Kast y Bachelet: débiles razones para dañar una candidatura fuerte
12.04.2026
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12.04.2026
El autor de esta columna sostiene que en caso de ser electa Michelle Bachelet como secretaria general de la ONU, “se transformaría en uno de los bochornos diplomáticos más significativos en la historia de la política exterior chilena”. Agrega que “habrá que precisar que, de ser el caso, no será Chile en su conjunto el que quedará en ridículo, sino más bien y puramente el gobierno de José Antonio Kast y su actual Cancillería”.
Imagen de portada: prensa José Antonio Kast / Agencia Uno
Cuando la estrategia de saturación informativa desplegada por el gobierno José Antonio Kast parecía imponerse, el nuevo inquilino de La Moneda invitó a su residencia a la ex Presidenta Michelle Bachelet para comunicar una decisión con carácter de impostergable.
En la cita del 20 de marzo, Kast le transmitió a Bachelet su decisión de retirar el apoyo de Chile a su candidatura al cargo de Secretaria General de la Organización de Naciones Unidas, inscrita en la última parte del gobierno de Gabriel Boric con el apoyo de México y Brasil. Ese día la noticia se mantuvo en privado y no hubo declaraciones a la prensa por ninguna de las partes implicadas. Kast había decidido postergar el anuncio de la noticia para la semana entrante, mientras Bachelet comunicaba a su círculo más cercano la decisión adoptada por la Cancillería.
Acorde con el diseño de “inundar la zona” adoptado, el denominado gobierno de emergencia aprovechó el contexto de crisis provocado por el alza histórica en el precio de los combustibles para dar la noticia.
La determinación del ministro de Hacienda Jorge Quiroz de traspasar de manera inmediata el costo del aumento internacional del precio del crudo a los consumidores provocó descontento generalizado en las clases medias y populares, agudos reparos en los partidos oficialistas; especialmente en Chile Vamos, y fuertes críticas por parte de las fuerzas opositoras; desde el Partido de la Gente al Partido Comunista.
La apuesta del gobierno era quitar presión sobre la decisión de Quiroz mediante la instalación de un tema que obligaría a la oposición a dividir sus esfuerzos entre la crítica a Quiroz y la defensa a Bachelet.
En un escueto comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores destacó los argumentos que —de acuerdo a su “convicción”— hacían inviable la candidatura de Bachelet. Primero, “la dispersión de candidaturas de países de América Latina” y, segundo, “las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso”.
Dentro y fuera de Chile, sin embargo, existe amplio consenso en considerar a Bachelet como una de las cartas fuertes dentro de las cinco candidaturas oficialmente registradas, de las cuales 3 son latinoamericanas. La inscripción de Bachelet —apoyada por los “gigantes” de la región, México y Brasil— compite con Rebeca Grynspan (nominada por Puerto Rico), Rafael Grossi (Argentina), además de Virginia Gamba (Maldivas) y Macky Sall (Burundi).
El temor de la Cancillería al número de candidaturas latinoamericanas claramente no considera una variable fundamental para esta elección: la convención no escrita de rotación regional que en esta oportunidad favorece, precisamente, a América Latina y el Caribe. De este grupo, Bachelet es la que tiene una trayectoria diplomática más consistente y acorde con el cargo. Junto a este criterio de elegibilidad rotativa de la candidatura latinoamericana, existe presión hace años en el Consejo de que la próxima Secretaría General de la ONU recaiga, por primera vez, en una mujer.
Consecuentemente, el eventual rechazo de alguno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU a la candidatura de Bachelet es. Implícitamente, la Cancillería alude a la posibilidad de que sea el gobierno de Estados Unidos el que vete a Bachelet producto de las diferencias ideológicas que existirían entre Donald Trump y la expresidenta. Si aquello es correcto, la Cancillería debería explicar por qué estiman que Trump es capaz de entablar una relación directa con la “chavista” Delcy Rodríguez en Venezuela en desmedro de la “derechista” y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, y no podría hacerlo con la “socialista” Bachelet en la ONU.
Ciertamente, la “quitada de piso” del gobierno de Kast daña de manera importante la candidatura de la expresidenta chilena, quien no obstante seguirá siendo competitiva por el respaldo de Brasil y México. Tanto Lula da Silva como Claudia Sheinbaum aceptaron la propuesta diplomática de Bachelet y Boric a sabiendas que el retiro del apoyo por parte de un eventual gobierno de Kast era una posibilidad real. Consecuentemente, ambos mandatarios han ratificado su respaldo tras el anuncio del gobierno chileno.
Más recientemente, ha sido el histórico militante de la UDI, Pablo Longueira, quien ha reconocido que él sí hubiese apoyado la candidatura de Bachelet y que respaldar a la exmandataria era una decisión de país. En paralelo, fue la propia Bachelet quien astutamente recordó en su primera actividad pública tras la declaración de Cancillería, que fue el difunto expresidente Sebastián Piñera quien propuso y apoyó su candidatura a la Secretaría General de la ONU, incluso antes que ella misma lo considerara.
En el mediano plazo, una victoria de Bachelet se transformaría en uno de los bochornos diplomáticos más significativos en la historia de la política exterior chilena. Precisamente, es ese el temor que las polémicas minutas preparadas por la Secretaría de Comunicaciones parecieran revelar. Ficcionando las preguntas de la prensa, la SECOM se pregunta: “¿Qué pasa si Bachelet logra el apoyo de Brasil, México y otros países y gana? ¿Quedará Chile en ridículo?”. Habrá que precisar que, de ser el caso, no será Chile en su conjunto el que quedará en ridículo, sino más bien y puramente el gobierno de José Antonio Kast y su actual Cancillería.
Considerando que nuestras hazañas como nación se nutren de este tipo de posibilidades, una eventual victoria de Bachelet seguramente quedaría inscrita como una hazaña equivalente a la conquista del Nobel de Literatura por parte de Gabriel Mistral, la primera mujer en América Latina en recibir tal distinción en 1945, cuando una devastadora Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin.
De no prosperar la candidatura de Bachelet, este capítulo se cerrará… hasta que la exmandataria eventualmente decida volver a confrontar los dilemas de la arena política nacional, ya sea como candidata presidencial o, al menos, como una protagónica figura opositora al gobierno de Kast.