjo esa transformación? En 2019, la Ley de la Jibia cambió las reglas del juego al establecer que la captura solo se permitiría con línea de mano y potera, prohibiendo el arrastre. Este método es selectivo y sostenible: la potera captura jibias de mayor tamaño sin dañar la piel, lo que se traduce en calidad superior y mayor valor por tonelada, cumpliendo con los criterios de trazabilidad y responsabilidad ambiental que demandan los mercados más exigentes del mundo.
A seis años de su implementación, este modelo ha consolidado a la jibia chilena como un producto de exportación de alto valor, demostrando que rentabilidad y sostenibilidad no son incompatibles. Es además el tipo de apuesta que organismos internacionales le recomiendan a Chile: el Informe de Competitividad Mundial del IMD World Competitiveness Center plantea que el país debe aumentar el valor agregado de sus exportaciones y diversificar sus mercados de destino. La jibia artesanal encaja perfectamente en esa hoja de ruta.
Sin embargo, hace poco más de un mes se presentó un proyecto de ley que propone reintroducir el arrastre para armadores industriales del Biobío y Ñuble, una medida que llega en un momento crítico. Incorporar un método que produce más volumen de menor calidad no solo profundiza la crisis de precios, también abandona la ventaja competitiva que Chile ha construido con tanto esfuerzo.
La respuesta ante la crisis no está en retroceder a un modelo que ya demostró sus limitaciones, sino en profundizar el que está funcionando. Chile necesita compensar el reciente incremento de los costos de combustible que asfixian a los pescadores artesanales, fortalecer la capacidad de las pymes procesadoras, incentivar el desarrollo de productos con valor agregado y abrir nuevos mercados para un producto que ya tiene todo lo que el mundo exige. La jibia artesanal es una apuesta ganadora, pero este modelo se debe consolidar para que Chile no desperdicie la ventaja competitiva que tanto le ha costado construir.