Funeraria en Bellavista
29.05.2026
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29.05.2026
Señor Director:
Bellavista es un ecosistema urbano complejo donde conviven comercio, equipamientos de distinto tipo, actividad cultural, vida nocturna, visitantes y residentes. Sin embargo, son estos últimos quienes absorben día a día buena parte de las externalidades que genera la alta intensidad de uso del barrio: ruido, basura, congestión, incivilidades, uso indebido del espacio público, estacionamientos irregulares y afectación del descanso.
En ese contexto, la instalación de una funeraria en Avenida Santa María no aparece como un hecho aislado. Lo que preocupa a vecinas y vecinos no es la existencia de una actividad funeraria en sí, sino el modelo de funcionamiento que se busca instalar. La empresa ha promocionado un concepto de «funeraria cinco estrellas» con velorios extendidos, permanencia nocturna, dormitorios privados para familiares y salas para recibir visitas durante horas prolongadas. No se trata del formato tradicional de despedida, sino de una experiencia de permanencia continua que cambia la naturaleza de los impactos sobre el entorno: reuniones prolongadas, circulación nocturna, presión sobre el tránsito y afectación directa al descanso de los residentes.
Esta preocupación no es abstracta. Durante el primer fin de semana de funcionamiento, la municipalidad recibió reclamos por ruidos molestos y vehículos mal estacionados, constató la realización de una actividad no autorizada por el giro actual de la empresa, cursó una infracción y citó a la empresa al Juzgado de Policía Local.
Valoramos que el municipio haya fiscalizado, pero creemos que este problema excede su ámbito y requiere una mirada más amplia del Gobierno central y de los organismos sectoriales. También nos preocupa la normalización de estéticas y dinámicas asociadas a la narcocultura cuando se promueven servicios de alta convocatoria y uso intensivo del espacio público en horarios sensibles. No se trata de criminalizar una actividad ni a quienes despiden a sus seres queridos, sino de advertir que el Estado debe mirar estos fenómenos con responsabilidad, antes de que sus efectos recaigan sobre comunidades que ya viven bajo presión.
Bellavista no necesita seguir acumulando actividades de alto impacto. Necesita recuperar seguridad, tranquilidad y vida residencial sin perder su diversidad ni su vocación cultural. El desarrollo urbano no puede reducirse a permisos y normas mínimas: también debe proteger la convivencia, el descanso y el derecho de las comunidades a vivir en barrios habitables.